A propósito de los últimos acontecimientos, nadie ha podido quedar ajeno a sorprenderse o a tomar partido por las declaraciones de Gema Bueno.
Más allá de los desmentidos y los crímenes de imágenes como han sido llamados por el Senador Novoa, hago la siguiente reflexión.
Se ha contribuido a pensar de que los niños abusados, pueden fantasear.
En general la gente piensa que los niños mienten, no les creen, son tratados como si su opinión no fuera real.
Como psicóloga me preocupa de que este caso que ha sido tan importante para nuestro país el último tiempo, fortalezca la tesis de que a los niños no hay que creerles, y de que predomina su naturaleza manipuladora.
Los niños abusados tienen muchas características, pero lo que me interesa abordar es el tema de cómo los adultos nos tomamos tan poco en serio los conflictos infantiles.
Los minimizamos, pensamos que ellos no se dan cuenta, que viven en su mundo de juegos, etc.
Es común pensar de que los niños mienten y manipulan, los adultos de alguna manera nos diferenciamos de ellos con horror y nos sentimos muy diferentes a lo que ha sido llamado por Freud la naturaleza polimorfa perversa de los niños.
Los adultos también mentimos y manipulamos, y, confundimos la fantasía con la realidad.
Dependiendo del grado en que esto sea, vamos a diagnosticar tipos de personalidades con o sin trastorno, o estructuras de personalidad más graves.
Los niños van construyendo su juicio de realidad y mantienen en la fantasía lo deseado.
Pero también se mezcla la fantasía con la realidad como una manera de poderla hacer asible a su aparato mental.
Esto significa que la mente modifica ciertos hechos de la realidad para poder "sostenerlos". Nunca en la mente de los niños y tampoco de los adultos la realidad coincide con los hechos objetivos.
Los mecanismos de defensa, tienen por misión defender a la mente de aquellos aspectos que le son intolerables, por lo que los modifica.
Todos hacemos esto de manera inconsciente a diario.
Así desde pequeños vamos incorporando nuestras experiencias y vivencias, se manera subjetiva.
Por lo tanto, en el caso del abuso infantil, más allá de necesitar constatar hechos es necesario ponerse alerta frente a cualquier indicio de abuso.
Si es real o fantaseado, o, qué porcentaje es real o fantasía nunca se va a saber.
Lo que los especialistas si sabemos es que si se instaló en la mente del niño como un tema, es porque en general algo pasó en la realidad.
Por eso me parecen peligrosas las consecuencias que esto tenga para la gente común y corriente, en relación al abuso.
Se puede pensar en que alguien manipula, en que alguien puede querer obtener algo a cambio, pero lo que me entristece profundamente es que quede como premisa predominante en la retina de las personas de que no existen víctimas, sino fantasías de personalidades manipuladoras.
Pienso que el peor favor que se le ha hecho a la infancia abusada últimamente es que todos va a recordar que hubo un caso en el que la víctima no fue el denunciante, sino el denunciado.