El espejo siempre ha sido un referente importante en la construcción de la identidad, incluso algunas teorías hablan del estadio del espejo cuando el bebé logra el reconocimiento de que quien realiza los movimientos es el mismo que reconoce en el espejo.
Este estadio implicaría un aspecto del desarrollo de la identidad importante del que no nos despegamos nunca.
En la asociación de nuestra corporalidad siempre hay una imagen.
Y, cada vez más la imagen la hemos ido asociando a juicios de valor.
Entonces no importa reconocerse como grueso o delgado, alto o bajo, sino que estas características están asociadas social, cultural y personalmente a juicios de valor.
Actualmente todos sabemos cuales son los estándares de belleza que priman en nuestra cultura y cómo poco a poco han ido adquiriendo más importancia en los desarrollos personales.
En todos los países las estadísticas indican que no sólo han aumentado las cirugías y las diferentes alternativas estéticas, no sólo en las personas adultas sino que también en los más jóvenes.
Cada vez más jóvenes recurren a solicitar intervenciones de diferentes tipos, que intentan mejorar o subsanar defectos.
No tengo antecedentes de estudios acerca de la formación de estos juicios de valor en el desarrollo de los niños.
Sin embargo, desde la teoría y la práctica pienso que es un aspecto que tiene mucho que ver con el desarrollo y el medio social en el que los niños se desenvuelven.
Un niño de tres años por sí mismo no distingue a una persona linda o fea según lo que socialmente se entiende, sino más bien es un juicio ligado a los afectos.
Los niños ven que su madre es linda si existen afectos positivos que lo vinculan a ella.
Es sabido que cuando el mismo niño se enoja con su madre, puede encontrar que ella es fea.
Lo evidente es que en el inicio del desarrollo lo estético está ligado a lo afectivo.
¿qué pasa entonces cuando los niños crecen y segregan al que no es lindo, al que no es como yo pienso que el otro debe ser, etc? Este es un tema muy actual ya que no sólo se relaciona con el ideal estético sino que también con el desarrollo afectivo.
La identidad siempre se desarrolla conectada con lo afectivo.
Si el niño crece con una contención afectiva adecuada, entonces estará más preparado para enfrentar los procesos de la integración de la identidad.
(usted puede encontrar más información de este proceso en otros artículos que usted puede acceder con nuestro buscador).
La identidad no es sólo lo que nosotros creemos que somos, sino cómo creemos que nos vemos, quienes creemos que somos para los otros, etc.
Hay una dimensión de la identidad que se relaciona con la corporalidad, es decir, no sólo se relaciona con un aspecto del mundo interno.
¿Qué pasa con la dimensión afectiva de la relación emocional con nuestro cuerpo? Pareciera ser que más bien lo que existe es una dificultad en la relación de los afectos con nuestra corporalidad.
Esta pareciera ser una relación muy dependiente, es decir, si mi cuerpo creo que se ve bien (según lo idealizado), estoy bien, y mi autoestima está bien.
El cuerpo ha pasado a tener una gran importancia en la conformación de la identidad, en la autoestima y en otros aspectos de la vida como pareja, trabajo, etc.
Paralelamente la ciencia y la medicina se ha ido perfeccionando siendo posible cambiarlo prácticamente hasta lo irreconocible.
Hoy día cambiar muchos aspectos del cuerpo pasan por una decisión desde la voluntad y lo económico, no desde lo posible.
Entonces nos enfrentamos además a la omnipotente decisión de cambiar lo que evoluciona según la genética y los cuidados que le hemos dado a nuestro cuerpo.
El cuerpo evoluciona, el cuerpo y nosotros envejecemos y por ende cambia la distribución de lo muscular, de lo graso, de las facciones.
Desde el comienzo las cirugías estéticas han estado ligadas a revertir el envejecimiento.
El tema interno es ¿qué se cree que se está deteniendo?, la persona puede llegar a sentir a través de estos procedimientos que logran cambios internos.
Aunque éstos pueden influir, no se trata de una relación directa en donde lo externo modifique lo interno.
Desde la psicología y la psiquiatría parece ser que la respuesta sólo se encuentra en la integración de los aspectos reales con lo deseado, ¿quién soy yo y quien me hubiese gustado ser?, ¿cómo me veo y cómo creo que me debería ver?, ¿cómo he cuidado mi cuerpo?, ¿cómo voy envejeciendo?.
La integración de la personalidad toda la vida oscila entre los aspectos reales y los deseados, en un comienzo con quien realmente soy y los deseos de ser la persona que los demás desean y lo que yo creo que los demás desean.
Estos "juegos" internos están presentes desde el comienzo de la vida cuando se comienza el desarrollo de la identidad, para llegar al anhelado estado de integración de la identidad durante la adultez.
Probablemente es este aspecto, la identidad durante la adultez, lo que permite ir elaborando los duelos sucesivos que implica el envejecimiento.
Sin embargo, el aspecto más difícil es aceptar e integrar estos cambios del envejecimiento no sólo en el cuerpo externo, sino en la dimensión interna de la persona.
Tanto el crecimiento como el envejecimiento requieren una afectividad sana y madura con aquellos aspectos idealizados y con los aspectos reales.
Para poder aceptar los cambios a través del envejecimiento es necesario también ir aceptando los cambios internos de nuestra personalidad.
¿Qué vemos en el espejo?
Ps. Verónica López Porré