Diario :La Tercera
Muchas escolares son víctimas de hostigamientos en la calle o por parte de conocidos.
Contar la situación, poner límites al acosador e identificar las situaciones más serias son algunas recomendaciones.
"No supe qué hacer cuando mi profesor de gimnasia, que siempre había sido cariñoso con todas, empezó a tocarme las piernas de una manera que no me gustaba, por debajo de la mesa.
Había más gente y no me atreví a decir nada.
Sólo años después lo conté a mis amigas", recuerda Andrea, que vivió esta experiencia hace cuatro años, cuando estaba en segundo medio en un colegio del sector oriente.
Como ella, muchas adolescentes -a la par con el desarrollo de su cuerpo- comienzan a enfrentar situaciones de hostigamiento, como frases obscenas y miradas lujuriosas en la calle, insinuaciones e, incluso, agarrones que resultan verdaderas agresiones.
Estas actitudes suelen provenir de hombres mayores, los que no siempre son completos desconocidos, sino también personas que ellas ubican, como conocidos o parientes de amigas o personas ligadas al colegio o actividades extraescolares.
Aunque las adolescentes señalan que encontrarse con los llamados "viejos verdes" es común, para muchas el constante hostigamiento provoca sentimientos de angustia, miedo o, en casos extremos, puede gatillar cuadros más complejos, como trastornos alimentarios, conductuales o manías.
Estrategias para prevenir
Fernanda (17 años) cuenta lo desagradable que fue cuando subió a una micro para ir al colegio y un hombre que iba de pie al lado de su asiento no paró de mirar sus pechos, hasta el punto que ella optó por irse de pie.
"El hombre siguió mirándome y, luego, cuando se estaba bajando estiró la mano y me tocó los senos".
Una vivencia más traumática vivió Javiera (18).
"La primera vez que vi un pene fue en la micro, cuando tenía 13 años y un tipo se masturbó atrás mío.
Aunque no me tocó, para mí fue desagradable y repugnante.
Me dio susto que me hiciera daño o me siguiera al bajarme, porque hubiese sido incapaz de defenderme".
Luisa Castaldi, académica del la Escuela de Sicología de la U.
Católica de Valparaíso, explica que hay acoso "cuando una menor es hostigada con miradas, insinuaciones o roces por un adulto, pero sin pasar a situaciones más graves, como abuso sexual o violación".
En estos casos, dice la experta, es importante diferenciar situaciones, ya que cuando ocurren en la calle no hay muchas posibilidades de prevenirlas.
Según agrega Ximena Candia, sicóloga de la Unidad de la Adolescencia del Consultorio Alejandro del Río, "los padres pueden fomentar en su hija su autocuidado y autocontrol enseñándole, por ejemplo, que es más seguro ir adelante de la micro que atrás y que si va a andar sola, es mejor usar los petos apretados o minifaldas otro día".
No obstante, aclara que en este tema hay que tener tacto, ya que "muchos padres hacen sentir culpables a sus hijas de ser acosadas por otros sólo por el hecho de que se pusieron jeans apretados.
El mensaje debe ser que tiene todo el derecho a lucir un bonito cuerpo, que nadie tiene derecho a tocarlo; pero que también es importante que no se exponga".
Exigiendo respeto
Enfrentar el acoso es más complejo cuando éste se da en una situación donde interviene un conocido.
En estos casos, el primer paso es contarle a alguien lo que está pasando (ver recuadro).
Para Castaldi, la forma de actuar es "conversando el tema sin tapujos, por ejemplo, a través de foros en el colegio".
Como una forma de prevención, también se puede poner el tema en la casa, conversando tanto con las hijas como los hijos y enseñándoles a marcar límites.
Ximena Candia agrega que para este entrenamiento los papás son especialmente hábiles.
"Ellos le pueden enseñar a su hija cómo le queda claro al hombre que una mujer no quiere nada con ellos, en términos verbales y no verbales".
Además, especialmente a las hijas más tímidas, hay que entrenarlas en el uso de ciertas frases útiles para decir en circunstancias determinadas: "No voy a aguantar que me mire de esa manera", "me molestan sus piropos, le exijo que no me falte el respeto", etc.
"Lo importante es que ella sienta que puede poner límites y que no se sienta vulnerada por el acosador", concluye la experta.
Cómo identificarlo
Un piropo en la calle no necesariamente es hostigamiento.
Marcar el límite entre una situación y otra depende del impacto que la conducta de un tercero provoque sobre la adolescente.
Para determinar si una situación es acoso, especialistas sugieren evaluar los siguientes elementos:
Sentido común: ¿Se sentiría cualquier persona con sentido común amenazada por esta conducta?
Reiteración: ¿Ha sucedido esta situación más de una vez?
Efecto: ¿Percibe la víctima la situación como un peligro (sin importar cuál sea la intención)?
Evitabilidad: ¿Puede la víctima evitar fácilmente la situación?
Advertencia: ¿Se le ha dicho a la persona que su conducta hace sentir incómoda a la víctima?
A quiénes se puede acudir
La sicóloga infanto-juvenil de la Unidad de Siquiatría Infantil y Maltrato del Servicio Médico Legal, Sandra Molina, sugiere que cuando una menor está siendo acosada por un adulto, en primer lugar busque apoyo en sus redes más cercanas, es decir, sus padres, hermanos mayores o profesores de confianza.
"Esto permite que la adolescente comparta su angustia y se sienta menos vulnerable frente al acosador, percibiendo una mayor protección".
También es importante que la joven refuerce su propio autocuidado, lo que se puede hacer evitando frecuentar los lugares donde esté el acosador y evitar exponerse.
Se recomienda también enfrentar a esta persona sin temor a ser maleducada.
Sin embargo, si la situación de hostigamiento persiste o aumenta, se puede formular realizar una denuncia ante Carabineros.
También se puede solicitar orientación al teléfono del Centro de Medicina Reproductiva del Adolescente (Cemera) de la Universidad de Chile (F: 678-6484) o al FonoInfancia (F: 800 200 818).