Los afectos son una de las funciones más importantes del ser humano y el equilibrio entre éstos y el conocimiento es fundamental en la forma como las personas se relacionarán con los seres más importantes de su vida, sentencia el doctor Otto Kernberg, psiquiatra y director del Instituto de Desórdenes de la Personalidad del Hospital de Nueva York y profesor de Psiquiatría de la Facultad de Medicina de la Universidad de Cornell.
La relevancia que les asigna a estas estructuras psicofisiológicas- porque en ellas intervienen tanto aspectos biológicos como psíquicos- lo tiene muy ocupado actualmente en un estudio con pacientes que sufren trastornos de personalidad severos.
Su objetivo, en términos muy simples, es determinar qué efectos puede tener en el tratamiento de estas personas estimularles zonas cerebrales que intervienen en la parte biológica de la generación de afectos.
Es por eso que eligió este tema (Teoría de los afectos como puente entre cuerpo y mente) para la clase magistral que dictará mañana viernes en la Universidad Andrés Bello, oportunidad en la que será distinguido como Doctor Honoris Causa de ese plantel.
Creación de identidad
- ¿Cómo funciona el aspecto biológico de los afectos?
En la parte biológica los afectos se activan mediante la coordinación de estructuras del sistema nervioso central y ciertos neurotransmisores, como la serotonina.
El hipotálamo envía mensajes a la amigdala, que es la que activa los afectos puros, la que manda información al hipocampo, donde radica la memoria afectiva primaria, que les da un contenido cognitivo a los afectos.
Es decir, indica cuáles son las condiciones externas en que se está produciendo ese afecto y refleja una reacción del organismo ante eso.
- ¿Cuándo se comienza a desarrollar lo sicológico?
Desde que nace, el niño se expresa en situaciones de afectos bajos o intensos.
En los primeros, explora, juega, conoce y aprende cosas.
Los segundos lo motivan hacia la relación con otras personas, como la mamá, tanto en un sentido positivo (amor y alegría) como negativo (rabia y odio).
Entonces, el niño va creando una memoria de estos afectos y de la relación con otros.
- ¿Qué sucede después?
Los afectos se impregnan de representaciones de sí mismo y de las otras personas, es decir, el buen yo relacionado con la buena mamá y el mal yo relacionado con la mala mamá.
Durante los tres primeros años se van integrando estas representaciones buenas y malas de sí mismo y de los demás en una sola.
Eso crea un concepto estable de sí mismo y de las personas más importantes que lo rodean.
Y eso es lo que se llama identidad normal, que es lo más estable que tiene el ser
humano.
El rol materno
- ¿Qué función tiene la mamá en el desarrollo de los afectos del niño?
Sabemos que es muy importante y se manifiesta muy temprano en lo que se llama el apego, que es normal cuando el niño tiene sensación de seguridad y tolera ausencias cortas de ella sin desorganizarse.
En cambio, es anormal cuando el niño no tolera ninguna ausencia.
El apego normal refleja la capacidad del niño de integrar en una sola las experiencias buenas o malas.
Y eso depende de la relación madre-hijo y de la capacidad de ella de proporcionar al niño más experiencias positivas que negativas.
Porque si hay exceso de negativas la integración no se produce, porque está el predominio de lo negativo que destruye lo positivo.
- ¿En qué más aporta la madre?
También debe ayudar al bebé a entender sus propias emociones.
Si la mamá actúa de una forma en que desorganiza el afecto crea un disturbio e incapacidad de integrar.
Rainer Krause (psicoanalista) observó a una mamá que está jabonando al bebé, lo que a él lo tiene muy excitado.
Pero cuando la mamá le jabona los genitales hace una expresión de asco.
Entonces, el niño que estaba sintiendo un placer máximo percibe un mensaje negativo que lo desorganiza y le puede crear una inhibición sexual.
- ¿Hay otras situaciones que afectan el desarrollo de los afectos?
Muchas: traumatismos graves, como enfermedades dolorosas durante el primer año de vida, que producen intensa rabia y tienden a producir un dominio de esta reacción.
También alguna patología en la relación niño-madre, el abuso físico crónico, el abuso sexual, el abandono severo y el caos crónico familiar.