SALUD: Aseguran que se suele tratar mal el trastorno bipolar
Es cuando los pacientes pasan de la depresión a la euforia.
Se confunde con otros disturbios.
Cuando están contentos, se ponen eufóricos, creen que son capaces de hacer cualquier cosa, no sienten necesidad de dormir, hablan sin parar y sin pudor, y pasan de un tema a otro vertiginosamente.
Pero cuando su humor cambia, el deseo de morir atrapa por completo a las personas con trastorno bipolar (TB). También pueden presentar síntomas mixtos, es decir una combinación simultánea de signos depresivos y maníacos.
O hipomanía, que es una forma menos extrema de la euforia o la manía y que se puede asimilar con estar "acelerado". Así, entre las temporadas "muy altas" y los bajones desproporcionados, viven las personas que tienen TB, una enfermedad que afecta a unas 15 personas de cada mil, sobre todo después de los 20 años, según coinciden distintos estudios realizados en los Estados Unidos. Es más, de acuerdo con recientes estadísticas, en el país del norte hay más de un millón de bipolares. Por años, este trastorno estuvo subdiagnosticado o mal diagnosticado.
Hoy sigue siendo la alteración psiquiátrica con menor tasa de tratamiento.
Menos de un tercio de los pacientes recibe la terapia adecuada. El motivo es que hasta hace poco tiempo ?fenómeno que aún ocurre en consultorios no especializados? al TB se lo confundía con otras enfermedades mentales, como la depresión, el déficit de atención e hiperactividad o la esquizofrenia. "El mal diagnóstico tiene consecuencias terapéuticas inadecuadas", explica a Clarín la doctora María Helena Isola Mugica, médica especialista en Psiquiatría e integrante del staff de profesionales de Fubipa, Fundación de Bipolares de Argentina, una entidad que dirige el doctor Alejandro Lagomarsino (4801-2994 o en la web: www.fubipa.org.ar). Ha habido casos en los que los médicos creyeron que el BP era un adicto a las drogas duras porque los síntomas del bipolar y del que consume periódicamente cocaína, heroína y otras sustancias son semejantes.
Como otras personas con alguna disfunción mental, el paciente bipolar ?que Sigmund Freud llamó maníaco-depresivo? sufre un padecimiento doble: el de la propia dolencia y el estigma social. Por desconocimiento o por temor, en pleno siglo XXI aún persiste un fuerte tabú respecto de los enfermos "de la cabeza".
Esa situación conlleva una poderosa discriminación (e incluso autodiscriminación) hacia las personas cuya vida transcurre entre una fase maníaca (con un optimismo extremo, autoestima desmedida, fuga de ideas, irritabilidad o gasto compulsivo) y otra depresiva (tristeza y ganas de morir, desinterés, ansiedad o culpa).
Si uno de los padres padece este trastor no, la posibilidad de que los hijos lo sufran aumenta hasta cerca del 15 por ciento.
Entre las mujeres, un parto puede ser la escena con la que se desencadene aunque en absoluto es la causa. El origen del trastorno bipolar es aún un misterio aunque estaría relacionado con alteraciones de los neurotransmisores, que son sustancias del cerebro.
Pero también puede ser genético o el resultado de cambios hormonales en el organismo. "Lo que hay que destacar es que esta patología no es el resultado de un defecto de carácter, debilidad personal, falta de voluntad o algo que el enfermo haya hecho alguna vez", advierte Isola Mugica. Lo más importante es que se puede tratar ?se pueden prevenir recaídas o complicaciones graves como los intentos de suicidio? con medicamentos y psicoterapia, siempre siguiendo las indicaciones del psiquiatra idóneo.
Con un tratamiento adecuado, la persona con TB puede mejorar su convivencia familiar, laboral y social. Siempre siguiendo las directivas de un profesional, una vez diagnosticada la persona bipolar podrá retomar su trabajo, convivir en familia, tener pareja e hijos o vivir en forma independiente. Una curiosa paradoja del TB es que en la etapa maníaca el paciente perciba erróneamente que está más creativo.
Eso lo puede llevar a querer dejar el tratamiento.
En realidad, los efectos de esa energía descontrolada son más destructivos que benéficos.
Por ejemplo, la capacidad laboral del paciente con TB disminuye en más de un 60%, según estudios realizados en diversos centros médicos de los Estados Unidos.
Para que el paciente no discontinúe su terapia, es fundamental el acompañamiento de la familia.
Los tratamientos más apropiados incluyen al núcleo primario de la persona que sufre para que la calidad de vida de todos
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