Salud en internet
Quienes navegan tras información sobre síntomas, enfermedades y fármacos, corren el riesgo de caer en una angustia innecesaria.
En la era de la información en línea y de las páginas puntocom, hay quienes ya no consideran necesario comprar un bono consulta para tener un diagnóstico médico.
Para eso les basta un click.
A través de internet, "la gente puede comprender muchas enfermedades o condiciones que no siempre son muy conocidas, en especial cuando se trata de una patología que afecta a un familiar", dice la siquiatra María Alicia Espinoza, de la Clínica Santa María, y miembro de la Sociedad de Psiquiatría y Neurología de la Infancia y la Adolescencia.
Pero se trata de un arma de doble filo.
"En internet, se publica de todo, no hay un filtro; no todo es verídico ni respaldado por investigación científica.
Entonces, esa información resulta errática e induce a errores o miedos innecesarios", advierte la especialista.
Precisamente eso es lo que preocupa a los profesionales de la salud, ya que una falsa idea sobre una enfermedad, un medicamento o un tipo de cirugía crea confusión o desconfianza con respecto a lo que dice el médico que se visita.
"No es raro que la gente consulte buscando intencionadamente un diagnóstico que muchas veces no tiene", advierte la siquiatra.
Y si el médico no le diagnostica lo que espera, el paciente siente desconfianza, agrega.
Como en algunos persiste la idea, comienzan una especie de recorrido turístico, de médico en médico, hasta que alguno le confirme lo que piensa.
El doctor Ricardo Gacitúa, médico internista del Hospital Clínico de la Universidad Católica, cree que los pacientes que llegan a consultar después de haberse informado en internet son aún una minoría, pero eso no le resta preocupación: la gran dificultad está en que el internauta no siempre tiene la capacidad de comprender bien todo.
"Si fuera a hacerle una consulta a un abogado, no se me ocurriría intentar leer un código, aunque esté la información en la red.
No voy a saber interpretarlo.
Lo mismo pasa con quienes buscan información médica: encuentran una serie de datos, pero no los saben aquilatar.
Al final, se llenan más de angustia que de soluciones", opina.
Paja molida
Encontrar testimonios de personas que se reconozcan en este grupo no es fácil.
La doctora Espinoza cuenta que hay pacientes que, tras revisar información en internet, piensan que ellos o un familiar cercano tienen depresión cuando, en realidad, se trata de una pena pasajera, consecuencia de un problema puntual, por ejemplo.
"Hay elementos emocionales que no siempre constituyen enfermedad o requieren tratamiento, sino que son parte de la dinámica de las personas".
La familia de Francisca (22) es fanática del chat y le gusta navegar por la web, pero ninguno se obsesiona con la información médica que allí aparece.
A excepción de su mamá.
"Ella siempre va al doctor, hasta cuando tiene un resfrío pequeño, pero desde que tenemos internet en la casa y aprendió a usarlo, busca información relacionada con lo que le dicen o sobre los remedios que le recetan.
Y de repente como que se le pasa la mano con el cuento de los efectos secundarios, y parte al médico para que le cambie la receta", relata Francisca.
Según los especialistas, hombres y mujeres buscan por igual, y la edad no es una limitante en la medida que los adultos también dominan el mouse.
"Buscar información en internet es válido, y no implica que la persona sea hipocondríaca, siempre que se trate de un sano interés en informarse y complementar lo que ya le dijo el médico", dice el doctor Gacitúa.
Al respecto, aclara que es determinante dónde se busca la información, y distingue tres tipos de portales: aquellos motores de búsqueda (como Google o Yahoo) en donde se pone el nombre de una enfermedad y como resultado aparecen muchos sitios, frente a los cuales "una persona común y corriente no es capaz de distinguir lo que tiene importancia de lo que es paja molida".
Una segunda categoría la constituyen aquellas páginas diseñadas para entregar información a pacientes y que cuentan con el respaldo de una institución médica o una entidad científica.
"Habitualmente dan una visión general sobre una enfermedad, datos útiles sobre posibles efectos secundarios de los medicamentos, etc.
Están dirigidas a enriquecer con información lo que el doctor aconsejó".
El último tipo de portal es el que está dirigido a los médicos, con información muy técnica y científica.
Desafío médico
Para evitar problemas y desconfianzas hacia la información que se maneja, ambos especialistas concuerdan en que es importante fomentar la relación médico-paciente.
"Si la persona no tiene dudas de lo que dice el médico, y éste le responde todas sus inquietudes, no sería necesario buscar datos en la red", dice el doctor Gacitúa.
De todas formas, la doctora Espinoza reconoce que hay un lado positivo.
"Como médicos es un desafío constante; nos obliga a estar siempre capacitados y al día, ya que las personas son más precisas en las preguntas y esperan respuestas completas".
Y, en última instancia, ninguna página web, por adecuada que sea, reemplaza a la consulta médica.
"Lo que uno debe hacer muchas veces es tranquilizar al paciente y aterrizar la información a la realidad de cada uno".
Miedo a enfermar
Sin duda, internet ha hecho que ser hipocondríaco hoy sea más fácil que antes.
Con un par de clicks se accede a cientos de páginas que, a ojos de quien sufre de hipocondriasis, fomentan la certeza de padecer una enfermedad grave.
Esta percepción -es decir, el miedo a enfermar- surge a partir de una interpretación, personal, errónea y exagerada, de los síntomas del propio cuerpo, y que persiste en el tiempo pese a los exámenes y las explicaciones médicas.
Por lo general, el médico suele percibir a un paciente con estas características, ya que los síntomas que dicen tener no son sistematizables o los dolores no corresponden a una raíz nerviosa, por ejemplo.
La siquiatra María Alicia Espinoza precisa que, como se trata de una condición previa y que está ligada a la personalidad, internet puede agravar o fomentar la hiponcondriasis en quien ya la padece, pero no la genera en una persona sana.