Cada vez con mayor frecuencia se escucha hablar públicamente del la necesidad de permanecer al lado del recién nacido durante un lapso de tiempo más largo ya que ello contribuye a un buen desarrollo del bebé tanto física como psíquicamente.
Esto ha llevado a discusiones y a distintas posturas.
Una de ellas es plantear si la ley debería avalar un período postnatal de 6 meses.
Otras posturas señalan que el trabajo de la madre, es una actividad importante y que ella no debiera abandonar ni postergar si es que puede combinar ambos aspectos.
Lo adecuado es siempre muy discutible, sin embargo, hay ciertos parámetros que quisiera comentar.
¿Qué debemos considerar para tomar decisiones adecuadas?
La primera variable debe estar centrada en el estado físico del niño.
Un niño enfermo, prematuro, con dificultades físicas en general, debería contar con el tiempo necesario para que la madre que es la primera fuente de nutrición del bebé, tanto física como emocionalmente, esté muy presente.
Aunque actualmente existen muchas alternativas de reemplazo de la lactancia por las "leches - fórmulas", la presencia materna ayudará al bebé a estar más tranquilo.
La pediatría conoce los aportes de la lactancia materna, ésta es insustituible tanto en la inmunología, cantidad y tipo de crecimiento y desarrollo, creación y desarrollo del vínculo materno, etc.
Sin embargo, a veces hay limitantes físicas que pueden entorpecer o anular este proceso y debe ser sustituido por otro.
Aquí, como dije anteriormente, la presencia de la madre es muy importante, ya que el bebé la conoce y reconoce por su olor, ritmo, sonido de voz, etc., que de una u otra manera conoció ya dentro del útero y que le da una enorme sensación de bienestar.
El período postnatal es un período altamente estresante, significa para la madre cambios importantes desde lo biológico como desde lo psíquico.
En ese sentido, las primíparas se enfrentan a una situación nueva, deben asumir un hijo y las responsabilidades que conlleva, lo que fuera de la alegría por la presencia del nuevo ser, generará importantes montos de ansiedad.
Aquellas madres que ya tienen hijos, deben adaptarse y crear nuevos espacios para este niño recién llegado y deben a su vez tener un espacio para los otros.
Tarea nada fácil.
La demanda concreta que la madre debe cumplir: alimentar a un hijo, cuidarlo, ir comprendiéndolo y ajustarse a sus necesidades.
En este período, gracias a la lactancia materna o artificial, la presencia de la madre es esencial para el buen desarrollo del vínculo con ella y éste es de gran importancia, porque marcará el estilo de relación que tendrá el niño y adulto en su vida.
Sin embargo, estas aseveraciones podrían hacer sentirse culpables a muchas mujeres.
Tal vez en ese sentido debiéramos recordar las palabras de un importante psicoanalista inglés que dice que las madres establecen un buen vínculo siendo " suficientemente buenas".
Los vínculos son las relaciones que se establecen entre dos personas (llamados "objetos" en la teoría psicoanalítica).
El establecimiento de este vínculo no es instantáneo ni es privativo de algún tiempo en especial.
Desde la teoría psicodinámica se habla de la importancia de los dos primeros años de vida pues cerca de los dos o tres años, el niño podría representarse a su madre en la mente: Una persona que puede reprenderlo y amarlo al mismo tiempo.
Es decir, en la mente del niño se puede unir a la mamá con los aspectos buenos que ella le entrega (lo regalonea, lo acoge), como con aquellos malos, cuando se niega a sus deseos (lo reta, pone límites, etc.).
Esto significa que la relación que ocurre con el hijo en el presente se introduce en su mente y se conserva como una relación donde idealmente predominen las experiencias positivas por sobre las negativas.
Esto es llamado "constancia objetal".
Una vez lograda permitirá al niño separarse con mayor facilidad de la madre y será el primer paso para su ingreso al jardín infantil.
Más tarde es esencial en la estructura de personalidad del niño.
Los niños no tienen lo que se denomina constancia de tiempo y espacio, esto significa que en una primera etapa todo lo que ocurre para el niño es actual, no existe la posibilidad que en este momento el piense "mi mamá estuvo tres horas seguidas conmigo, por lo tanto, no importa si se va de viaje o sale durante mucho tiempo el día siguiente".
El bebé al no tener la constancia del tiempo ni espacio no logra elaborar este tipo de pensamientos, por lo tanto, se queda con la sensación de satisfacción cuando la madre está presente y de insatisfacción cuando ésta está ausente.
Se sabe que períodos muy prolongados de ausencia para el bebé más tarde pueden ser sentidos como abandonos.
Está claro que el período post natal cobra una importancia real cuando se piensa desde el desarrollo psíquico del recién nacido.
En este proceso importa la calidad y cantidad de tiempos involucrados.
No basta con amamantar cada cuatro horas, con cambiar pañales y el resto del tiempo dejarlo, porque "total, es una guagua y no entiende nada".
Los niños sí son capaces de percibir las claves del ambiente, aunque no logren significarlas en el vocabulario consensual.
Es importante el tiempo que se está con el hijo, aunque no se esté "haciendo nada".
El "hacer nada", aquí cobra el sentido de compañía, de persistir en la creación del vínculo con el hijo, en la constancia de ser la misma figura con quien está cuando despierta que cuando duerme (en un sentido flexible, obviamente).
El vínculo no se crea si no hay constancia, por eso es muy importante las instancias de cuidado y alimentación durante el primer tiempo.
Por otro lado, también es importante analizar cuáles son los espacios que la madre se da con su hijo para vincularse.
La pregunta que surge es:
¿Es un espacio para relacionarse y crear vínculos?
O más bien lo que se crean son espacios donde el bebé acompaña a la madre en sus actividades, espacios donde es el niño quien tiene que estar dispuesto a los tiempos de la madre.
El espacio al que aludimos es físico y psíquico, porque sí importa si se trata de una madre que lleva a su hijo a sus actividades, pero que siempre está rodeada de otras personas o preocupaciones u actividades.
En el espacio físico del que hablamos, sí importa la tranquilidad del niño para dormir, para relacionarse, para mirar, para no asustarse con los estímulos, para conocer a su madre, cómo se mueve, cómo es su olor, cómo lo toma, cuál es su tono de voz, etc.
En nuestra opinión, existe poca conciencia de la calidad de ser humano y del respeto y trabajo que significa su desarrollo y por sobre todo, cuál es el aporte que hace la madre en la estructura de personalidad de ese niño.
Es frecuente escuchar en la consulta a los padres de adolescentes que no entienden de donde puede ser que el hijo haya desarrollado tal patología o trastorno, lo que nos hace reflexionar que pareciera ser que en las personas no existe la conexión real entre los significados de las experiencias tempranas y el desarrollo de la personalidad.