Ambas tienen características neuroquímicas similares.
Recientes fármacos para epilépticos mejoran también sus estados depresivos.
"El estigma que sufren los enfermos de epilepsia ha sido uno de los grandes obstáculos para el manejo de esta enfermedad", explica el mexicano Andy Kanner, uno de los principales epileptólogos del mundo.
"Sólo entre el 20% y el 40% de los pacientes presentan algún problema cognitivo o siquiátrico.
Y la mayoría de estos últimos corresponden a cuadros depresivos".
"Contrario a lo que se cree, la mayoría de los pacientes podría llevar, fuera de las crisis, una vida perfectamente normal", añade el médico chileno Manuel Campos.
Ambos especialistas lanzaron ayer el primer tratado en español que aborda el tema en todas sus aristas: "Epilepsias: diagnóstico y tratamiento".
El volumen, editado por Campos y Kanner, recoge los trabajos de más de un centenar de especialistas de todo el mundo, incluyendo a chilenos, y se está lanzando en el marco de la campaña "Conduciendo la epilepsia fuera de las sombras", con que la Organización Mundial de la Salud busca terminar con los mitos y las falsas creencias en torno a esta enfermedad.
"La estigmatización que sufren estos pacientes los lleva, muchas veces, a no pedir ayuda por sus síntomas depresivos, ante el temor de que los consideren locos", señala Andy Kanner.
A juicio del especialista, los cuadros depresivos afectan más la calidad de vida de un epiléptico que las crisis de su dolencia.
Actuales tratamientos
La medicina define a la epilepsia más como un síndrome que como una enfermedad.
Es causada por una actividad eléctrica anormal de las neuronas y, según la zona del cerebro donde se produce la descarga, se originan los distintos síntomas de cada crisis.
El 70% de los pacientes controla éstas a través de medicamentos.
El 10% debe tratarse con neurocirugía, ya que son personas refractarias a los fármacos.
Según explican los médicos, en los últimos años se han creado medicamentos que tienen muy pocos efectos colaterales.
Sin embargo, su precio los hace estar lejos de la población que se atiende en el sistema público.
Lo mismo ocurre con las cirugías que buscan resecar el tejido cerebral que causa la actividad eléctrica anormal.
"Los equipos que se requieren - resonancia magnética, entre ellos- se encuentran principalmente en el sector privado", señala Manuel Campos.
Un tratamiento con los nuevos fármacos de primera línea cuesta entre $50.000 y $80.000 al mes, explica el médico.
"El Programa Nacional de la Epilepsia (en el AUGE) dejó a los medicamentos en la recomendación del plan, y no en la norma.
Es decir, los pacientes van a recibir sólo los que estén disponibles en ese momento en el consultorio".
Entre los medicamentos de primera línea están los que tienen efectos antidepresivos.
El doctor Kanner explica que la relación entre epilepsia y depresión ha sido demostrada con animales en el laboratorio.
"Las alteraciones en los neurotransmisores que facilitan la creación de un foco epiléptico son las mismas que las que se dan en una depresión mayor.
A través de los cambios neuroquímicos, se ha descubierto el denominador común entre ambos padecimientos".
"De hecho, un paciente que ha tenido cuadros de depresión tiene de cuatro a seis veces mayor riesgo de desarrollar epilepsia que la población general", agrega Kanner.
CIFRAS
En Chile, al menos 150 mil personas padecen de epilepsia.
El 80% de ellas
se atiende por el sistema público.