Estos últimos tiempos hemos estado viviendo distintas situaciones que tienen un denominador común.
Para ello quisiera referirme a distintos temas que traspasan nuestra sociedad.
Frente a la situación de los inculpados la tuición de el caso pedofilia, frente a los implicados en relación al desafuero de la diputada Guzmán, en el caso tuición de sus hijas de una madre lesbiana, en el caso de la discusión del divorcio, me llama la atención que se tiende a ver todo en forma dicotómica.
Presentando una tremenda dificultad a reflexionar.
A veces pienso que la reflexión se confunde con la culpa o el castigo, más que una reflexión que lleve a la formulación de preguntas aparecemos como jueces que intentamos juzgar a alguien, con la consiguiente condena.
De una manera casi arbitraria nos situamos fuera de los problemas adoptando una posición de jueces frente al problema en cuestión.
¿Esto me lleva a pensar cual será la función social del castigo? ,¿Qué se busca y qué se gana con castigar a los otros? Creo que el señalar culpables efectivamente permite que aliviemos y expiemos nuestros propios pecados y/o culpas.
Sin duda hay situaciones que necesitan de un juez para que garantice cierta imparcialidad en el conflicto.
Los casos más graves como los de asesinato o agresiones, queda claro la necesidad de señalar culpables de manera en que haya un castigo público y social al agresor.
¿Pero que pasa en otra esfera, una esfera más personal donde no se logran solucionar los conflictos a través de la reflexión, el respeto y la comunicación?.
Como sociedad creo que a veces estamos en presencia, tal como los niños, de los padres peleadores que no logran resolver sus conflictos de manera madura. Los implicados se acusan mutuamente, se insultan a través de los medios de comunicación, a través de los juzgados, etc.
La política nacional está llena de ejemplos donde las muestras de madurez emocional están ausentes, donde el silencio o la pausa no son parte de las alternativas de respuesta.
En los implicados en los conflictos es posible observar el descontrol de los impulsos, la confusión de los límites, la dificultad para evaluar la realidad en forma racional y realista.
Por el contrario somos espectadores de acusaciones, de paranoias, de interpretaciones de la realidad, de juicios, etc.
Es cierto que a nivel social, los medios de comunicación presionan para dar una opinión, lo que me llama la atención es la imposibilidad de usar el silencio o el pensamiento como una alternativa de respuesta.
Lo que pasa es que creo que es menos comercial...
Las "bombas" noticiosas son peleadas por distintos medios de comunicación oral y escritos, y por lo mismo es posible apreciar la presión que se ejerce sobre las personas implicadas.
Mi cuestionamiento es sobre lo que sucede ya que tendemos a sentirnos impelidos a dar una opinión, un juicio.
El tema es ¿qué pasa con que no podemos controlar los impulsos de manera madura y dejar de actuar en forma reactiva?
La madurez a nivel social no sólo incluye la posibilidad de introducir la reflexión antes de la emisión de juicios, sino que maduramente se espera que como sociedad podamos tolerar la ambivalencia, la ambigüedad, lo diferente integrado a lo conocido, integrando lo que acepto y lo que no acepto de una manera en que sea esto lo que nos permita abstenernos de juicios prematuros y reactivos.
Los juicios prematuros sin lugar a dudas están ligados al descontrol de impulsos, a la visión parcial, a la falta de integración, a la dificultad para tolerar la ambigüedad y la ambivalencia, etc.
Los foros que se escuchen, los programas de difusión pública por cualquier medio de prensa siempre están ligados a concluir y no necesariamente a la reflexión, o más aún, ¿qué es lo que nos pasa como sociedad que nos es difícil echar de menos la reflexión?
Es curioso que la reforma educacional apunte justamente en sus objetivos transversales a la necesidad de que los niños reflexionen y se cuestionen más, que aprendan lo que ya está designado en base a las experiencias personales.
Lo paradojal de todo esto es que el control de los impulsos no es una conducta sujeta al aprendizaje en base a los juicios.
El modelamiento pareciera ser la forma en que como sociedad podemos contribuir a instaurar esta forma menos esteretipada de enfrentar los conflictos.
Pero para ello es necesaria una sociedad más tolerante en los tiempos y tipos de respuesta.