Bruno Bettelheim (1903-1990) fue uno de los psiquiatras y psicólogos infantiles más influyentes del siglo XX.
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En su libro â??Psicoanálisis de los cuentos de hadasâ? lo que nos enseña es que siempre están vigentes, independiente de la edad de la persona y de la época.
Dice que son â??una fuente inagotable de placer estéticoâ? y que son de gran ayuda en la educación de los niños.
â??Ejercen una función liberadora y formativa para la mentalidad infantil y la dotan de apoyo moral y emocional.
Al identificarse con los mismos personajes de los cuentos, los niños comienzan a experimentar por ellos mismos sentimientos de justicia, fidelidad, amor, valentía, no como lecciones impuestas, sino como un gozoso descubrimientoâ?.
El contar un cuento es establecer un vínculo emocional con el niño que escucha.
Juega un rol muy importante quien cuenta el cuento y cómo lo cuenta.
Es un momento de cercanía emocional, de conocimiento e intercambio de fantasías entre el adulto y el niño, es un momento en que el niño puede sentir al adulto tan niño como lo es él, no tan inalcanzable.
El niño resuelve sus propios conflictos inconscientes al identificarse en la solución que da el protagonista del cuento o los otros personajes a las diferentes dificultades que presenta el relato.
Los problemas tienen solución, hay que buscarla, pensarla, pedir ayuda, etc.
Hoy en día, quizá muchos padres los encuentran pasados de moda, poco realistas y que no ayudan al niño a enfrentar los problemas cotidianos con los que se encuentran.
Esta es la gran diferencia entre ser niño y ser adulto, y es aquí donde los adultos se olvidan de su propia infancia donde no podían aún comprender la realidad, ya que su mente estaba en desarrollo y es necesaria la fantasía en esta etapa como primera instancia donde se resuelven los problemas, donde se arma y estructura el mundo interno, para más adelante sentirse más capaces de enfrentar en el mundo externo la situaciones que se presenten.