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Los ídolos pueden ser necesarios en la juventud

VALERIA MUÑOZ PATTILLO. El Mercurio







Sicología:


Roxana Novoa llegó a tener problemas con sus padres porque se escapaba del colegio para ver al cantante mexicano Cristián Castro.

Foto:Viviana Morales Ser fan de algo o alguien es parte de un proceso natural de búsqueda de identidad, pero es importante no caer en extremos.
Rodolfo Vergara (13) se declara fanático del futbolista inglés David Beckham.

Tanto así, que los constantes cambios de apariencia del deportista han incidido directamente en Rodolfo, quien no titubea en aclarar que su peinado erizado está inspirado en "Beck".

"Es mi ídolo no sólo porque juega bien, sino por la onda que tiene para vestirse y creo que representa a gran parte de la juventud", explica.


En tanto, Roxana Novoa (23), fan del cantante mexicano Cristián Castro, declara: "lo amo desde que tenía 18 años y aún haría cualquier cosa por él".
Estas afirmaciones no llaman mucho la atención, si se toma en cuenta la cantidad de ídolos adolescentes que existen y las verdaderas pasiones que suelen desatar.
A juicio del sociólogo Luis Barros, el fenómeno de los ídolos obedece en parte a que "ellos son los que mejor encarnan lo que una sociedad valora, en nuestro caso el éxito y el atractivo físico".

Este último, agrega, ejerce un gran poder sobre las masas, alimentadas por los medios de comunicación.
La sicóloga Verónica Navarrete concuerda en que es la sociedad la que va generando sus propios modelos de referencia, especialmente con personas que logran cosas o metas como el éxito sin mucho esfuerzo, "que se convierten en figuras de poder para niños y adolescentes".


En busca de un referente


Navarrete afirma que algunos niños, especialmente aquellos más inseguros, tienen la necesidad de buscar seguridad en modelos con éxito social probado.

"Imitar las conductas del ídolo es una manera de bajar la ansiedad y es completamente normal durante la niñez", sostiene.
Sin embargo, señala que si esto se prolonga puede transformarse en algo más preocupante, "se puede sufrir una distorsión fantasía-realidad", comenta.
Roxana Novoa cuenta que aún es fanática de Cristián Castro, pero no como en su época de colegio.

"Cuando venía a Chile lo seguía a todas partes, iba a los conciertos e imaginaba que me cantaba las canciones a mí".

Su amor por el cantante la llevó incluso a tener problemas con sus padres.

"Me arrancaba del colegio para verlo.

Mis papás me castigaban, pero igual me escapaba hasta que dijeron "no más"".
Para la sicóloga Navarrete, el sentimiento platónico hacia un ídolo es normal en la juventud, pero deja de serlo cuando interfiere en las relaciones reales de la persona, como le pasó a Roxana: "a los 18 años tuve un pololo que se también se llamaba Cristián, y mentalmente los comparaba y hasta llegué a encontrarlos parecidos", confiesa.
Ante este tipo de situaciones, Navarrete aconseja que los padres dialoguen y acogan a sus hijos.

"Es fundamental saber si se trata de un ídolo que aporta valores negativos y que le hará más daño que bien a la persona", aclara.

En esos casos, recomienda consultar e indagar para ver si su condición de extremo fanatismo está afectando otros ámbitos de la vida del niño o adolescente, como el colegio o las amistades, pero enfatiza en que no se debe prohibir nada: "la prohibición genera más ansiedad, lo que al final es peor", asegura.
La especialista agrega que la búsqueda de un modelo es necesaria para el desarrollo del adolescente cuando está creando su propia identidad.

"Tener ídolos lo diferencia del mundo adulto.

Los adolescentes necesitan otro referente que no sean los papás, porque a esa edad están innovando, tienen licencia para probar, y los adultos tienen que permitirlo", indica.


Admirar versus idolatrar


José Tomás (18), alumno del Verbo Divino, asegura que heredó el gusto por los Beatles de su madre, quien también lo apoya en su afición por el grupo inglés: "al principio me encantó su estilo de música, pero poco a poco fui descubriendo en ellos toda una forma de vida que también me gustó.

Ser fan de los Beatles me ha servido para mirar la vida de otra manera", comenta.
Gracias a lo que él llama "una casualidad increíble", la naturaleza le otorgó un innegable parecido a Ringo Starr, baterista de la famosa banda.

José Tomás, orgulloso, asegura que casi todos sus amigos y conocidos le hacen notar el parecido, e incluso su correo electrónico tiene el nombre de "joven ringo".
Aunque él mismo se autocalifica como fanático, aclara que lo es porque admira la calidad musical del grupo, y que no llega a los extremos de otros fans.
Admiración que el sociólogo Luis Barros asegura, es distinta de las pasiones que puedan llegar a despertar otro tipo de ídolos e incluso cree que puede ser beneficiosa como un estímulo para que la persona se esfuerze por tener los talentos que tanto admira en otros.


Historias que desatan pasiones


Cada vez que se estrenan películas como "La Guerra de las Galaxias", "El Señor de los Anillos" o "Star Trek", llegan a las salas de cine admiradores disfrazados de los personajes de la cinta.

Lo que diferencia a estos fanáticos del resto es que no siguen a una persona en particular, sino la temática de una historia, y muchos de ellos ya han pasado ampliamente la adolescencia.
Verónica Navarrete opina que la moda juega un papel fundamental, pero también la necesidad de sentir seguridad mediante el dominio de un tema.

Osvaldo González director nacional del fans club de "La Guerra de las Galaxias", cuya afición partió a los 12 años, busca "rescatar las cosas positivas que tienen los jedi, como el honor.

La fuerza sobre la que gira la trama es la que nos mueve a actuar bien y está dentro de cada hombre, como el bien y el mal".
Osvaldo asegura que la mayoría de los fanáticos tienen los pies puestos en la tierra, pero que mucha gente no entiende que sean amantes de una película.

"Me han dicho que por mi fanatismo puedo quedar sin trabajo, pero no voy a cambiar porque no estoy haciendo nada malo".
El sociólogo Luis Barros sostiene que este tipo de aficiones permite a los ciudadanos comunes y corrientes vivir virtualmente los ideales que tanto admiran.