ES POR LA VARIEDAD DE ESTIMULOS QUE HAY EN LA SOCIEDAD
"La letra hoy entra rápido porque entra con el deseo, no con la sangre, como sucedía antes", dice Paula Kremenchutsky, directora del jardín de infantes Los Altos Kids, de Villa del Parque.
De ese modo, Krementchutzky explica la causa de un nuevo fenómeno: muchos chicos de 4 y 5 años aprenden solos a leer y escribir "porque vivimos en una cultura que incentiva la curiosidad y ellos no se quieren perder nada".
Aunque no existen estadísticas, maestros, directores de jardines de infantes y especialistas en educación coinciden en que cada vez son más los pibes que aprenden las primeras nociones de lengua y matemática antes de ingresar en la escuela primaria y sin una enseñanza sistemática.
Lo hacen como si fuera un juego, por placer y para satisfacer distintas necesidades: "¿Mamá, qué dice en esa caja?", pregunta Tomás, de 3 años, y ansioso frente a una góndola del supermercado.
"Si el autito cuesta 30 y le das un billete de 100, ¿cuánto tiene que devolverte?", inquiere en una juguetería Damián, de 5.
Desde los 3 años, los chicos ya pueden reconocer que la escritura cumple la función social de comunicar.
También ayuda a planificar y mantener viva la memoria.
"Ellos ven que la mamá hace la lista de compras, la maestra escribe en el cuaderno de comunicaciones, el papá lee el diario, el hermano mayor se divierte con la computadora y las películas extranjeras están subtituladas", enumera Krementchutzky.
"Y no quieren quedarse afuera".
"Los chicos no piden permiso para aprender", señala Angeles Piccinini, vicedirectora del Jardín de Infantes N° 1 Alicia Moreau de Justo, del distrito 17.
"Esta sociedad ofrece muchos estímulos y los chicos quieren ser receptores y productores de textos".
Piccinini recuerda que hoy se considera alfabetizado a quien circula e interpreta la diversidad de textos y formatos que ofrece la cultura, entre ellos el video y la computadora, herramientas que muchos preescolares manejan con la misma soltura con la que manipulan muñecas y autitos.
Para Berta Braslavsky, especialista en alfabetización inicial, "no existe un momento mágico" para iniciar el aprendizaje de la lengua escrita y la aritmética.
Esos saberes ya no se interpretan como aprendizajes escolares "que deben iniciarse cuando los chicos están maduros".
Braslavsky sostiene que para que la enseñanza no esté divorciada de la vida "hay que ser flexible y estar atentos a los cambios".
También que, a partir de la experiencia y la investigación, "en los hogares donde se lee y se les lee a los chicos, comienza muy precozmente la adquisición del lenguaje escrito, casi al mismo tiempo que la lengua oral".
Por eso, dice Braslavsky, es frecuente que, si existe la necesidad de usar la aritmética en la vida, "los chicos aprendan a calcular antes de llegar a la escuela".
Aunque la tendencia al aprendizaje prematuro es firme, los especialistas dicen que no hay que preocuparse con los preescolares que no incorporan las primeras nociones de los sistemas gráficos numérico y alfabético.
"Hay que respetar la diversidad de ritmos y tiempos, no imponer nada.
Sí propiciar la convivencia entre chicos veloces y lentos porque es enriquecedor para todos", opina Mariana Kosin, maestra de la sala Las Mariposas, del Jardín Alicia Moreau de Justo.
"Pero es indudable que hoy se aprende más rápido que cuando yo era una nena", evoca Kosin, de 32 años.
"Es bueno que se mezclen los chicos porque se estimulan entre sí y aprenden a tolerar y trabajar en equipo", opina Daniel Ricart, director del colegio Nortbridge.
Más que pensar en los beneficios del aprendizaje prematuro hay que tener en cuenta los perjuicios, opina Ricart.
Si los maestros no responden a la demanda de los chicos que quieren aprender antes, "generan desinterés y un abismo insalvable entre la escuela y la vida".
El problema, remarca Ricart, es que muchos docentes no satisfacen la expectativa infantil "porque no están preparados para introducir nociones sencillas como, por ejemplo, fracciones: es fácil explicarle a un chico que si reparte su alfajor con un amigo, va a tener dos medios, si lo hace con tres, va a tener 4 cuartos y así".
"Los chicos entran mezclados a la escuela: algunos, los menos, sólo hacen garabatos; están los que reconocen las vocales y los que manejan el alfabeto completo, que cada vez son más", opina Mariel López, maestra de la escuela Jacarandá, de Núñez.
"Hay que valorar lo que cada uno sabe, trabajar para generar intercambio y tirar para adelante".
"Muchos chiquitos de 2 años leen logotipos y otros de 3 o 4 manejan las teorías del universo o de la extinción de los dinosaurios", señala Silvia Labrador, maestra primaria en el Instituto Cielo Abierto, de Belgrano.
"Nosotros somos guías, no meros transmisores.
Y los chicos no son páginas en blanco que hay que llenar".