Inicio

LOS ADULTOS ¿TEMEN A LA FANTASÍA?

Cecilia Taborga

Algunas personas propugnan que los cuentos no proporcionan imágenes â??realesâ? de la vida tal como es y que son perjudiciales.

Pero, no piensan que la â??verdadâ? de la vida de los niños puede ser distinta de la de los adultos.

No son conscientes de que los cuentos no intentan describir el mundo externo y la â??realidadâ?, ni reconocen que ningún niño normal cree que estos relatos describen el mundo de manera realista.


Algunos padres temen â??mentirâ? a sus hijos cuando les relatan los acontecimientos fantásticos que sacan de los cuentos de hadas.

Esta preocupación aumenta cuando el niño pregunta â??¿es verdad?â?.

Muchos cuentos de hadas ofrecen una respuesta incluso antes de que se pueda plantear la cuestión, es decir, al principio de la historia.

Por ejemplo, â??Alí Babá y los cuarenta ladronesâ? empieza: â??Antaño, en otros tiempos y confinesâ?¦â?.

La historia de los Hermanos Grima â??El rey rana, o Enrique el fielâ? comienza con estas palabras: â??En tiempos remotos, cuando bastaba desear una cosa para que se cumplieraâ?¦â?.

Con ello queda claro que las historias suceden a un nivel muy diferente de la â??realidadâ? cotidiana.

Algunos relatos dan comienzo de una manera más realista: â??Erase una vez un hombre y una mujer que durante mucho tiempo habían deseado en vano tener un hijoâ?.

Pero el niño que está familiarizado con los cuentos siempre hace que los tiempos  lejanos signifiquen lo mismo en su mente que â??en el país de la fantasíaâ?¦â?.


La â??verdadâ? de los cuentos de hadas es la verdad de nuestra imaginación, no de la causalidad normal.

Al preguntarse a sí mismo, â??es verdadâ?, Tolkien observa que â??no debe responderse sin reflexionar mucho sobre el particularâ? y añade que para el niño es mucho más importante la pregunta, â??¿era malo? ¿era bueno?.

El niño se preocupa por tener claro cuál es el lado bueno y cuál el lado malo de las cosas.â?


Antes de que el niño pueda llegar a captar la realidad, es necesario que disponga de un marco de referencia para valorarla.

Cuando pregunta si una historia es verdad, quiere saber si esta narración constituye una contribución importante para su comprensión y si tiene algo significativo que decirle con respecto a sus mayores preocupaciones.


Tolkien dice: â??Muy a menudo, lo que los niños quieren decir cuando preguntan: â??¿Es verdad?â? es â??me gusta esto, pero ¿podría suceder lo mismo ahora? ¿Estoy a salvo en mi cama?â? Todo lo que quieren oír es una respuesta como: â??Actualmente, no existen dragones en Inglaterraâ?.

Los cuentos de hadas no se refieren a la posibilidad de que algo ocurra sino al deseo de que así sea.â? Esto es lo que el niño ve con claridad, puesto que para él no hay nada más â??verdaderoâ? que lo que desea.


Para responder a la pregunta de si el cuento de hadas dice la verdad, nuestra respuesta debería dirigirse no a la verdad en términos reales, sino a lo que preocupa al niño en ese momento, tanto si se trata del miedo a ser hechizado como de los sentimientos de rivalidad edípica.

Casi siempre basta la explicación de que estas narraciones no tienen lugar aquí y ahora sino en un país muy lejano del nunca-jamás.


Un progenitor que, desde su propia experiencia infantil, esté convencido del valor de los cuentos de hadas no tendrá dificultad en contestar a las preguntas de su hijo; en cambio, un adulto que piense que estas historias no son más que un montón de mentiras hará mejor en no contarlas, porque no sabrá hacerlo de manera que sirvan de enriquecimiento para la vida del niño.


 


Algunos padres temen que sus hijos sean seducidos por la fantasía de los cuentos de hadas; que acaben por creer en la magia.

Pero todos los niños creen en la magia y sólo dejan de hacerlo cuando crecen (con la excepción de los que han encontrado demasiadas decepciones en la realidad como para confiar en ella).


Otros padres temen que la mente de un niño se vea desbordada hasta tal punto por la fantasía de los cuentos de hadas que luego se niegue a enfrentarse a la realidad.

Sin embargo, lo que ocurre es lo contrario.

A pesar de toda nuestra complejidad â??somos conflictivos, ambivalentes y estamos llenos de contradicciones-, la personalidad humana es indivisible.

Una experiencia, sea del tipo que sea, afecta siempre a todos los aspectos de la personalidad al mismo tiempo.

La personalidad total necesita el apoyo de una fantasía rica, combinada con una conciencia sólida y una comprensión clara de la realidad, para ser capaz de llevar a cabo las tareas que le exige la vida cotidiana.


 


El desarrollo de la personalidad tomará un camino equivocado siempre que uno de sus componentes â??ello, yo o super-yo; consciente o inconsciente- domine a cualquiera de las demás y despoje a la personalidad total de sus propios recursos.  El hecho de que algunas personas se alejen del mundo y pasen la mayor parte de su tiempo absortas en sus imaginaciones ha dado origen a la idea errónea de que una fantasía desbordante interfiere en nuestras relaciones satisfactorias con la realidad.

Se puede afirmar que sucede todo lo contrario: los que viven totalmente inmersos en las fantasías se ven acosados por preocupaciones que pululan eternamente alrededor de algunos tópicos limitados y estereotipados.

Estas personas están prisioneras, no pueden escapar a sus ensoñaciones angustiosas que intentan satisfacer sus deseos.


Por el contrario, una fantasía que pueda flotar libremente, que contenga mil formas imaginarias que también se encuentren en la realidad, será una inagotable fuente de material de trabajo para el yo.

El niño tiene a su disposición esta vida rica en fantasía gracias a los cuentos de hadas que le ayudan a evitar que su imaginación se quede fijada dentro de los limites estrechos de unas ensoñaciones angustiosas que intentan satisfacer deseos y que pululan alrededor de las preocupaciones de siempre.


Freud afirmó que el pensamiento es una exploración de posibilidades que evita todos los peligros inherentes a la experimentación real.

El pensamiento requiere un derroche mínimo de energía, de manera que todavía nos queda una cantidad suficiente para actuar después de tomar una decisión y de especular sobre las posibilidades de éxito y la mejor manera de conseguirlo.

Esto es lo que hacemos los adultos; por ejemplo, el científico â??juega con ideasâ? antes de empezar a explorarlas de manera más sistemáticas.

Pero los pensamientos del niño no funcionan de un modo tan ordenado como los del adulto, ya que sus fantasías son, al mismo tiempo, sus pensamientos.

Cuando intenta comprenderse a sí mismo y a los demás o expresar cuáles pueden ser las consecuencias específicas de una acción determinada, el niño lo adorna todo con sus fantasías.

Es su forma de â??jugar con ideasâ?.

El hecho de ofrecer un pensamiento racional a un niño, para que se convierta en el instrumento principal para expresar sus sentimientos y comprender el mundo, sólo conseguiría confundirlo y coartarlo.


Esto es válido aun en el caso de que los niños pidan información real sobre hechos concretos.


 


Si el adulto insiste en que su manera de ver las cosas es correcta â??y lo es según sus conocimientos-, el niño experimenta una sensación desesperada de que es absurdo intentar llegar a una comprensión mutua.

Como sabe quién tiene el poder en sus manos, el niño, para evitar problemas, acaba por decir que está de acuerdo con el adulto y se ve obligado a continuar por sí solo.


El inconsciente es la fuente de materias primas y la base sobre la que el yo construye el edificio de nuestra personalidad.

Nuestras fantasías son los recursos naturales que proporcionan y dan forma a estas materias primas, haciéndolas útiles para las tareas de construcción que el yo debe llevar a cabo.

Si nos vemos privados de esta fuente natural, nuestra vida se queda a mitad de camino; si no disponemos de fantasías que nos den esperanzas, tampoco tendremos la fuerza necesaria para enfrentarnos a las adversidades.

La infancia es el período de nuestra vida en el que más deben alimentarse estas fantasías.


 


Nosotros damos impulso a las fantasías de nuestros niños, les permitimos que dibujen lo que quieran o que inventen historias.

Pero si carecen de la fantasía heredada, es decir, de los cuentos populares, no podrán por sí solos inventar historias que les ayuden a vencer los problemas que se les presentan.

Todos los relatos que ellos puedan crear serán únicamente expresiones de sus propios deseos y ansiedades.


Si cuenta sólo con sus recursos, un niño no podrá imaginar más que elaboraciones del lugar en que se encuentran realmente, puesto que no sabe hacia dónde necesita ir ni cómo llegar hasta allí.

Esta es una de las principales contribuciones del cuento de hadas: comienza exactamente allí donde el niño se encuentra desde el punto de vista emocional, le muestra el camino a seguir y le indica cómo hacerlo.  Esto se consigue por medio de un material fantástico, que el niño puede imaginar como mejor le parezca, y de una serie de imágenes, con las que el niño puede comprender con facilidad todo lo que necesita.


El niño de escasa fantasía, observada durante el juego, se presentaba más orientado desde el punto de vista motor, mostrando más acción que reflexión en las actividades lúdicas.

Por el contrario, el niño de gran fantasía tenía una estructura muy superior, era más creativo y tendía a una agresividad más de tipo verbal que a una física.


 


Los defectos de los cuentos de hadas modernos ponen en evidencia los elementos que se encuentran siempre en los cuentos de hadas tradicionales.

Tolkien afirma que los aspectos imprescindibles en un cuento de hadas son fantasía, huida y alivio; superación de un profundo desespero, huida de un enorme peligro y, sobre todo, alivio.

Al hablar del final feliz, Tolkien acentúa el hecho de que es algo que debemos encontrar en todos los cuentos de hadas completos.

Es un â??cambioâ? alegre y repentino.

Muchos de los cuentos nuevos tienen desenlaces tristes, que no consiguen proporcionar la huida y el alivio necesarios, después de los hechos temibles que se han producido a lo largo del cuento, para que el niño disponga de la fuerza suficiente al enfrentarse a sus desventuras.

Si carece de estos finales alentadores, el niño, sentirá que no existe esperanza alguna de solucionar sus problemas.


En el cuento de hadas tradicional, el héroe encuentra su recompensa y el personaje malvado el castigo que merece, satisfaciendo la profunda sed de justicia del niño.

Para sentirse aliviado es necesario que se restablezca el orden correcto en el mundo, lo que significa que el personaje cruel debe ser castigado, es decir, que el mal debe ser eliminado del mundo del héroe, y ya nada podrá impedir que éste viva feliz para siempre.


 


Un nuevo elemento que se puede agregar a los cuatro que Tolkien enumera, es la amenaza.

El héroe del cuento acepta la amenaza sin reflexionar, es algo que pasa.  El héroe debe enfrentarse a graves peligros ya desde un principio.

Así es como el niño ve la vida, incluso aunque sus circunstancias actuales sean favorables en lo que se refiere al mundo externo.

El pequeño cree que su vida es una secuencia de períodos placenteros que, de repente, se ven interrumpidos de modo incomprensibles, encontrándose envuelto en un gran peligro.

Se sentía seguro, sin preocupación alguna, pero, en un instante, todo cambia y el mundo acogedor se transforma en una pesadilla, cosa que sucede cuando uno de los padres le exige algo o le amenaza de una manera que él considera completamente irracional.

Un niño está convencido de que no hay nada que justifique este proceder; son cosas que pasan; es el destino inexorable.


 


Nada nos parece más terrible que la posibilidad de ser abandonados, de que nos dejen completamente solos.

El psicoanálisis lo ha denominado â??el temor más importante de toda persona- angustia de separación; y cuanto más pequeños somos, más acuciante es la ansiedad que sentimos al ser abandonados, puesto que el niño puede, incluso, morir si no recibe la protección y los cuidados suficientes.

El alivio más importante que se nos puede proporcionar es que nunca seremos abandonados.


La felicidad, que es el alivio principal que el cuento nos puede proporcionar, tiene sentido a dos niveles.

Por ejemplo, la unión permanente de un príncipe y una princesa simboliza la integración de los aspectos dispares de la personalidad â??psicoanalíticamente hablando, del ello, yo y super-yo- y el logro de una armonía de las tendencias, hasta entonces discordantes, de los principios masculino y femenino.


Desde el punto de vista ético, dicha unión es símbolo, a través del castigo y la eliminación del mal, de una unidad moral en el plano más elevado.

Al mismo tiempo, simboliza que la angustia de separación se supera para siempre cuando se encuentra la pareja ideal, con la que se establece la relación personal más satisfactoria