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La Neuroeconomía, Nuevo Campo de Investigación en E.E.U.U

Virginia Postrel. New York Times







Investigan cómo reacciona el cerebro frente al dinero


En juegos de laboratorio, los científicos buscan descubrir los mecanismos biológicos que llevan a la gente a actuar ante determinado estímulo económico.


He aquí el juego de los economistas: el Jugador 1 tiene 10 dólares y puede ofrecerle la cantidad que quiera al Jugador 2.

El Jugador 2 puede aceptar o rechazar la oferta.

Si el Jugador 2 la acepta, ambos jugadores se quedan con dinero.

Si el Jugador 2 la rechaza, ningún jugador se queda con nada.


¿Qué deben hacer los jugadores? El Jugador 2 debería aceptar cualquier oferta, ya que algo de dinero es mejor que nada.

Mientras tanto, el Jugador 1, por ende, debe ofrecer lo menos posible: 1 dólar.

Esta estrategia es el equilibrio estándar de la teoría del juego.


Sin embargo, las cosas no necesariamente son así cuando gente de carne y hueso juega a este "juego de ultimátum" en un laboratorio con dinero de verdad.

Cuando la oferta es baja, el Jugador 2 suele rechazarla.

Y más de un Jugador 1 hace una oferta generosa, a veces de hasta la mitad de su dinero.


"Aproximadamente la mitad de los sujetos que observamos jugaban tal como dice la teoría del juego que hay que jugar y aproximadamente la mitad, no", dijo el profesor Kevin McCabe, economista y director del Laboratorio de Comportamiento y Neuroeconomía de la George Mason University.


¿Por qué la gente reacciona de manera diferente ante la misma situación? ¿Y por qué tanta gente regala dinero para castigar a amarretes anónimos?


Los economistas experimentales estudiaron estas anomalías y analizaron qué efecto tienen en las interacciones económicas.

Hoy, un nuevo campo, llamado neuroeconomía, utiliza las herramientas de la neurociencia para determinar los mecanismos biológicos subyacentes que llevan a la gente a actuar, o no actuar, según la teoría económica.


En la neuroeconomía, los voluntarios realizan varios ejercicios desarrollados por economistas experimentales que estudian la confianza o el riesgo.

En lugar de observar el comportamiento de los sujetos, los investigadores utilizan tecnologías de imágenes, como la resonancia magnética, para ver qué zonas del cerebro están activas durante el experimento.


Investigadores de la Universidad de Princeton, por ejemplo, concluyeron que recibir ofertas bajas estimula la parte del cerebro asociada con el disgusto.

"Pueden predecir de manera confiable, a partir de mirar el cerebro, qué hará una persona", dijo Colin F.

Camerer, economista del Instituto de Tecnología de California.

"La gente cuyo cerebro manifiesta mucho disgusto rechazará las ofertas".


El profesor Camerer dice que mirar dentro de la "caja negra" del cerebro es como mirar dentro de una compañía.

Tradicionalmente, los economistas trataron a una compañía como una "función de producción" casi automática que convierte mano de obra, capital y recursos en producción.

En las últimas décadas, sin embargo, muchos economistas viraron su atención al estudio de los funcionamientos internos de las compañías.

Por ejemplo, cómo organizar a las compañías de manera de alentar a los empleados a que sigan los objetivos de los dueños, en lugar de sus intereses personales.


Esta investigación no reemplazó el enfoque producción-función, pero ayudó a los economistas a entender mejor como funciona una compañía.

Los neuroeconomistas quieren hacer algo similar para determinar cómo los individuos toman decisiones económicas.


Si bien muchos economistas siguen manifestándose escépticos, los neurocientíficos recibieron con entusiasmo el interés.


Los neuroeconomistas no le piden a la gente que apele a su imaginación: la hacen jugar juegos de laboratorio para determinar qué pasa en interacciones de verdad.


El profesor Paul Zak, economista y director del Centro de Estudios Neuroeconómicos de la Claremont Graduate University, y sus colegas estudian la confianza con una variante del juego del ultimátum (utilizado para fijar el precio de un bien).

Cada Jugador recibe 10 dólares.

El Jugador 1 recibe 10 dólares adicionales.

Los Jugadores interactúan de manera anónima en su computadora.

El Jugador 1 puede enviar cualquier cantidad de dólares al Jugador 2.

Lo que envíe, se triplica: 5 dólares se transforman en 15.

Finalmente, el Jugador 2 puede devolver parte del dinero al Jugador 1.


Si el Jugador 1 piensa que el Jugador 2 no le va a devolver nada, el Jugador 1 mantiene la oferta inicial.

Ese es el equilibrio estándar del juego.


En base a estudios animales, los investigadores analizaron la sangre de cada participante en busca de ocho hormonas diferentes, inmediatamente después de que la persona tomara la decisión sobre si enviar dinero o no.

En el caso del Jugador 1, no parecía incidir ninguna hormona.

Pero cuanto más dinero recibía el Jugador 2, mayor su nivel de la hormona oxitocina.

Cuando mayor el nivel de oxitocina, más dinero devolvía el Jugador 2.


"Esto no quiere decir que la gente que devuelve más dinero sea más buena", dijo el profesor Zak.


Los neuroeconomistas advierten que su investigación recién empieza.

Pero eso no reduce su entusiasmo.

"En mi opinión", dijo el profesor Kevin McCabe, de la George Mason University, "es un área extremadamente emocionante en términos de posibilidades.

Todos los días se hacen nuevos descubrimientos".