Siquiatría infantil:
Si bien estos males mentales surgen en la adolescencia, ya en la niñez es posible aplicar herramientas que determinan el riesgo de padecerlas.
Que los niños peleen, les cueste hacer amigos o sufran pataletas no es raro.
Pero sí lo es cuando éstas se convierten en conductas constantes e intensas, pues pueden evidenciar que algo no anda bien con el niño y que existe un trastorno de la personalidad severo que está latente.
Estos trastornos (como el de personalidad limítrofe o borderline) se originan cuando la identidad no se ha consolidado o integrado.
Lo normal es que a los tres años los niños logren tener una representación de sí mismos y también la capacidad de percibir a los otros con sus propias motivaciones y afectos.
Paulina Kernberg, siquiatra y directora del Programa de Formación de Siquiatría de Niños y adolescentes de la Facultad de Medicina de la Universidad de Cornell, aplica una serie de herramientas para medir la identidad en los niños y así poder determinar el riesgo de padecer de alguna de estas patologías mentales.
La profesional fue invitada por la facultad de Sicología de la Universidad de Los Andes para dictar un seminario sobre el tema.
Conductas preocupantes
Si un pequeño tiene su identidad integrada, siempre equilibrará los aspectos positivos y negativos que posee.
"Un niño puede decir: a lo mejor no soy bueno para las matemáticas, pero soy muy bueno para la música".
Cuando lo anterior falla se produce un desorden mental, la identidad no logra integrarse y comienzan a primar los aspectos negativos de la personalidad.
En este sentido, una conducta que hay que observar con atención es la agresividad.
"Cuando es muy marcada y es premeditada.
Porque hay niños que planean el daño, como un paciente de seis años que ponía ramas secas en la arena para que las niñas se rasguñaran las piernas cuando pasaran", cuenta la doctora Kernberg.
Igual atención hay que poner cuando a los niños es imposible disciplinarlos porque no reaccionan ni a los castigos ni a los premios (riesgo de personalidad antisocial).
También cuando se aburre fácilmente y siente que es tan grandioso que no necesita estudiar ni hacer ningún esfuerzo (rasgo narcisista).
Hay conductas de los adultos que influyen en que los niños puedan llegar a desarrollar este tipo de trastornos mentales severos.
Uno de los más frecuentes, dice la siquiatra, es el uso de los niños como "apéndices" de los padres.
"Un ejemplo de esto es el de aquellas madres que cuando están tristes sienten que sus hijos también deben estarlo, y lo mismo cuando están contentas.
Es decir, no ven a los niños como personas autónomas".
El maltrato físico y el abuso sexual también pueden afectar la consolidación de la identidad de los niños.
"Y ojo con el maltrato verbal, por ejemplo, con aquellos padres que alguna vez les han dicho a sus hijos que no deberían haber nacido.
También con frases descalificatorias o hirientes, aunque éstas se encuentren en un grado intermedio de maltrato".
La doctora Kernberg dice que al analizar a un adulto con trastorno de personalidad se comprueba que en la infancia ya tenía problemas de impulsividad o para regular sus afectos o establecer amistad.
"Si esto se puede reconocer en los niños en sus inicios y guiar a los padres en su tratamiento, es posible modificar, resolver o atenuar el impacto de estas enfermedades mentales más graves".
Para lograr lo anterior la doctora ocupa una serie de herramientas para medir la identidad de los niños y comprobar que se haya consolidado.
Una de éstas es analizar la imagen que ellos tienen de su cuerpo, es decir, si se describen como altos, bajos, gordos, flacos, etc.
"Esto sirve, por ejemplo, para detectar eventuales trastornos alimentarios, como la anorexia, en la que hay una idea distorsionada del cuerpo".
También analiza la separación que el niño hace de sí mismo respecto de sus adultos más cercanos, como la mamá o el papá.
Vale decir, si entiende que él es un ser distinto a los demás.
Y una tercera herramienta es el análisis del uso del lenguaje verbal y narrativo, es decir, las palabras que el menor utiliza y cómo las ocupa.
"Este tipo de mediciones son como los rayos X de la personalidad, que permiten ver la severidad de la patología e indicar los tratamientos adecuados".
Radiografía a la identidad
La siquiatra Paulina Kernberg escribió un libro acerca de los trastornos de personalidad en niños y adolescentes, en el cual postula que ciertas características de niños de 3 a 5 años permiten predecir, aunque no en un 100%, el riesgo de trastorno de personalidad a los 21 años.
Sin embargo, comenta que los avances de la neurobiología pueden darnos una sorpresa en el futuro.
Actualmente es posible ver cómo reacciona el cerebro a diversos estímulos a partir de la observación de imágenes radiológicas.
De esta manera, ha sido posible observar qué partes de este órgano se iluminan cuando la persona está pensando en cosas que le provocan agrado o desagrado, también qué sector reacciona cuando el sujeto habla de sí mismo o cuando está pensando en su cuerpo.
Por eso, la investigadora aventura que quizás, en un futuro no tan lejano, sea posible observar y analizar la identidad de las personas de la misma manera como actualmente se puede observar su corazón .