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Qué se esconde detrás de los niños abusadores

Carmen Rodríguez F. El Mercurio


Especialistas explican por qué están aumentando los casos como el del estudiante vejado por sus pares en Peñalolén.

La imagen de un niño de 6 años, con los pantalones abajo, siendo humillado por otros de 12 y 13 años es demasiado fuerte.

Tanto, que ha causado verdadera conmoción pública.

El caso del Colegio Mayor de Peñalolén ha vuelto a poner en primera plana el tema de la violencia en el ámbito escolar y de los abusos a menores.
Esta vez, el ingrediente de mayor impacto es que los agresores sean también niños.

Según fuentes de la Oficina de Atención e Información Educacional del Mineduc, en el último año se ha producido un aumento de este tipo de denuncias.
La sicóloga Carolina Navarro, que atiende a víctimas de abusos sexuales, ha detectado junto a algunos de sus colegas un alza en los casos de adolescentes que realizan algún tipo de exploración sexual con niños menores.
En las distintas etapas de desarrollo, la exploración sexual entre pares es normal.

Pero ya no lo es cuando no existe un componente de reciprocidad: cuando se está utilizando a alguien menor para estos fines, afirma la profesional.
Para ella, no es menor el fuerte ensalzamiento de lo erótico que impera en nuestra cultura.

Hoy, los niños están sometidos a muchos más estímulos de tipo sexual que los que había hace 20 años.

Sin embargo, agrega, esto no explica del todo el aumento de las conductas abusivas.

Esto último debería asociarse a un aumento en la violencia social y familiar.
Entre las certezas que hay en este tema está el que muchos de los menores que han cometido abusos sexuales han sido, a su vez, abusados por alguien mayor.

Y reiteran esta conducta por un proceso de identificación con su agresor.
Los especialistas consultados coinciden en que el caso de Peñalolén, más que tratarse de un caso de abuso sexual propiamente tal, muestra una situación de hostigamiento e intimidación entre pares.

Se le da una connotación sexual por el hecho de que el niño fue violentado en sus partes íntimas, pero lo que más impacta del caso es lo abusivo de la situación y la fuerte transgresión de límites que aquí se da, afirma la sicóloga Andrea Pomés, del Centro Espiral, especialista en reparación de abusos sexuales.
Según la profesional, este tipo de situaciones genera reacciones de una intensidad emocional muy fuerte.

Por ello, es responsabilidad de todos intentar contener estas reacciones y no repetir, movidos por el impacto y la rabia, los patrones de violencia y de transgresión de límites.

La sicóloga se refiere, por ejemplo, a padres vociferantes, pidiendo la cabeza de un director de colegio o la expulsión de los victimarios.
Es importante frenar esto y darnos cuenta de que lo que ocurrió no se dio en un contexto aislado.

Hay que ver qué hay detrás de los niños que cometieron ese tipo de actos.

Generalmente, ellos mismos han sido víctimas de situaciones abusivas, que pueden ser sexuales o no, opina Andrea Pomés.


La sicóloga Ana María Arón, del Programa de Educación para la No Violencia de la Universidad Católica, coincide en que estos patrones abusivos se dan dentro de una cultura que avala el uso de la violencia y de la fuerza para ganar prestigio; lo que pasa dentro del colegio ocurre en todos los ámbitos, aunque adopte otras formas.
Por eso, según las especialistas, una buena manera de enfrentar un caso como éste es tratar adecuadamente a los adolescentes abusadores, sin estigmatizarlos ni condenarlos socialmente.

Pero sí es importante que tomen conciencia de lo que hicieron, que pidan perdón y hagan algún acto reparatorio, dice Ana María Arón.
Además, es clave trabajar con toda la comunidad escolar en el fomento del buen trato.

Hay que hablar el tema con los niños: hacerles ver que nadie tiene derecho a amedrentar a otro, señala Ana María.

Mostrarles que los límites existen y que sirven para cuidarnos, agrega Andrea Pomés.


Alza


Al menos una vez al mes se recibe una denuncia de abuso de escolares por parte de sus pares en la Unidad de Atención Educacional del Mineduc.

Hasta el año pasado, esto ocurría cada cuatro o cinco meses.