Inicio

Humanismo Psicoanalítico y la Guerra*

Cyro Martins

*Texto resumido y condensado por Psikis.cl de la conferencia realizada en la Facultad de Abogacía de Pelotas, 22/10/71.

Nuestro resumen está orientado a conservar los puntos que se refieren a la comprensión psicoanalítica del tema que nos preocupa: La Guerra.

Los subtítulos, las negrillas y los encuadres son de Psikis.cl.

Concientes de que pueden haber muchas personas que deseen una comprensión mayor del texto ofrecemos nuestra página para contestar preguntas y tratar de que todos entendamos mejor el texto.


El concepto de Bouthoul, el sociólogo francés que se hizo prominente, aunque no tanto cuanto merecía, por sus estudios sobre las guerras, enfocadas desde nuevos ángulos es que:


"la guerra es el homicidio organizado que se tornó lícito".


Esa concepción de Bouthoul es de alcance global, pues no abarca solamente la fenomenología manifiesta de la guerra, como incita también a investigar su génesis y el desarrollo de sus dinamismos latentes.
En el liceo, cuando niños, al leer en los compendios de historia que entre los pueblos primitivos la guerra era la ocupación principal, sentimos ingenuamente una cierta sensación de victoria sobre los bárbaros.

Pero, a medida que crecemos y la madurez se aproxima, ese sentimiento se desvanece.

En verdad, si tomamos, no los siglos egipcios, griegos o romanos, ni mismo el siglo XIX, sino nuestro ultracientífico y tecnocrático mundo contemporáneo lo que verificamos de más notable en el panorama de las naciones es la recurrencia del fenómeno guerra y el empeño profundo de sus presupuestos para adquirir armas con las que se puede enfrentar la guerra en vigencia o la que siempre puede venir.
Durante siglos, la palabra Patria, vocablo lleno de magia, no necesitó argumentos para justificar las guerras.

Bastaba proclamar que la Madre-Patria estaba en peligro y que había sido ofendida, para que sus hijos se levantasen unidos, al sonido de los clarines, para defenderla, lavando con la sangre la honra manchada.
En realidad, hubo una demora para que los expertos en locura resolviesen enfocar, con los instrumentos mentales modernos, el fenómeno guerra, evidenciando sus aspectos alienados, a través de la comprensión de sus causas profundas.

Ahora, sin embargo, cincuenta años después de la primera confrontación de Freud con el tema , surgieron muchos tremendamente capacitados para un diagnóstico fenomenológico exacto de la guerra.Y más que esto, preparados para una concepción psicoanalítica de la guerra, lo que significa aptos para estudiarla de acuerdo con el sentido de sus motivaciones inconscientes.


¿Esa concepción abarcará la totalidad del fenómeno o tan solamente un aspecto parcial de la verdad?


Pienso que los enfoques psicoanalíticos, de diversos autores, que configuran un conjunto doctrinario impresionantemente convincente, captaron lo esencial de todo el potencial destructivo de las funciones psicóticas de la guerra.

Y si hago referencia específica a funciones psicóticas es porque se admite:


La existencia de funciones realistas .


Las funciones psicóticas de la guerra se originan del instinto de muerte y se expresan en los sentimientos negativos que caracterizan:


la envidia,
la rivalidad desleal,
los celos mórbidos,
la competencia odiosa y
numerosos pequeños y grandes actos compulsivos.


Todos estos son factores desencadenadores de la acción destructiva.


Siguiendo por un camino mucho más largo que aquél que tenemos en la mente, desde la infancia y la adolescencia, delimitado por la rutina clásica de la enseñanza escolar, contemplemos, panorámicamente, sin simplificar demasiado la realidad, algunos de los relieves de los conocimientos humanísticos básicos de la cultura contemporánea.


No hay duda de que vivimos en una era de explosiones.

Una de ellas, y de las perniciosas para la buena comunicación entre los hombres, es la explosión verbal, que transformó medios positivos de civilización y cultura en factores deshumanizantes.


Los poderosos medios de información actuales: periódicos, radio, televisión, aturden por el resonar retórico y constante, ejerciendo una presión despersonalizante sobre el oyente o lector.

Las noticias cada vez más se alejan de su primitivo fin informativo para transformarse en promociones, obedeciendo al carácter tendencioso de sus fuentes de origen.

Con esa técnica de distorsión, a veces tan sutil que parece traducir realidades concretas, se contamina de falsedades la imagen cotidiana de la experiencia humana, haciendo progresivamente más confusa la visión transitoria de la contingencia histórica.

Al lector de periódicos, al radioescucha o al espectador de videos o de cine siempre le están vendiendo algo, en la base subliminal del menor esfuerzo, del alfiler a la bomba atómica, del nirvana psicodélico a la guerra nuclear,
En buena parte, gracias a la visualización psicoanalítica del inconsciente humano la connotación de la palabra guerra está ahora sometida a otras concepciones que las tradicionales.

De esta forma, la celebrada grandiosidad, el brillo, el romanticismo heroico de las luchas de los pueblos, todo aquello que ayer la escuela enseñó como siendo lo que había de más importante en el desfile histórico de la humanidad, va cediendo lugar a una interpretación profunda del fenómeno guerra.

Me refiero a las motivaciones inconscientes, más poderosas y menos reversibles que los factores conscientes que influyen en la preparación, en la eclosión y en la sustentación de las matanzas colectivas.


Ya está sobradamente demostrado cuánto hay de falso, de contrario a los auténticos intereses de la humanidad destacar solamente aspectos políticos y económicos de la guerra, menospreciando las causas de origen abisal del psiquismo.

El sondeo de estas motivaciones eleva la condición humana, porque sitúa al hombre en la posición ambigua del dramático, en el cual lo cómico y lo trágico se intercalan, aguzando su facultad crítica y ayudándole a elaborar el propio destino.


Fantasías Inconscientes


Dicho sea de paso y a título de aclaración al lector no iniciado en estos temas, recordaré la concepción kleiniana de fantasía inconsciente, que sirve de base a la actividad práctica en la mayoría de los analistas.

Efectivamente, según el pensamiento de Melanie Klein, en la síntesis de Hanna Segal, la fantasía inconsciente es la expresión mental de los instintos y existe desde el inicio de la vida.

Y más aún, siguiendo a Hanna Segal: "Las fantasías inconscientes están siempre presentes y siempre activas en todo individuo".Y aun más: la fantasía inconsciente es el vehículo de vinculación a los objetos.Y además, cuando en psicoanálisis nos referimos a la fantasía no estamos insinuando un sentido de fuga de la realidad.

Al contrario, sin el amparo de la fantasía previa, al ser humano le cuesta más elaborar el impacto de los estímulos reales.


La contribución del psicoanálisis para la renovación del humanismo, por medio de la integración de su experiencia de más de ochenta años, en que se funda, hasta las bases orientadoras de las ciencias del hombre, que priman por la renovación constante, se ha impuesto sobre todo en el alivio de la preeminencia del divino, en beneficio del humanismo científico, postulando verdades que sugieren nuevos esquemas de trabajo e investigación.

Esta es la característica por excelencia del humanismo psicoanalítico, porque, neutralizando lo divino como factor predominante, sino único y exclusivo, de la casualidad existencial, elimina simultáneamente la creencia milenaria en la fatalidad del destino.

Esto significa que, para el psicoanálisis, cada hombre es el artífice de la propia suerte.

Ahí está un factor básico de la nueva ética existencial, de inmenso valor objetivo.
Ahora, establecida esta base teórica, encaremos, del punto de vista dinámico, el fenómeno guerra.


Dinámica de la Guerra

Vamos a empezar señalando que, en 1972, transcurrió el cuadragésimo aniversario del cambio de cartas entre Albert Einstein Y Sigmund Freud en torno de las causas profundas de la guerra.

Recordemos que este cambio de opiniones de dos genios de nuestro siglo ocurrió poco antes de la plena expansión delirante del nazismo.

La iniciativa de esta correspondencia famosa e ilustre le tocó a Einstein, bajo la égida de la Sociedad de las Naciones.


De su carta, todos los comentaristas destacan la pregunta, incisiva y un tanto afligida que le dirigió a Freud:


"¿Existe un medio de librar a los hombres de la maldición de la guerra?".


Freud respondió basándose en su teoría de la dualidad instintiva: por un lado, los instintos de vida, que tienden a conservar, a unir y a crear por la fuerza del amor, faz solar del hombre, que le comunica la alegría de vivir; por otro, las tendencias hostiles; que llevan a conductas agresivas contra el prójimo o contra sí mismo.

Es el rostro sombrío de la especie.


Fundidas equilibradamente, estas energías instintivas forman el substrato pulsional de la acción adaptada, culminando en el abrazo amoroso.


En la agresividad instintiva, Freud veía la raíz biológica de la guerra.


En el trecho final de la célebre misiva, explota, sin rodeos, la revuelta del sabio ante la monstruosidad de la guerra.

Sino, veamos este tópico:


"Las actitudes psíquicas que nos fueron impuestas por el proceso de la cultura son negadas por la guerra en la más violenta forma y por eso nos erguimos contra ella: simplemente no la soportamos más, y no se trata aquí de una aversión intelectual y afectiva, sino que en nosotros, los pacifistas, se agita una intolerancia constitucional, por así decirlo, una idiosincrasia magnificada al máximo".


Acentuando sus ideas a respecto de como evitar la guerra, afirma categóricamente:


"...

todo lo que impulse la evolución cultural, procede contra la guerra".



En síntesis, para Freud, la guerra, en cuyos escenarios se atenúan las exigencias éticas y estéticas, perfeccionadas a lo largo de la elaboración progresiva de la cultura, es sobre todo un proceso de deshumanización súbita del hombre.


Franco Fornari, italiano, ha sido el psicoanalista contemporáneo que primero se ocupó largamente del problema de la guerra.

En su pensamiento:


"la guerra es comprensible sobre todo como expresión de una regresión psicótica del Ego, socialmente institucionalizada".


La nota enfática de sus trabajos sobre el tema es el acento en los aspectos psicóticos del fenómeno guerra.


Fornari opina que "los mecanismos fundamentales que desde el principio llevaron a los hombres a la guerra permanecen esencialmente los mismos".

En la explicación de su tesis - La guerra y la elaboración paranoica del luto - recurre a argumentos de orden filo y ontogenético, esto es, se basa en datos referentes a los pueblos primitivos y en elementos recogidos en la observación del desarrollo del niño.

Finalmente, aplica la pauta explicativa, resultante de estos estudios, a las condiciones actuales de la sociedad humana.


¿Pero que significará ese título, porque es un título, y sugestivo: La guerra y la elaboración paranoica del luto?


Lo que tal vez va a confundir el lector común es el adjetivo paranoica, a pesar de circular mucho en los últimos tiempos y de ser uno de los insultos más frecuentes.

Pienso que un paréntesis breve será interesante.


Efectivamente, este adjetivo se refiere a la enfermedad mental paranoia, que se distingue de las demás psicosis por la predominancia del mecanismo de proyección, operación mental a través de la cual el individuo expulsa de sí y localiza fuera, en personas, acontecimientos o lugares, los sentimientos, los deseos experimentados con relación a los otros, que él rechaza de sí con ansiedad y con rabia, porque su conciencia moral los juzga inaceptables.


Naturalmente, se trata de un proceso inconsciente.


Como ilustración de paranoia colectiva, recordaré que, para la mayoría de las tribus primitivas, la muerte no es un acontecimiento inherente a las vicisitudes biológicas del individuo, pero es causada por la tribu enemiga.

"De tal modo, la pérdida de un compañero, interpretada proyectivamente como proveniente de la acción de la tribu vecina, podrá provocar una serie de guerras recíprocas." Guerras de venganza.
Por otro lado, la actitud de los primtivos con relación a sus antepasados muertos estaba dominada por intensos sentimientos de culpa, de tonalidad predominantemente persecutoria.

Para aliviar la angustia que tales sentimientos provocaban, el primitivo proyectaba, esto siginiflca que le atribuía a la tribu enemiga sus propios impulsos hostiles con respecto a su muerto.

Por lo tanto, cuando Franco Fornari habla de elaboración paranoica del luto, no está usando una metáfora.
Pero - se impone la pregunta:


¿Tendrán algo que ver con el civilizadísimo, cultísimo y complejísimo mundo electrónico de hoy las pasiones que arrojaban unas tribus sobre las otras?


"Podremos pensar - como subraya Fornari, irónicamente - que las guerras modernas son guerras racionales.

Por lo tanto, escaparían de este enfoque.

Si partimos, sin embargo, de la referencia básica que son los impulsos destructivos innatos del hombre y que Freud sintetizó en la concepción teórica designada instinto de muerte, expresión que comprende un impulso más la fantasía inconsciente de acción que le corresponde , y si apreciarnos la fenomenología de la guerra bajo este prisma, nos rendiremos a la evidencia de que los mecanismos psicológicos profundos que en todos los tiempos arrojaron unos pueblos contra otros, no obstante las variaciones manifiestas de contexto histórico, esencialmente continúan idénticos.


Esto significa que, en la esencia de la estructura operativa del fenómeno guerra, domina un factor invariable de irracionalidad, que objetiva su dinámica en la deflexión, hacia afuera, del instinto de muerte.

Como ilustración, vale el ejemplo que nos da Fornari al evocar, a título de argumento para su tesis, el caso de un héroe primitivo que arrastró a su tribu a la guerra como venganza de sangre por la muerte de la madre que él mismo había matado.
Enfocando la tensión persecutoria y la tensión depresiva, melancólica, de los pueblos, bajo el imperativo absoluto del instinto de muerte, Fornari argumentó con la retrospección filogenética, la de guerra entre los pueblos primitivos, y la ontogenética, o sea, la de la angustia del bebé delante de extraños.


En estos dos aspectos psicológicos, basó su teoría de la elaboración paranoica del luto como motivación inconsciente de la guerra.


En su concepción, solamente en segundo plano la guerra sirve para atacar o para defenderse de un enemigo externo.

La función primaria de la guerra sería defenderse de un enemigo interno, o sea, de aflicciones autodestructivas.


Pero


¿En que consistirá ese enemigo o peligro interno que constituye el contenido específico de la determinación inconsciente de la guerra?.


Ya antes que el psicoanálisis empezase a preocuparse más a fondo con este tema el notable sociólogo Gaston Bouthoull, considerado creador de la Polemología, o sea, la ciencia que estudia las guerras, ha dado la primera respuesta de largo alcance a esta inquietante pregunta.


De acuerdo con su tesis principal, las guerras tendrían origen en un impulso belicoso de la colectividad, "que a su vez tendría relación con un exceso de varones jóvenes en un determinado grupo".

Complicándose estas causas demográficas con las económicas, pues los recursos económicos disponibles son siempre balanceados conforme el número de sus usufructuarios, Bouthoul piensa que la guerra es fundamentalmente:


Un infanticidio diferido


y su función primaria sería, por lo tanto, la de exterminar el exceso de varones jóvenes.
Este, es el acento dramático de la perspectiva sociológica.

Retornemos ahora la perspectiva psicoanalítica.


Arnaldo Rascovsky, trabajando, no en el plano sociológico, pero en el psicoanalítico, profundizó la tesis de Bouthoul, señalando, en su ensayo La Matanza de los hijos, que:


La guerra es el más poderoso instrumento de realización de los impulsos filicidas de la humanidad.


Rascovsky considera la rebelión de los jóvenes, que sacudió tantos países en la década del sesenta, como, más allá de sus connotaciones antigerontocráticas, dirigiéndose principalmente contra la guerra.

Resalta el hecho de este movimiento haber involucrado mayor número de jóvenes y asumido mayor exaltación en los países culturalmente más desarrollados, tales corno los Estados Unidos, Francia, Inglaterra, Japón.


También registra "la sumisión desesperada y la resignación total" que se oculta en las manifestaciones de estas rebeliones ostensivas y que se evidencian en el uso de drogas y en la actitud regresiva con que se abandonan a la psicosis, bajo una forma más o menos socializada.


En su página La guerra como sistema, Rascovsky evoca el mensaje más patético de la incomformidad de la juventud actual contra esta civilización que no cesa de guerrear, mensaje, éste, según él, "resumido en un letrero irónico, frecuente en los Estados Unidos: La guerra es un buen negocio, invierta su hijo".


Basándose en los datos de la investigación psicoanalítica aplicados a la comprensión con profundidad del tema que nos ocupa, Arnaldo Rascovsky asegura con convicción:


"Que la motivación inconsciente fundamental de la guerra está constituida por la compulsión ancestral en mantener, mediante la matanza de los hijos, las bases del sacrificio humano originarias del proceso sociocultural.


De esta manera, el campo de batalla constituiría la pira primitiva de los sacrificios donde son inmolados los equivalentes actuales de los primogénitos ancestrales".


Otro autor, León Grinberg, de relieve en la literatura psicoanalítica actual, abordando este tema bajo el título Culpa y Guerra, fija la idea nuclear de su estudio en su teoría sobre la culpa persecutoria inconsciente, capaz de llevar a conductas extremas, tanto en la esfera de la sumisión masoquista cuanto en la de la violencia descontrolada.
Ya en 1930, Freud señalaba un tanto melancólicamente el magno obstáculo con que tropieza la evolución cultural humana: "la tendencia constitucional de los hombres a agredirse mutuamente".

Seguramente, de este famoso ensayo de Freud, El malestar en la cultura, muchos otros conceptos podríamos aprovechar aquí, pero el escogido me parece de esos que nacieron de la pluma del autor destinados a figurar como epígrafes.


Psicoanálisis y Destino


Pero el psicoanálisis tiene una posición definida en lo que se refiere al destino.

El destino es nuestro, enteramente, desde las raíces, eso es, desde el sustrato pulsional que desencadena la acción, para el bien o para el mal.


Nuestro destino es nuestro.

Nosotros lo hacemos.


Esta es una idea propia del Psicoanálisis.


No obstante la rica constelación de ideas culturales del pasado, las normas superiores del pensamiento que llegaron hasta nosotros a través de los sucesivos momentos reveladores de todos los humanismos, predominántemente del greco-latino y cristiano, los pueblos continúan viviendo, actualmente, en una exhaustiva inestabilidad, atormentados por las guerras, revoluciones y numerosas otras formas, manifiestas o disimuladas, de matanzas públicas.

Contra esta compulsión a repetir arcaicos clichés de la historia, agravados por las actualizaciones de la tecnocracia triunfante, lo que configura una realidad social espantosa, surge, incorporado a otros, el humanismo psicoanalítico, aplicación de los conocimientos en la profundidad que el Psicoanálisis ha cosechado en el individuo, a los dramas colectivos que más nos afligen, destacándose entre todos el fenómeno guerra, cuyas causas subyacentes urge descubrir.


Enrique Racker, abordando temas de esta magnitud, afirmó, categórico: "Una ciencia que descubrió los orígenes de los fenómenos anímicos está llamada, evidentemente, a mostrarlos siempre y donde la psique se manifieste".
De la evolución de esa actitud cultural moderna se tiene el derecho de esperar que se originen conductas más reflexivas, menos subordinadas a las técnicas deshumanizantes, tales como la movilización de la comunidad humana para el diálogo y la motivación para el examen de dos polos de la cuestión que siempre existen.


En el panorama cultural de los próximos treinta años , es bien posible que lo que hoy comenzamos a llamar de humanismo psicoanalítico se convierta en la base alrededor de la cual se trabará la polémica por los derechos del hombre a liberarse de la fatalidad del destino, a través de la progresiva concretización de su naturaleza.
Estableciendo ahora una correlación entre los últimos párrafos y el título de este ensayo, concluiremos sin dificultad que el psicoanálisis es la gran vía humanista contemporánea de las ciencias del hombre.

¿Y por qué? Porque, con la introducción del concepto de inconsciente dinámico en la psicología, ha ampliado la antigua visión estrecha del psiquismo confinado a la conciencia, dotándola, para fines culturales, de una sorprendente gama de significantes de la profundidad humana, impregnados de vivencias originarias de fuentes perdidas en el tiempo.

Representa igualmente un principio más para oponerse al preconcepto de la fatalidad histórica.
Nosotros lo sabemos, en esta era sin dioses, que la providencia está en el propio hombre.

Pero si no adoptarnos soluciones básicas, la lucha interespecífica proseguirá indefinidamente en la saña predatoria.


De la Conferencia Inaugural del IX Congreso Latinoamericano de Psicoanálisis (1972)


Citaré un trecho de los más expresivos de la Conferencia del Dr.

Guillermo Teruel Tossas, cuando inauguró el IX Congreso Latinoamericano de Psicoanálisis, realizado en Caracas, en 1972, como Presidente del Comité Organizador:
"Todas las religiones del mundo enfatizaron el polo del amor en sus doctrinas, especialmente la religión cristiana.


Con esto no se libró al ser humano de este instinto agresivo innato que lo convierte en el ser más destructivo sobre la tierra, porque mata y agrede por placer.


Lorenz escribe que es necesario conocer este instinto agresivo para poder desviarlo o inhibirlo como hacen los animales con la ritualización en la misma especie, una manera de evadir la agresión convirtiéndola en algo simbólico.

Las esperanzas de Robert Ardrey son de que, si la especie humana logró a través de los siglos y de una serie de medidas y tabúes preventivos evitar el incesto, también podría evitar la violencia.

El psicoanálisis descubrió recursos tales como la reparación (Melanie Klein) y la sublimación (Sigmund Freud) que necesitarían de la presencia de un Ego bastante fuerte y bien integrado.

A estas alturas de nuestra civilización es necesario hacer una integración con la biología, la ecología, la antropología, la sociología, la economía y el psicoanálisis, para enfrentar y llegar al desarme universal de la agresión destructiva, como única salvación que tiene el mundo antes de ser totalmente aniquilado por la agresión innata en el ser humano."
Este llamado dramático de uno de los más eminentes psicoanalistas de Latinoamérica, proferido en una oportunidad sumamente significativa, además de situar oficialmente al psicoanálisis como factor de cultura, en el contexto de la realidad histórica que el mundo está viviendo, demuestra como, de todos los sectores del saber, hasta mismo los más alejados a este tipo de manifestaciones, empiezan a surgir reacciones de orden ético que, poco a poco, se van sobreponiendo a aquel sentimiento negativo de sumisión a los jefes que conducen ejércitos hacia la muerte.

Esta actitud representa una protesta de orden cultural ante la orgía delictuosa de la guerra, con su perspectiva crepuscular de los pelotones de jóvenes que se extinguen, sucesivamente, para mayor gloria de la muerte y de sus disfraces coloridos.
Sin embargo, aunque las nacionalidades exhiban un escenario horrible de dilaceracion por las agresiones destructivas continuas, se percibe, a través de algunos cuestionamientos culturales, el psicoanalítico entre ellos, que nuestra época, a pesar de estos factores tremendamente negativos, elabora, poco a poco, ciertas directrices inspiradas en Eros, tendientes a unir a los individuos y los pueblos.


Discurso de Leo Rangell, Presidente de la Asociación Psicoanalítica Internacional, en la sesión inaugural del XXVII Congreso Psicoanalítico Internacional, en Viena, el 26 de julio de 1971


Siguiendo con el tema de la agresión citaré un pasaje importante de este discurso :


"Aunque el tema más debatido - que la agresión sea instintiva o reactiva - probablemente no pueda ser respondido con convicción metodológica basada en descubrimientos empíricos, su ubicuidad y naturaleza perentoria son según los criterios de Rappaport (1960), de nivel suficiente para ser tratados como instintivos en las explicaciones psíquicas.

Desde las acciones directas, pasando por las perversiones sexuales sádicas, hasta llegar .

al genocidio y a los fenómenos de la guerra, la agresión hace parte del ambiente humano interno y externo - mediano y presumible.

Tampoco constituye argumento válido contra su derivación de una fuente instintiva el hecho de que, con fundamento en eso, reduciría ella la prognosis del hombre y sería inaccesible a la influencia externa.

El psicoanálisis y, en realidad, cualquier evolución incluyen el control y la canalización de los impulsos instintivos".


Esta última frase encierra el esquema director de la práctica y de la pesquisa de las ciencias del hombre, que será tanto más fecundo cuanto mayor sea su infiltración en el espíritu de las nuevas generaciones dirigentes.

Solamente unos pocos están aptos para extraer de esta imagen brújula toda la riqueza que ella podrá ofrecer.
Ante el problema gigantesco de la explosión poblacional, excediendo a todas las previsiones, a juzgar por la alarma generalizada,


¿qué orientación nos servirá de brújula?
¿Serán suficientes las respuestas técnicas?
¿Las respuestas políticas?


La humanidad, que ya venía asustada por todas las amenazas características de la era nuclear, empieza ahora, paradojalmente, a entrar en pánico ante el relativamente bajo índice de mortalidad y del excesivo número de los que nacen y sobreviven, y de los longevos.

Las descripciones de los fenómenos manifiestos de esa problemática socioculural, basadas predominantemente en los números que la estadística suministra, son generalmente atrayentes y el lector las devora con avidez.

Las consideraciones finales suelen ser objetivas y precisas.

Y quienes las leen concluyen que, en la complejidad técnico-científica actual, la estadística es lo máximo, la computadora es lo máximo, en ésta y en otras materias.

Y dictará, correctamente, las medidas curativas y preventivas del mal.

Sin embargo, si nos dispusiésemos con coraje a la investigación y si fuéramos, con el auxilio de la técnica analítica, de afuera para adentro, mientras nos alejarnos de la realidad tangible y transponemos los Iímites de la inferioridad, penetraremos en la esfera subjetiva de las vivencias íntimas y luego constataremos, asombrados y un poco perdidos, que, en el reino de las fantasías inconscientes, donde impera la fluctuación constante de las emociones y de los impulsos instintivos, la pluralidad de las dimensiones simbólicas y alusivas es la nota dominante.

Y sobre estas sutilezas deberá incidir la investigación del destino humano.
Por cierto la solución de este problema descomunal requerirá, en cada país, la cooperación de todas las instituciones y clases.

Simultáneamente a la preparación emocional de las naciones para entrar plenamente en la era de los anticonceptivos, otros sistemas socioculturales deberán surgir, para adaptar a la especie a condiciones sanas que le permitan continuar existiendo.

Por este motivo, todo nuestro empeño deberá tener la finalidad de extraer vida del intercambio dialéctico de las contradicciones en conflicto en el presente.
Se pensaba hasta poco tiempo que la reflexión de estas nuevas formas familiares y sociales del bienestar sería tarea para las próximas generaciones, comenzando, tal vez, alrededor del año 2000 .

Pero el hecho es que ya estamos adentro de este proceso histórico, somos su sustancia viva y palpitante de angustia.


Sin ser grandilocuentes se tiene el derecho de temer la eclosión de una vivencia apocalíptica de fines de mundo a medida que las masas, de pocas defensas intelectuales y efectivas, vivan más inmediatamente bajo el impacto de la amenaza nuclear y de la explosión poblacional.


Estas dos vivencias de calamidad universal exacerban tanto el sentimiento de culpa persecutoria, como el presentimiento del abandono y la amenaza de hambre.

En efecto, la humanidad vive en el umbral de una era de trágica deseperación donde la culpa, forzosamente, se relacionará más con el futuro que con el pasado, con los que no nacieron que con los muertos, invirtiendo la fórmula de Augusto Comte.
A primera vista esta hipótesis podrá asemejarse a una pura fantasía, sin ningún sentido lógico.

Sin embargo, veamos si este razonamiento no se articula a la realidad naciente.
Así, tomando inconscientemente esta vivencia angustiosa de nuestros días como una humillación instintiva, la humanidad hará - ¿quién lo sabe? - una identificación proyectiva en masa, a través de la cual todos colocarán en los espectros de los no concebidos su propio temor de aniquilamiento.

Estarán todos a un paso de la perplejidad que podrá desencadenar una conducta regresiva, de carácter irreversible, motivada por la reactivación de las ansiedades persecutorias más primitivas y desordenadas, destruyendo todas las ideologías de vida que nos sirven de base y acarreando el riesgo del llamado a la defensa psicótica de la monstruosa actuación nuclear.
"El psicoanálisis se distingue de otras aproximaciones al estudio de los seres humanos - afirma llse Hellman - por el hecho de enfocar el estudio de la conducta humana en tres ángulos - el genético, el histórico y el dinámico - y por el propósito de encontrar conexiones causales entre los mismos".

Pienso sin embargo, que la trascendencia de su importancia se asienta en el estudio de la dualidad instintiva fundamental del hombre Y fue solamente porque se refirió a esta base que su esfuerzo comprensivo pudo despertar las valiosas contribuciones ya referidas para la aclaración del fenómeno guerra.
Lo que hay de nuevo realmente, en esta encrucijada histórica, si contemplamos objetivamente la línea evolutiva del pensamiento analítico, es su toma de posición frente a la agresividad.

Sin duda, para cumplir esos designios superiores, al lado de otras corrientes culturales de largo alcance y fecundas, tendrá que asumir la responsabilidad de las medidas propensas a deshacer los obstáculos procedentes del íntimo del individuo, porque ése es su terreno específico, el de las causas inconscientes que interfieren en el desarrollo de la actividad mental.

En ciertos casos le competirá presentir el error y señalarlo, para que otras disciplinas humanísticas se encarguen de las medidad correctivas, como en el caso de la educación, para la cual el psicoanálisis contribuye con sus concepciones de los efectos de la dependencia parental prolongada del ser humano y, consecuentemente, de las accidentadas experiencias infantiles.
La comprensión psicoanalítica no cesa de profundizar el conocimiento acerca del papel del hombre en el planeta.

La importancia de este conocimiento es evidente y, actualmente, imprescindible para una progresiva adaptación a las condiciones de vida en cualquier país.

Se espera que el futuro cercano nos anime en este sentido, mientras haya tiempo de evitar la hecatombe temida.

En el panorama cultural de los próximos treinta años, es probable que el humanismo psicoanalítico tenga la oportunidad de transformarse en la base alrededor de la cual se trabará la Iucha para liberar al hombre de la sombría fatalidad del destino, adquiriendo una progresiva concientización de su derecho a la alegría de vivir.
La intuición poética de unos y el saber científico de otros, unidos, podrán, tal vez, derivar la agresividad humana de sus rumbos destructivos y proporcionarle otro placer, el de reparar, el de sublimar, el de construir, en fin, ofreciéndole a los pueblos un camino común de entendimiento para que la imagen del mundo que amanecerá en el año 2000 brille atrayente, sin ser un espejismo.