"Para vivir se intercambian tres cosas con el resto del mundo: materia, energía e información."
El aforismo, que figura en el último libro de Jorge Wagensberg, director del Museo de la Ciencia de Barcelona ("Si la naturaleza es la respuesta, ¿cuál era la pregunta?", Tusquets Editores, 2002), podría parafrasearse diciendo que el lenguaje es uno de los pilares del universo humano.
.Es que la habilidad de exportar información codificada de una mente a otra constituye, sin duda, una de las supremas maravillas del mundo natural.
Lo que ocurre es que se nos da tan espontáneamente que tendemos a olvidar su dimensión casi milagrosa.
.Esta semana, un artículo firmado por Nicholas Wade en The New York Times la pone de relieve al recorrer en sentido inverso los meandros de la historia que lleva a los orígenes del lenguaje, perdidos en las brumas del tiempo.
.Wade expone las principales hipótesis que intentan explicar ese salto cuántico de la humanidad y, si bien divergen en los detalles, varias de ellas concuerdan en que el momento de la epifanía debe de haberse producido entre 120.000 y 50.000 años atrás, cuando los asentamientos de los primeros humanos, dispersos a lo largo y lo ancho del continente africano, parecieron surgir a la vida: de ese entonces datan las más primitivas herramientas hechas de piedra y hueso, objetos artísticos y vestigios de comercio lejano.
.Para los neurolingüistas, un cambio tan sustantivo no puede menos que indicar un hito neurológico que, por las ventajas evolutivas que confirió, tiene que haberse transmitido muy rápido y habría sido, probablemente, el último paso en la evolución del lenguaje.
.Primero, sugieren algunos investigadores, debe de haber sido el gesto, tan pronto como nuestros ancestros, que comenzaban a caminar erguidos, tuvieron las manos libres.
Y un protolenguaje debe de haber precedido a las palabras y la sintaxis actual, producto de sistemas combinatorios del cerebro que hoy se creen innatos.
."En los seis millones de años que transcurrieron desde que los chimpancés y los humanos compartieron un antecesor común, los circuitos neurales que hicieron posible esta facultad altamente compleja deben de haber emergido, sólo en la línea de los homínidos, con la capacidad de cartografiar el recorrido de un flujo de sonidos, su conversión en significado, el significado en palabras y sintaxis, y la oración en lenguaje expresivo", escribe Wade.
.La diversidad y multiplicación que hizo posible la creatividad lingüística humana es pasmosa: se calcula que existen actualmente 7202 lenguas diferentes, aunque muchas de ellas se encuentran en peligro de extinción.
Según Michael Krauss -profesor de lingüística de la Universidad de Alaska Fairbanks y fundador del Centro de Lenguas Nativas de Alaska-, dentro de un siglo la mitad de ellas habrá desaparecido.
Es más, sus sombríos pronósticos subrayan que, a menos que los científicos y los jefes de las comunidades dirijan un esfuerzo en escala mundial para estabilizar la decadencia de las lenguas locales, nueve décimos de la diversidad lingüística de la humanidad probablemente estén condenados, y con ellos desaparecerán cosmovisiones irrepetibles.
.Tal vez en esto radican las más inasibles cualidades del lenguaje, en su extrema vulnerabilidad y en su inconmensurable poderío.
Ya lo advierte un antiguo proverbio oriental: "Luego que has soltado una palabra, te domina".
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Las brumas de la palabra
Nora Bär. La Nación, Argentina