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El curioso acercamiento chileno a la honestidad

El Mercurio

Valores:


Ésta nos enorgullece al compararnos con otros países, pero ante la picardía criolla, sale perdiendo.

Hoy vivimos una prueba de ello.



Coimas, sobresueldos, documentos financieros por US$ 100 millones robados a la Corfo para favorecer a una empresa en problemas.

Escándalos que han remecido a los chilenos durante los últimos meses, pues han logrado poner en entredicho esa arraigada idea de que vivimos en el país menos corrupto de la región, en el que la honestidad reina con mínimos sobresaltos.


Porque a los chilenos nos es muy querida la imagen de que somos tradicionalmente honestos y que la deshonestidad es la excepción, observa el sociólogo Luis Barros.

Una idea que se funda en un efecto de comparación que hace que nos percibamos como menos deshonestos que algunos países latinoamericanos, complementa Julio Villegas, sicólogo social, director general de investigación científica de la Sociedad Interamericana de Psicología (SIP) y académico de las universidades Andrés Bello y Central.


Pillería cotidiana


Esta percepción, sin embargo, se topa con otra característica de la que también se habla con orgullo: la picardía, viveza o pillería criolla.

Ese rasgo, que es celebrado en muchos chistes, también se expresa en situaciones nada graciosas para quien las sufre.


Como la que relata Lorena Gómez, empleada de Home Depot, de aquellos clientes que llegan a devolver el árbol de Navidad dos días después de esta fiesta o la piscina cuando termina el verano.

O la que cuenta Adelia Jiménez, dueña de un bazar en Santiago Centro, quien muchas veces observa con impotencia cómo su negocio se llena de estudiantes y mientras unos compran y la distraen, otros roban.


Estamos muy dispuestos a ver la deshonestidad en hechos como los US$ 100 millones de Inverlink, pero no la vemos en la pillería cotidiana, dice el sociólogo.


Entender esta contradicción no es difícil.

Julio Villegas explica que la honestidad es un valor terminal, pues quienes la consideran importante aspiran a alcanzarla como una forma o estilo de vida.

Sin embargo, el hecho de que una persona adhiera a este valor, no significa que no vaya a quebrantarlo.


Doble estándar


La sicología social, afirma el especialista, tiene investigaciones que permiten identificar tres factores que explican tal transgresión: Cuando la honestidad compite con otro valor, como ver a un hijo muriéndose de hambre; cuando los valores generan un relativismo generalizado, lo que se grafica en la frase "si todos roban, ¿por qué yo no?"; y cuando las personas que ocupan cargos con riesgo de relativismo generalizado (de alto poder) carecen de principios sólidos.


Esto se une a las dos características que son propias de los valores: la polisemia y el doble estándar.

La primera supone que éstos tienen diversos significados para cada persona.

Por ejemplo: para algunas puede ser no robar, para otras reconocer errores, confesar ambición, etc.

Y la segunda explica por qué los individuos son muy benevolentes con sus propias transgresiones a ese valor, pero muy críticos con las de los demás.


Por la polisemia se entiende que ser pillo o "vivo" no es ser ladrón para todos y por el doble estándar se comprende aquella idea de que "hay que ser tonto para no aprovechar si la están dando", grafica Villegas.


Viveza exacerbada


Luis Barros no cree que los chilenos de ahora sean más o menos honestos que los de antaño.

Pero sí ve que hay dos factores que están exacerbando la pillería criolla entendida como un acto deliberado de engaño o deshonestidad.


El primero es un cambio a nivel cultural.

El economicismo ha prendido muy fuerte en nuestra cultura.

Se ha potenciado el valor de lo económico, haciéndolo casi absoluto.

Entonces, la autoestima, el prestigio social, la forma como los demás te perciben e incluso el respeto a los otros está dado por cuánto tienes.


Esta percepción no favorece la práctica de un valor como la honestidad, que surge exclusivamente en el vínculo con el otro.

Tú no eres honesto a solas, lo eres en relación con otro y lo que él significa para ti es fundamental, pues eso va a inspirar que seas honesto o no.


Luego, dice Barros, si se ve al otro como un instrumento que se puede manipular, la honestidad pierde sentido.

En cambio, si lo veo como un prójimo, como una persona igual a mí, a quien no puedo engañar, este valor sí es posible de practicar.


Un segundo aspecto que observa es el de la concentración del poder.

Yo parto de la base que el poder es bien difícil moralizarlo, porque implica la capacidad que tienen algunos de dominar al otro, de imponerle su voluntad y, por lo mismo, es una fuente de abuso, de utilización.

La única forma de contrarrestar esto, agrega, es con organizaciones comunitarias o de consumidores potentes que fuercen un equilibrio.


El problema es que en Chile no existen estas organizaciones.

Y como esto falla se puede producir un círculo vicioso en el que la persona piensa: "Como abusan de mí y yo no puedo hacer nada, entonces yo voy a engañar al que está más abajo o al que pueda, total, todos lo hacen".


Luis Barros advierte que esta debilidad tiende a hacer a la sociedad aún más vulnerable al engaño y la corrupción.

De ahí la necesidad de revertirla.


Riesgo de corrupción


Los escándalos políticos y económicos de los últimos meses han llevado a la boca y la mente de muchos la palabra corrupción con más frecuencia que antes.

Se trata de un fenómeno inherente a todos los sistemas humanos hasta ahora conocidos.

No puede afirmarse que exista un país absolutamente sin este problema, advierte Julio Villegas, sicólogo social.


Para el especialista, lo que debe preocuparnos es que pudiéramos llegar a ser un país en que la corrupción es una parte reconocida del mismo.


En ese sentido, advierte que existen factores que favorecen este fenómeno.

Cuando hay muchos recursos, bienes y riqueza en un país, aumenta la probabilidad de corrupción, tráfico de influencias, evasión tributaria y otro tipo de desviaciones.


De ahí que quienes tienen cargos de alta responsabilidad política y económica (tanto en el mundo público como privado), deberían tener valores mucho más sólidos.

Quizás de eso depende que la tentación de aprovechar ese puesto se exprese o no.