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Apneas Emocionales

Francisca Bravo Coddou. El Mercurio

Emociones infantiles que dejan sin respiración


 Que el niño llore antes de sufrir una apnea emotiva, sea ésta de tipo cianótica o pálida, es la clave para descartar otras patologías, como una posible epilepsia.


Frente a una frustración o golpe, algunos niños quedan suspendidos en un sollozo, se ponen lacios, morados e incluso pueden tener convulsiones.


María Braga recuerda que cuando su hija tenía tres años, cada vez que pasaba una rabia fuerte lloraba a tal punto, que dejaba de respirar, se ponía morada, e incluso se desvanecía.
Aunque reaccionaba rápidamente y a los pocos minutos jugaba como si nada hubiese pasado, sus padres preocupados no dejaban de preguntarse si estos cuadros eran parte de una pataleta o síntomas de una patología mayor.
Para tranquilidad de quienes tienen niños con un cuadro similar, las denominadas apneas emotivas o espasmos del sollozo - donde el niño se queda en el llanto sin respirar por algunos segundos- son más frecuentes de lo que se cree, y no son una enfermedad.

Entre el 5 y el 10% de los niños de 6 meses a 5 años presenta este tipo de episodios, y cerca del 5% de ese grupo sufre su primera apnea emotiva al mes de vida.
A pesar de que el 90% de los menores con espasmos del sollozo deja de tenerlos a los 5 años, hay algunos casos especiales que continúan con estos episodios hasta los ocho.
Como su nombre lo dice, su principal desencadenante es emocional (frustraciones, angustias o rabias), por lo que se ha tendido a relacionarla con niños que hacen pataletas y que les gusta llamar la atención.
Pero según la neuropediatra de la Clínica Alemana María Eugenia López, esta visión está cambiando.

Existen diferentes estudios que las vinculan a un factor hereditario, ya que se ha comprobado que "un cuarto de los pacientes tiene antecedentes familiares".
Pero eso no es todo.

La falta de fierro en la sangre las haría más frecuentes.

Por eso, al tratar la anemia tenderían a reducirse, pero no a desaparecer.


Cuadro alarmante


María ahora sabe que su hija sufría de una apnea emotiva de tipo "cianótica", en la que los niños se quedan por unos segundos sin respiración, disminuyendo la cantidad de oxígeno en la sangre.

Esto genera un aumento de la presión en el tórax, lo que hace que el corazón bombee menos y se reduzca la irrigación hacia el cerebro.
Dependiendo del tiempo de duración de la apnea, los niños pueden ponerse morados, perder la conciencia, e incluso tener convulsiones.

Por esto, los padres tienden a confundir el cuadro con epilepsia.

Según Eliana Rodillo, neuróloga infantil de la Clínica Las Condes, la clave para descartar ese mal es el llanto inicial del niño.

Además, si al recobrar la conciencia juega o duerme como si nada hubiese pasado, "se puede descartar cualquier patología".
De todas maneras, ambas especialistas recomiendan visitar al médico si el niño sufre apneas precozmente o con frecuencia, para desechar cualquier problema cardíaco o respiratorio.

Pero sobre todo, para tranquilizar a los papás y explicarles que son cuadros benignos que no dejan ninguna secuela física ni cerebral.


Actuar con calma


Aunque en casos muy aislados estos tipos de apnea se pueden tratar con medicamentos, las especialistas concuerdan en que el tratamiento debe centrarse básicamente en los padres.

Ellos deben que tener claro que ante estos episodios, lo mejor es no hacer nada.
Sólo se debe mantener la calma, aconseja la doctora Rodillo, y alejar a los niños de lugares peligrosos donde puedan hacerse daño en caso de perder la conciencia.
A esto, López agrega que se les puede hacer mirar algún juguete, pedirles un abrazo, ponerles algo helado en la cara o salpicarle un poco de agua, "pero nada más allá de eso".
Si existe pérdida de conocimiento, hay que evitar cualquier maniobra de resucitación, porque puede producir vómitos; sólo hay que tenderlos en forma horizontal para mejorar la llegada de sangre al cerebro.
Lo importante es que los padres le bajen el perfil al problema, y sobre todo que el niño no perciba el temor que provoca en ellos el cuadro, porque eso puede aumentar las mañas y convertirlos en pequeños manipuladores.
Por lo mismo, las especialistas son enfáticas en que no hay que darles en el gusto ni relajar la disciplina, porque aunque las apneas sean un acto involuntario, si el niño es mimado, llorará con más frecuencia y aumentará la frecuencia de sus apneas.


Con pérdida de conocimiento


Además de la apnea cianótica está la emotiva "pálida" que, aunque es menos frecuente, es la más impactante.

Esto, porque por unos segundos el niño se pone muy blanco y lacio como si estuviera muerto.
Aunque reaccionan rápidamente cuando un adulto los toma en brazos, es muy común que después de estos cuadros se relajen y se queden dormidos.
Por lo general, este tipo de apnea ocurre en la etapa en la que se comienza a caminar, donde frente a un pequeño golpe o susto, lloran de manera casi imperceptible, bajan su frecuencia cardíaca y pierden el conocimiento.
Esto ocurre por una hiperreactividad del vago, nervio del sistema nervioso autónomo encargado de regular, entre otras cosas, la presión arterial y el ritmo cardíaco.
Este tipo de apnea puede darse en conjunto con la cianótica en un mismo niño.

Además, quienes la han sufrido de pequeños, es frecuente que presenten síncopes o desmayos de adultos.