Sueño infantil:
Dormir las horas necesarias descansa el cuerpo y se consolida la memoria, por lo que la falta de sueño incide ene l desempeño intelectual..
Los trastornos del sueño afectan al 40% de los menores.
La mayoría se soluciona con hábitos, pero otros requieren de tratamiento médico.
El problema más común en los niños es el insomnio o dificultad para conciliar el sueño.
Éste se puede presentar en cualquier pequeño por un par de noches, pero se hace patológico cuando se repite en el tiempo y comienza a alterar la convivencia familiar, explica el neurólogo infantil Tomás Mesa, coordinador pediátrico del Centro Médico del Sueño de la Universidad Católica.
El mal dormir puede afectar su desempeño en el colegio y, además, el humor y rendimiento laboral de sus padres.
" "Mi hijo no duerme bien desde que nació" es una queja común en la consulta hecha por padres que han pasado años durmiendo mal", comenta el doctor Tomás Mesa.
Para que los padres eviten noches en vela o futuros problemas deben enseñarle a dormir solo desde que el niño es un lactante.
En la edad preescolar y escolar es conveniente que el menor comience a prepararse para el sueño una hora antes de acostarse realizando actividades tranquilas y evitando la televisión y juegos de computador.
"Si juega Nintendo tres horas seguidas va a seguir jugando en su cabeza cuando se acueste", añade el médico.
Las patologías de sueño que pueden requerir de tratamiento corresponden al 10% de los casos.
Entre ellas, las más frecuentes son el insomnio después de los tres años, la enuresis y las pesadillas y terrores nocturnos.
Sueño infantil:
Cuando las noches se hacen eternas
El electroencefalograma es uno de los exámenes que pueden realizarse para analizar el dormir y descartar enfermedades que lo dificulten, como la epilepsia del sueño.
Un trastorno del sueño en el niño no sólo afecta al pequeño, sino a toda la familia.
"Pía (6) despertaba angustiada cinco veces cada noche y llegaba a nuestro dormitorio.
Era agotador devolverla a su cama cada vez.
Para que no viniera tratamos con buenas palabras, órdenes, la dejamos llorar hasta dos horas", dice su madre, la ingeniero civil Luz Díaz (39).
Pía sufre de insomnio, que es la dificultad para conciliar el sueño al irse a dormir o durante alguno de los despertares nocturnos que experimentan todas las personas.
"Siempre le ha costado quedarse dormida y solía hacerlo con alguien a su lado", añade Luz.
Precisamente el no aprender a dormir solo es la principal causa de insomnio en menores de 3 años.
Es la forma más común de los trastornos del sueño infantil que afectan a alrededor del 40% de los niños.
"Una queja común es "mi hijo no duerme bien desde que nació".
Los padres durante años pasan mala noche, lo que afecta su rendimiento laboral y su humor.
Pueden pelear más a menudo, lo que influye sobre el niño, aumentando sus dificultades para dormir.
La situación puede transformarse en un círculo vicioso", advierte el neurólogo infantil Tomás Mesa, coordinador pediátrico del Centro Médico del Sueño de la Universidad Católica.
Hábitos tempranos
Para evitar problemas futuros hay que inculcar hábitos correctos de sueño desde la lactancia.
Una forma de hacerlo es a través de la comida.
"Al mes hay que dejar de darle pecho por libre demanda para comenzar a amamantarlo cada 3 o 4 horas.
Las comidas se van espaciando a medida que crece y contribuyen a enseñarle que existen períodos de vigilia y de sueño", dice el neurólogo.
Otro consejo es sacarlo del dormitorio paterno a los 6 meses para que se acostumbre a dormir solo.
Precisamente que aprenda a conciliar el sueño sin compañía es la clave del buen dormir.
Para lograrlo, debe hacerlo siempre a la misma hora, lugar y forma; es decir, la rutina que precede al sueño, como el baño o la despedida del papá y la mamá, debe ser siempre igual.
Los progenitores deben saber que la guagua puede despertar brevemente de 5 a 7 veces cada noche y no hay que mecerlo ni alimentarlo para que vuelva a dormirse porque se acostumbra y luego lo necesita para conciliar el sueño.
Después del año, los despertares nocturnos suelen reducirse a dos.
En el ser humano el sueño se divide en dos tipos.
El primero es el no REM, que se compone de cuatro etapas: dos de sueño superficial seguidas de dos de sueño profundo.
Luego viene el sueño REM (rapid eye movement o movimiento ocular rápido) en que se produce la actividad onírica o sueños propiamente tal.
Durante la noche ocurren varios ciclos no REM y REM que son necesarios para el descanso y la recuperación corporal.
"El primer tipo de sueño se produce principalmente durante las tres primeras horas de la noche y es importante para que el organismo descanse.
El sueño REM, en cambio, es más abundante al final de la noche y consolida la memoria, por lo que su falta influye en el desempeño intelectual", explica el doctor Mesa.
Por lo mismo, es importante que los niños duerman las horas que necesitan (ver infografía).
Si se acuestan a las 12 de la noche y se levantan a las 7 de la mañana, pierden horas REM, lo que puede afectar su rendimiento escolar.
El ambiente
El sueño infantil se fomenta con horarios y actividades estables.
Los preescolares deben tener rutinas de aseo, alimentación y períodos de juego para que cuando llegue la noche estén listos para dormir.
En los escolares la rutina se da
por las clases y luego períodos
para alimentarse, hacer las tareas y descansar.
Existe el llamado preámbulo del sueño, que implica que una hora antes de dormir el niño debiera empezar a prepararse para hacerlo.
El ambiente debe ser tranquilo y el menor no debiera ver televisión ni jugar juegos de computador.
Muchos padres llegan a esta hora de sus trabajos, lo que exalta al niño.
Deben integrarse a su rutina en forma tranquila.
Por ejemplo, si lo están bañando participar del baño o compartir conversando o realizando actividades quietas, como leer un cuento o armar un rompecabezas.
El menor debiera hacer su última comida dos horas antes de irse a dormir y al final de la tarde evitar alimentos estimulantes, como las bebidas cola o el chocolate.
"Ya que el sueño es la continuación del día, para tener una buena noche hay que tener un día estructurado", concluye Mesa.
Más allá de los buenos hábitos
Aquellos trastornos debidos a causas genéticas, males orgánicos o presiones ambientales requieren de un tratamiento especial.
Si el niño no duerme, es necesario descartar que la causa sea una enfermedad.
Por ejemplo, puede deberse a reflujos, explica el neurólogo infantil Tomás Mesa.
Cuando el insomnio infantil continúa después de los tres años, la causa puede ser un problema escolar, familiar o una depresión.
Esta última también puede generar hipersomnia: el menor duerme mucho y durante el día siente gran somnolencia.
Si se descubre alguna de estas patologías en el niño es necesario identificar el motivo que la gatilla y, en algunos casos, se deberá realizar un tratamiento, que puede ser terapia y/o fármacos.
También es posible que se presenten las parasomnias o episodios de sueño donde surge en el niño una inusitada actividad motora.
Entre ellas se cuentan las pesadillas y terrores nocturnos, la enuresis, el cabeceo nocturno, el bruxismo y el sonambulismo, que alteran el buen dormir del menor.
Tanto las pesadillas, en que el niño tiene un sueño angustioso, como el terror nocturno - que se caracteriza por un brusco llanto o grito- , suelen producirse por complicaciones en la familia o el colegio, o a causa de cualquier impresión fuerte, como la violencia televisiva.
Al igual que en el insomnio, el tratamiento consiste en identificar la causa del problema y modificarla.
Otras patologías comunes, como la enuresis, en que el niño se orina en la cama, o el sonambulismo, pueden deberse a causas genéticas y son temporales.
"Mi marido y yo nos orinamos hasta los 5 años y nuestra hija Carola (10) todavía lo hace un par de veces al mes.
Es un problema para ella porque no va a actividades a las que le gustaría asistir, como pijamas party, porque le da miedo mojarse", cuenta su madre Érica Gómez (39).
Reflejo condicionado
La enuresis puede tratarse con fármacos o con alarmas puestas en el pijama del niño que se activan cuando se moja.
La meta es crear un reflejo condicionado y que paulatinamente deje de hacerlo.
El sonambulismo, por otra parte, consiste en comportamientos como caminar o comer dormido.
"No es conveniente despertar a un sonámbulo porque puede reaccionar agresivamente.
Lo mejor es conducirlo de vuelta a su cama, y lo que se puede hacer es tomar medidas de seguridad como cerrar la puerta de salida con llave para evitar accidentes", dice Mesa.
Esto hace la enfermera Hilda Sáez con su hija Natalia (15).
"Ella se levanta, habla y a veces se viste con uniforme.
Mi marido también sufrió de sonambulismo de niño así es que lo tomamos con calma, hasta el día que la encontramos saliendo por la puerta a las 3 AM.
Desde entonces yo me quedo con la llave de la puerta y hago lo mismo si vamos a algún hotel".