Educación y valores:
Adolescentes condicionan su participación en actividades a la utilidad que éstas les brinden.
"Yo participo en las cosas que me llaman la atención, pero en el colegio no participo mucho, porque no me llaman la atención las cosas que hacen".
Esta frase, de un adolescente de clase media-alta, resume bastante bien la postura que los escolares chilenos tienen frente al tema de la participación: "Me integro si me interesa y me sirve".
Así lo pudo constatar el equipo de investigadores del departamento de Educación de la Universidad de Chile (Julia Romeo, Mónica Llaña, Francisco Fernández y los colaboradores Angélica San Martín, Isabel Corvalán y Erwin Fonseca) que se encuentra desarrollando un estudio acerca del discurso que tienen los adolescentes secundarios del país frente a tres conceptos: la libertad, la participación y la solidaridad.
El primero, libertad, ya fue analizado en una primera parte de esta investigación que partió en 1998 y terminó en 2000.
Un libro que contiene la segunda parte de este estudio y que se refiere a la opinión de los adolescentes secundarios acerca de la participación, acaba de ser presentado.
La solidaridad, en tanto, será materia de un estudio que comenzará este año y terminará en 2005.
Distinta percepción
Esta investigación, que fue financiada por el departamento de Investigación de la Universidad de Chile, busca determinar cómo se están incorporando los valores en el currículo de los colegios.
"Nos centramos en la idea de que la reforma educacional estaba explícitamente estructurada para el desarrollo de la democracia.
Y vimos que existía consenso en que los ejes de ésta se hallaban en la libertad, la participación y la solidaridad", explica Julia Romeo, quien dirige el estudio.
Con esto claro, trabajaron con un centenar de alumnos, de 16 y 17 años, de colegios científico-humanistas, de todos los niveles sociales y económicos, con quienes conversaron primero acerca de la libertad.
Ahí la conclusión principal fue que pese a que los adolescentes tienen claro qué es la libertad responsable y cómo ejercerla, no están tan dispuestos a asumir ese compromiso.
Este estudio terminó en 2000 y ese mismo año comenzaron a trabajar en la opinión de 150 escolares sobre la participación, labor que terminaron en 2002.
De esta investigación, Julia Romeo explica que una de las conclusiones que más les impactó se relaciona con la razones que ellos tienen para integrarse a una actividad.
"Cuando ellos participan se ve claramente la presencia de una cultura materialista, pragmática, relativista, porque su discurso es "participo en aquello que me interesa y me va a dar una utilidad" ".
Cambio en la escuela
Los investigadores también vieron que los jóvenes perciben sus oportunidades de participar de forma distinta según su nivel social.
"Los adolescentes de clase alta se sienten parte de una elite y están seguros que serán los futuros líderes del país.
Tienen más autoconfianza, y una línea de desarrollo en cuanto a lo que tienen que hacer".
En cambio, los adolescentes de clase baja manifiestan una baja autoestima y un discurso que denota un acrecentamiento de la desconfianza y el resentimiento.
"Esto es gravísimo, porque incluso existe un tremendo riesgo de agresión y explosión social, pues sienten que si pudieran vengarse del mundo adulto, que no les da oportunidades, lo harían", advierte Mónica Llaña.
Los investigadores hicieron también un cruce entre el discurso de los jóvenes sobre libertad y participación y se encontraron con cuatro realidades: la interacción, donde los jóvenes aplican ambos conceptos de manera consciente y responsable; acatamiento, donde existe la libertad de decidir, pero se participa a regañadientes; el anulamiento, donde no existen espacios de libertad ni de integración; y la marginación, donde hay libertad de participar, pero no se ejerce.
"Si bien no podemos decir qué se daba más o menos, pues nuestro estudio es cualitativo, sí vimos que los discursos que nos ofrecen más presencia son el acatamiento y la marginación, luego el anulamiento y la interacción", explica Julia Romeo.
A partir del resultado de estas investigaciones, las profesoras Romeo y Llaña creen que los colegios deben hacer transformaciones para revertir este proceso y lograr que el discurso de los adolescentes sea más cercano a la interacción.
"Esto significa también cambios en la formación universitaria de los futuros profesores, quienes no sólo deberán conocer su disciplina, sino también estar sensibilizados sobre los problemas sociales y culturales".
Palabra de adolescente
Claros y directos.
Así son los adolescentes que participaron en esta investigación y cuyas declaraciones quedaron plasmadas en el libro que se presentó recientemente.
"En mi casa sí tengo participación, porque cuando hay algún problema yo ayudo siempre a resolverlo...
Y (la mamá) también me ayuda con mis problemas".
"Cuesta participar en familia, porque a veces tienen otras opiniones los papás.
Y uno para no quedar mal dice "ya, me quedo callado" ".
"En el liceo...
a veces no les gusta que uno participe mucho en clases.
Por ejemplo, ellos como que tienen una pauta y si nosotros se la cambiamos se enojan".
"Yo creo que la base de la participación de los jóvenes es que queremos algo a cambio...
Yo sé que si me metiera a cierto movimiento tal vez no sacaría nada".
"En mi curso...
participan los de siempre o los que tienen arriba de un seis o los que el profe les tiene buena".
"Es que se dan pocas oportunidades para que participemos.
Por ejemplo, ahora, con el asunto del pase escolar nosotros hicimos una protesta y ahí participamos en algo, pero en general hay pocas oportunidades".