Síntesis tercera parte"La constelación maternal,
La psicoterapia en las relaciones entre padres e hijos"
Daniel Stern, Ed.
Paidós, 1995
En la actualidad, el campo de la psicoterapia aplicada a las relaciones entre padres e hijo, aplica y toma prestados conceptos terapéuticos conocidos (entre ellos del psicoanálisis, el conductismo, la teoría sistémica, la sociología y la pediatría) modificados en función de cada nueva población.
La salud mental del niño aparece ante nosotros como un continente inexplorado dividido en áreas regidas por los diferentes imperios terapéuticos.
Ante este nuevo planteamiento las terapias existentes se van modificando y coinciden con él.
La historia de la psicoterapia está compuesta en gran medida de encuentros entre los enfoques terapéuticos existentes y nuevas poblaciones clínicas que no se corresponden con aquellas para las que fueron diseñados esos conceptos.
La psicopatología clínica tiene una importancia crucial en la comprensión del enfoque terapéutico que suscita, ya que las teorías aparecen como respuesta a determinados fenómenos clínicos.
La población que nos ocupa se compone de niños muy pequeños (entre los 0 y los 3 años) y padres, en general de madres.
La psicopatología que presentan consiste generalmente en problemas de relación que se manifiestan en forma de desórdenes en la alimentación o el sueño, en el establecimiento del vínculo afectivo y en la conducta temprana del niño, o de ansiedades por parte de los padres, problemas para ejercer de padres y otros tipos de irregularidades en la relación entre padres e hijo.
También se incluyen condiciones del niño que no se originan en la relación entre padres e hijo, como discapacidades específicas o retrasos en el desarrollo, porque la relación del niño con sus padres tendrá una influencia muy importante en la aceptación de esa enfermedad.
Este terreno que representa la relación entre padres e hijo ofrece varios aspectos únicos.
1.- El "paciente" no es una persona, sino una relación, asimétrica, entre un bebé y sus padres.
Aún no queda claro lo que es un "desorden de relación".
2.- Aún no se sabe hasta qué punto el carácter psicológico del niño es resultado de la imaginación de los padres o de la relación.
3.- Es un psiquismo infantil.
A nivel diagnóstico, el niño no es neurótico, fronterizo ni psicótico: ¿es "normal" entonces?
4.- En la mayoría de los casos, los padres son psicológicamente "normales".
Estos padres tienden a considerar que más que una enfermedad, lo que tienen es un problema.
5.- La madre (y quizás también el padre) presenta unas condiciones psicológicas especiales a las que denominaré constelación maternal.
Se trata de una organización de la vida mental única, apropiada y adaptada para hacer frente a la realidad de cuidar a un niño.
Esta organización psíquica especial convierte a la madre en una "paciente".
6.- El niño y sus padres forman el proceso de cambio humano: desarrollo temprano normal.
Esta etapa de la vida no es otra "crisis" importante que conduce potencialmente al cambio, sino que su función esencial es efectuar ese cambio, la maduración, el desarrollo y el crecimiento.
Es un motor que opera de todos modos, con o sin terapia, y es a la vez el medio de actuación de la terapia.
7.- Casi nunca queda claro dónde localizar el problema, ni es posible identificarlo de forma permanente.
8.- La relación entre padres e hijos es exclusivamente gestual y en gran medida presimbólica, de modo que la patología es resultado de esas interacciones preverbales.
El enfoque que se pretende dar en este libro se inspira en la impresión de que casi todas las distintas terapias aplicadas a la relación entre padres e hijo funcionan.
Los rasgos no específicos (rasgos comunes) compartidos por las distintas terapias influyen más en el resultado positivo final que los rasgos únicos o específicos.
La madre no es sólo una paciente más, ni la madre de un paciente muy joven.
Es una mujer durante un período único de su vida en el que desempeña un papel cultural único y cumple una función esencial y única en la supervivencia de la especie.
Cualquier tratamiento aplicado a la relación entre padres e hijo tenía que tener en cuente la especial predisposición de la mayoría de las madres a pensar, sentir y actuar de determinada manera.
LA CONSTELACION MATERNAL
Tras el nacimiento de un bebé y especialmente si se trata del primero, la madre entra en una nueva y única organización psíquica que denomino constelación maternal.
Organizadora de la psique, esta "constelación" determinará un nuevo conjunto de tendencias a la acción, sensibilidades, fantasías, temores y deseos.
Obliga a los clínicos a adoptar un marco distinto de tratamiento con un nuevo tipo de alianza terapéutica.
Se trata de una nueva organización temporal cuya duración es muy variable, ya que oscila de meses a años, pero durante ese tiempo se convierte en el principal eje organizador de la vida psíquica de la madre y deja a un lado las organizaciones o los complejos nucleares previos que ocupaban ese papel central.
En cierto sentido, la madre sale del complejo de Edipo (o lo que se considere el eje organizador nuclear) y durante un período importante, pero transitorio, entra en una constelación maternal.
Esta no aparece como otra variante o derivada de las construcciones psíquicas ya existentes, sino que se considera por derecho propio una construcción única e independiente de gran magnitud y completamente normal en la vida de la mayor parte de las madres.
(La situación es algo diferente cuando se aplica al padre).
Si no se aprecia el carácter y la predominancia de la constelación maternal, es difícil llegar a los principales temas subjetivos que experimenta la madre, la estructura de los problemas para los que busca ayuda y la forma de alianza terapéutica que más necesita.
La constelación maternal hace referencia a tres preocupaciones y discursos diferentes que tienen lugar, tanto internamente como externamente:
1.- el discurso de la madre con su propia madre, especialmente con-su-propia-madre-como-madre-cuando-ella-era-niña;
2.- el discurso consigo misma, especialmente consigo-misma-como-madre; y
3.- el discurso con su bebé.
Esta trilogía maternal se convierte en su principal preocupación en el sentido de que requiere la mayor parte de su elaboración y de su reelaboración mental.
Tras el nacimiento del niño, la madre experimenta un reordenamiento profundo de intereses y preocupaciones que pasan a centrarse:
más en su madre que en su padre;
a tener más que ver con su madre-como-madre que con su madre como-mujer-o-como-esposa;
a tener más que ver con las mujeres en general que con los hombres;
a tener más que ver con el crecimiento y el desarrollo que con la carrera profesional;
a tener más que ver con su marido-como-padre-y-referencia-para-ella-y-el-bebé que con su marido como-hombre-y-compañero-sexual; y
a tener más que ver con su bebé que con casi todo lo demás.
Ha empezado a existir una nueva tríada psíquica, madre de la madre-madre-bebé y se ha convertido en el eje de organización dominante.
Los temas del "complejo edípico positivo" en los que la madre se identifica con su propia madre y ésta le da permiso para convertirse en madre, siguen siendo esenciales, pero se hallan bajo la influencia de la constelación maternal, no del complejo de Edipo.
Cuando una mujer se convierte en madre surgen varios temas asociados:
¿Puede mantener en vida al bebé y hacerle crecer? Tema de la vida y del crecimiento.
¿Puede relacionarse afectivamente con el bebé de forma natural y garantizar el desarrollo psíquico del bebé para que sea tal como ella lo desea? Tema de la relación primaria.
¿Sabrá la madre cómo crear y permitir los sistemas de apoyo necesarios para cumplir estas funciones? Tema de la matriz de apoyo.
¿Será capaz la madre de transformar su propia identidad para permitir y facilitar estas funciones? Tema de la reorganización de la identidad.
Cada uno de esos temas conlleva un grupo organizado de ideas, deseos, temores, recuerdos y razones que determinará o influenciará los sentimientos de la madre, sus acciones, interpretaciones, relaciones interpersonales y otras conductas de adaptación.
Esta organización también puede estructurar aspectos de su vida psíquica que van mucho más allá de la fase en la que predomina.
Denominaré constelación maternal a estos cuatro temas juntos y sus funciones concernientes y trilogía maternal a los tres discursos que la madre tiene que reunir.
La constelación maternal no es universal ni innata.
Describo un fenómeno observado en las sociedades occidentales desarrolladas y postindustriales, y encontrado casi exclusivamente en las madres.
Las condiciones socioculturales parecen desempeñar un papel dominante en la manera y el momento en que estas influencias psicobiológicas entran en acción.
Incluso bajo las mismas condiciones socioculturales, la emergencia de la constelación maternal no es obligatoria.
Sólo la mayoría de las mujeres, pero no todas, desarrollarán una verdadera constelación maternal completa o reconocible dependiendo de la cantidad de hijos que ya hayan tenido y de otras diferencias individuales.
La sociedad es relativamente tolerante respecto a la fuerza y calidad de la constelación maternal que elabora una madre, pero en lo que respecta a su conducta, esta tolerancia bascula rápidamente hacia el campo de lo extraño, patológico o directamente criminal (por ejemplo, negligencia o abuso de menores).
La fase de la constelación maternal no es un período crítico o sensible.
La organización psíquica que emerge durante esta fase puede ser permanente, transitoria o, más frecuentemente, permanentemente evocable.
Tema de la vida y el crecimiento.
La cuestión esencial es: ¿La madre puede mantener al bebé en vida? ¿Puede hacerle crecer y desarrollarse físicamente? Lo que está en juego es que la madre tenga éxito como animal humano.
Si fuese así, puede ocupar el lugar que le corresponde por naturaleza en la evolución de la especie, en la cultura y en su familia.
Este tema de la vida y el crecimiento genera una serie de temores que no forman parte normal de la constelación maternal.
Es el miedo al fracaso de la vitalidad y la creatividad animal.
Son variaciones posnatales de la serie de temores normales conocidos durante el embarazo como que el bebé nazca muerto, malformado o con aspecto de monstruo.
Este tema de la supervivencia es único durante el ciclo vital.
No es un tema que se derive.
No es otra versión de la castración, del aislamiento, de la fragmentación o de la propia muerte.
Estos temas no implican la vida del otro de la misma manera.
Es un tema de la vida esencial, único e independiente.
Los temas tradicionales tratan la supervivencia individual y la reproducción sexual.
Los temas de la constelación maternal recogen la historia a partir de este punto y se dirigen hacia la supervivencia de la especie una vez la supervivencia individual y la reproducción han producido la generación siguiente.
Tema de la relación primaria.
Se refiere a la relación socioafectiva de la madre con el bebé, el tema de la relación primaria, es decir, a las formas de relación que ocupan el primer año de la vida del niño antes de que empiece a hablar.
Ello incluye la creación de vínculos de relación personal, seguridad y afecto, la regulación de los ritmos del bebé, la manera de "sostener" y la inducción e instrucción de las primeras normas de relación humana que se establecen a nivel preverbal, como la producción y la recepción de señales sociales y de afecto, la negociación de intenciones y la intersubjetividad.
Estos son algunos de los principales elementos de la relación primaria que deben establecerse mucho antes de que aparezcan en escena la palabra y el símbolo, y antes de que el niño pase a socializarse fuera de la díada formada por la madre y el niño.
Dura más de un año e incluye la "pre-ocupación maternal primaria" de Winnicott, que sólo dura algunas semanas o meses después del nacimiento.
El trabajo de esta fase (preverbal, preedípica) se logra bajo la influencia de la constelación maternal.
Tema de la matriz de apoyo.
Se refiere a la necesidad de la madre de crear, permitir, aceptar y regular una red de apoyo benefactor y protectora de manera que pueda cumplir totalmente las dos primeras funciones de mantener al bebé en vida y fomentar su desarrollo psíquico y afectivo.
La desaparición relativa de la familia funcional ampliada para ayudar a la madre no ha sido sustituida de forma adecuada por otra unidad social ni en modo alguno por las estructuras médicas o sanitarias.
Por ello se ejerce una creciente presión sobre el marido y sobre la pareja para que faciliten la matriz de apoyo necesaria.
Tradicionalmente, la matriz de apoyo ha sido siempre una red femenina y maternal.
La primera y principal función de esa matriz es proteger físicamente a la madre, cubrirle sus necesidades vitales y retirarla durante algún tiempo de las exigencias de la realidad externa de manera que pueda dedicarse a sus dos primeras funciones.
El marido siempre ha desempeñado un papel importante en esta función, y ahora que la familia nuclear carga con la mayor parte del peso, tiene un papel mayor.
La segunda función importante de la matriz de apoyo es de carácter psicológico y educativo.
Después de que nazca el bebé la relación psicológica principal y más activa de la madre (aparte del bebé) se produce con las figuras maternas de su vida, aquellas personas que en la realidad o en la fantasía (para lo bueno y para lo malo) ofrecerán los aspectos educativos y psicológicos de la matriz de apoyo.
Al mismo tiempo se produce una menor relación con las figuras masculinas de la vida de la mujer y con los temas tradicionalmente vinculados a ellos (por ejemplo, temas sexuales y temas edípicos).
El marido, aunque se le necesita más para determinadas cosas como protección y apoyo, queda relegado frente a otros temas como la experiencia de la madre.
Si se pide al marido que también cumpla esta función, durante esa fase puede quedar "materializado", con las confusas consecuencias que conlleva este desarrollo para el posterior ajuste de la pareja.
Muchas parejas "nuevas" (que comparten los roles) se sienten más unidas y en mayor situación de igualdad si el marido ha tenido un gran papel práctico y psicológico y ha sido materializado.
También puede ser una experiencia positiva.
La relación de la nueva madre con su propia madre atraviesa una reactivación y una reorganización durante ese período, con la necesaria formación de modelos parentales positivos y negativos.
Uno de los mejores índices de predicción del patrón de vínculo afectivo que surgirá entre una madre y su hijo de 12 meses es la forma en que la madre habla actualmente sobre su propia madre y sus propias experiencias de niña con esta madre.
La distancia emocional actual y el clima creado por la madre con respecto a su propia madre, más su capacidad de reflexionar sobre esa relación y sus recuerdos, se convierten en factores importantes.
El marido es necesario para hacer de protector y amortiguador físico y práctico, de apoyo psicológico y como hombre, mientras la esposa ocupa los papeles complementarios.
Estos roles no son necesariamente compatibles y a menudo están desincronizados en los dos componentes de la pareja.
Su capacidad de negociar los cambios frecuentes de rol será el mecanismo para establecer su adaptabilidad y capacidad de imitación futura de la pareja.
Por qué el marido no puede cumplir el rol de apoyo psicológico como marido y como hombre.
Teóricamente, el padre podría cumplir ese rol, pero en la medida en que la nueva madre recibió los primeros cuidados de una mujer, cuando tenga su propio bebé necesitará y buscará la figura materna como parte esencial de la matriz de apoyo.
Tema de la reorganización de la identidad.
Se refiere a la necesidad de la madre de transformar y reorganizar su propia identidad.
La nueva madre debe desplazar su centro de identidad de hija a madre, de esposa a progenitor, de profesional a matrona, de una generación a la generación precedente.
A menos que pueda lograr incorporar estas transformaciones, las otras tres funciones de la constelación maternal se verán comprometidas.
Este tema de la reorganización de la identidad es a la vez causa y resultado de su nueva relación con las figuras maternas de la matriz de apoyo.
Esta reorganización es una necesidad evidente en el caso de que la madre vaya a alterar efectivamente sus compromisos afectivos, su distribución del tiempo y la energía y sus actividades.
La nueva identidad como madre, progenitor, matrona, etc., requiere un nuevo trabajo mental.
La necesidad de tener modelos es obvia y para ello revivirá la larga historia de sus identificaciones con su propia madre y otras figuras parentales/maternales.
Algunos pueden ser modelos negativos, pero modelos al fin.
Reaparece el proceso de transmisión intergeneracional.