Inicio

Psicología de la corrupción

Gerardo A. Guerrel C. De la PrensaWeb


Hace un tiempo realizaba un taller con un grupo de niños y les planteaba la siguiente situación: si estaban en la escuela y se encontraban una cartera, ¿qué hacían? Algunos del grupo (la mayoría) dijeron que si se la encontraron era de ellos.

Insistí en preguntar por qué lo creían así, y ellos respondieron que, "si la encontré era porque era para mí, porque me tocaba...".


Era evidente entonces que según el esquema mental de esos niños(as), no había ninguna posibilidad de que considerara entregar la cartera a la maestra para averiguar de quién era.


En definitiva, existen actitudes y conductas que pueden facilitar determinados comportamientos.

Imaginemos a unos de esos niños (as) seguir su crecimiento y desarrollo con ese esquema mental del "juega vivo"; es muy posible que de adultos, pudiesen cometer con facilidad actos ilegales.

Por otro lado, existen muchos adultos que tuvieron una niñez y adolescencia inmersa en criterios de respeto y de valores, pero han caído "seducidos" ante "oportunidades" de obtener beneficios ilícitos.


No pretendo tener la verdad absoluta de las condiciones que favorecen los comportamientos ilícitos, sino solo llamar a la reflexión ciudadana.


Cuántos de nuestros ciudadanos y ciudadanas en todas las esferas -personal, familiar, política, religiosa, cultural, económica y social- que cometen acciones corruptas se justifican alegando quizás cosas como: "todo el mundo lo hace..."; "esta oportunidad me tocó a mí..."; "aquí no me pagan lo suficiente...", etc.


La corrupción es un problema que tiene antecedentes históricos y hasta posturas teóricas que sustentan que es un problema humano que nunca se podrá eliminar.

No soy un experto, pero considero que las sociedades evolucionan positivamente, si contribuimos para que esto se dé.


Hablamos de situaciones tan cotidianas como el caso del transporte o del aseo, que pueden ser mejoradas radicalmente si la población comienza a ser partícipe de las soluciones.


En el caso de la corrupción como problema social, esta sigue operando con libertad porque no tomamos medidas al respecto; porque nuestra indiferencia facilita que este "cáncer" siga arraigándose en las entrañas de nuestra vulnerable sociedad.


No obstante, así como en la salud pública una de las herramientas básicas para enfrentar un problema, o la aparición del mismo, es la prevención temprana, tenemos que enfocar acciones para denunciar la corrupción y que "salgan a la luz" sus acciones y actores, pues "bajo la sombra de la ignorancia trabaja el crimen".


Tenemos que dirigirnos a los grupos vulnerables -niños, niñas y adolescentes- de la sociedad, inmersos en tantas contradicciones que los mismos adultos cometemos.

" si me llaman, diles que no estoy...", le dice el padre al hijo; pero al mismo tiempo, intenta enseñarle que mentir es malo.


Para enfrentar un problema como la corrupción, que con igual frecuencia se da en el sector público como en el privado, hay que entender el problema, conocer los factores que la facilitan e identificar sus manifestaciones ("cultura del juego vivo", "palancas", "padrinos").

Por lo tanto, la sociedad civil (prefiero decir: todos los panameños y panameñas) debe generar posibles alternativas para abordar dicho problema.

Cada ciudadano y ciudadana debe ser consciente de su papel como promotor de cambios porque, ¿hasta cuándo estaremos esperando que "otras personas" resuelvan nuestros problemas?
Diariamente escuchamos a través de los diferentes medios de comunicación situaciones que atentan contra los ciudadanos; muchos criticamos, otros callamos, otros somos indiferentes pero, ¿cuántos hacemos algo al respecto?
Estamos en el momento preciso de hacer algo y cambiar el rumbo de nuestra historia; si no lo hacemos nosotros, ¿quién más lo va a hacer?

Panamá, 20 de noviembre de 2001
El autor es psicólogo social