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Pediatras y psicoanalistas aconsejan que los niños no duerman con sus padres

Valeria Shapira. De la Redacción de LA NACION.AR

En los EE.UU., esa costumbre subió del 5 al 12% en 7 años
A la hora del lobo y los fantasmas, la cama de los padres es el somnífero preferido por los chicos.

Sin embargo, tanto pediatras como psicoanalistas coinciden en que, cuando llega la noche, cada niño debe dormir en el espacio privado e íntimo de su cuna o su cama.


A pesar de ello, la costumbre persiste: dos estudios difundidos hace pocos días por el National Institute of Child Health and Human Development (Nichd), de los Estados Unidos, indican que en ese país la proporción de niños que duermen con sus padres en la misma cama creció del 5,5 % al 12,8% entre 1993 y 2000.

Además, según una encuesta, el 50% de las madres afirmó que sus hijos habían compartido la cama con un pariente cercano por lo menos durante el primer año de vida.


Dice el informe que, desde el punto de vista médico, la costumbre tiene sus riesgos, entre los que se destacan la sofocación y el aplastamiento de los pequeños entre la cama y la pared, o contra el respaldo de la cama.


Además, y a pesar de no ser concluyentes, algunos estudios sobre el síndrome de muerte súbita del lactante "hallaron un incremento del peligro por un mayor contacto con el humo del cigarrillo de las madres fumadoras, o el excesivo abrigo con frazadas pesadas", dos factores que están siendo investigados como posibles desencadenantes del síndrome, cuyo origen aún se desconoce.


Según el informe norteamericano, la costumbre de permitir que los niños duerman en el lecho matrimonial se relaciona con cuestiones culturales, mitos y hasta con factores económicos (falta de camas para todos los integrantes de la familia).


Pero para los especialistas, hasta un modesto colchón -modesto, pero propio- es mejor que compartir el colchón ajeno.


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Un lugar que no se negocia
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Las consecuencias sobre el psiquismo infantil pueden ser marcadas, tanto en el corto como en el largo plazo.

Por eso, según afirma la licenciada Susana Mauer, psicoanalista especialista en niños, "a la hora de dormir, la cama de los padres no debe ser un espacio negociable por ningún motivo.

Con excepción de las dos primeras semanas desde el nacimiento, en las que el bebe suele estar en la misma habitación que sus padres (en el moisés), no existe justificación para que padres e hijos compartan la cama".


Negociar el hecho de dormir en el lecho matrimonial implica que ese sitio ha sido habilitado alguna vez como espacio posible para que los niños duerman.


¿Por qué los chicos lo piden?
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"La puesta en escena que produce el psiquismo infantil durante la noche tiene generalmente un escenario específico: la cama -explica la psicoanalista-.

En nuestra cultura, es el espacio propio que cada miembro de la familia tiene asignado en forma personalizada dentro de la casa.

Otros espacios y mobiliarios son de uso compartido: sillas, platos, inodoro, nada tiene como la cama un único destinatario.

La cama otorga una identidad dentro de la configuración familiar; legitima para cada uno un lugar que le es otorgado y mantenido como propio."
Sin embargo, a la hora de ir a dormir, se pone en juego en el niño el sentimiento de estar excluido de la pareja de sus padres.


"La cuna de los orígenes de la vida extrauterina es en nuestra cultura el llamado moisés.

Aquella cesta con la que el profeta fue dejado en el Nilo es la primera de las variantes y acepciones que a lo largo de la vida tiene la cama -agrega-.

Desde su cuna el niño se ve enfrentado a experiencias de separación que no siempre tolera con complacencia."
Las diferencias entre la cama single y la doble no son menores ni residen sólo en cuestiones de espacio físico.


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Single y doble
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"La cama single, aquella debajo de cuyas sábanas se encubren exploraciones, juegos sexuales infantiles, es un espacio por el que circulan grandes montos de excitación.

La cama doble es la de la sexualidad de los adultos.

Y es esta cama parental la que se convierte en el somnífero más eficaz a la hora del lobo, capaz de ahuyentar fantasmas y de dejarle al niño convivir con la ilusión de que tiene alguna chance, mientras está ahí, de no quedar excluido", explica Mauer.


La variante joven de la cama de una plaza y media "aloja con un margen de ambigüedad acorde las oscilaciones y vaivenes de los adolescentes".


Lo cierto es que, para los niños, "la cama suele ser sede de fantasías persecutorias.

Cada niño hace el de los personajes que protagonizarán sus historias, pero más allá de las singularidades, pensamos que las sospechas de que en la cama pueden esconderse ladrones y violadores la convierten en baluarte de ocultamiento".


Por otra parte, "la horizontalidad como posición fuerza a una entrega.

El niño disminuye sus recursos frente a la angustia, queda más indefenso, desvalido frente a sus impulsos, inerme.

Y en el caso específico de la noche queda solo, queda a oscuras.

Tiene que aceptarse ciego, sordo, mudo, hasta trasponer las fronteras de la noche y despertar".


Si todas estas razones resultan más que suficientes para entender por qué los niños siempre piden dormir con sus papás, los especialistas consideran importante dar una mirada a la otra parte de la historia: lo que quieren y permiten los adultos.


Porque los vence el cansancio de ir y venir de un cuarto a otro tratando de lograr que los pequeños se queden en sus camas, porque consideran el dormir juntos o separados como un hecho menor o por otras cuestiones, lo cierto es que muchas veces son los mayores los que promueven el compartir el lecho.


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Tráfico nocturno
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"El tráfico nocturno es agotador.

Por eso, a veces el dormir junto a sus chicos es un somnífero para los padres, más que para los hijos -dice la licenciada Mauer-.

Por ejemplo, es frecuente que las madres separadas duerman con sus hijos."
Sin embargo, "cualquier alternativa es mejor que el colecho si los chicos se resisten a irse su cama: acompañarlos, darles la mano o la oreja, contarles un cuento..."
En cualquier caso, lo importante es que los padres entiendan la importancia de que cada uno duerma en su lugar.


Identificando el problema, se puede hacer prevención.

En el corto plazo, se evita que la situación y el tironeo se repitan día tras día.

En el largo plazo, aunque en el presente todos se duerman mejor y más rápido, seguramente aparecerán situaciones que dificultarán el despegue de los chicos, y se dejará de lado "el cuidado de la privacidad necesaria para estructurar un psiquismo con relativo orden".


Si bien las historias que se tejen de noche cobijan múltiples dispositivos ligados a la angustia -desamparo, sexualidad, enfermedad y muerte-, el colecho es, según define Mauer con claridad, "eso que siempre les gusta a todos pero que no beneficia a ninguno".


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Reflexiones para adultos desvelados
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Entender el problema
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* Es imprescindible que los padres entiendan que compartir el lecho con los chicos no beneficia ni a los grandes ni a los niños.


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* Resulta fundamental que la cama de los adultos sea un lugar de intimidad.


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* Esto no significa que, a veces, la cama pueda compartirse para ver una película o comer helados.


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* Establecer un horario más o menos fijo en que los niños tienen que irse a la cama puede ayudar, así como acompañarlos o leerles cuentos.


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Efectos negativos
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* Bajo ningún concepto los niños deben dormir con sus padres en la misma cama.


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* Las consecuencias abarcan peligro de aplastamientos y problemas respiratorios que causa el humo del tabaco de los padres fumadores.


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* Entre los factores psicológicos, hay que tener en cuenta que los chicos se excitan sexualmente, y que dormir con sus papás limita la intimidad, el crecimiento y la salud psíquica.