Al estrés en su expresión superlativa se le denomina fundirse. En 1974, el psiquiatra Herbert Freudenberger descubrió con asombro que los voluntarios más comprometidos de su clínica para toxicómanos se volvían progresivamente insensibles y agresivos con los pacientes. Por primera vez, Freudenberger denominó el fenómeno como Burnout - síndrome de estar fundido- , el mismo término que hasta entonces usaba para referirse al consumo y abuso crónico de sustancias tóxicas. Hoy, estar fundido es la denominación técnica del desgaste profesional en su grado superlativo, que ataca a médicos, enfermeras, profesores, asistentes sociales, periodistas, policías y otras personas cuyos trabajos son extremadamente demandantes en términos emocionales. A primera vista, parece contradictorio que en los empleos donde la vocación es una variable clave, se presenten los índices de desgaste profesional más grande. ¿Cómo identificarlo? Si bien el síndrome se manifiesta progresivamente, hay algunos indicios que si se identifican a tiempo permiten asumir la defensiva antes que la vocación se queme. Si usted es un trabajador que entrega 100% o un perfeccionista con expectativas poco realistas, el camino a la quemadura está pavimentado. La segunda fase, corresponde al despertar. Hasta aquí, el proceso es lento y tenue como para preocuparse. En este punto, es válido hacer un alto. Cuando efectivamente se trata del síndrome, rápidamente se pasa a una cuarta etapa, de quemadura completa, en que la desesperación es la característica dominante, con un sentido abrumador de desconfianza en sí mismo. En Japón, el final trágico es conocido como Karhosi y corresponde a la muerte súbita de numerosos ejecutivos de ese país oriental que compartían los mismos síntomas de agotamiento laboral extremo. Pese a los peligros evidentes de este síndrome, en Chile no existen estadísticas ni planes de prevención medianamente de-sarrollados. También para cesantes Contrario a lo que se cree, un profesional que no trabaja también puede quemarse. El proceso es más o menos el mismo: después de la fase de rabia, desilusión y resentimiento que se desata con el despido, el nuevo cesante comienza a buscar un nuevo empleo, con expectativas a veces irreales respecto al mercado y a sus capacidades y habilidades reales. Los trabajadores rellenan innumerables fichas de registro, dejan su currículo en varias empresas y pasan por exhaustivas entrevistas de selección sin obtener resultados (...) Aquí se da la primera etapa, la de agotamiento físico y emocional ocasionada por un esfuerzo voluntario. A partir de este momento, el agotamiento emocional aumenta de tal forma que el trabajador pasa rápidamente a una fase de estancamiento, que precede a una reflexión realista, pero frustrante, sobre su propia capacidad profesional. En este punto, algunos recurren a la búsqueda de recalificación y actualización profesional como intento último de estancar la quemadura. |
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El Síndrome de Burnout
Pablo Obregón Castro. El Mercurio