LA OTRA CARA DE LA BUSQUEDA DEL IDEAL FISICO
En Aluba, un centro especializado, las consultas de varones en todo el país crecieron el 14% en 2003.
Además, el 12% de los chicos de 12 a 16 años tienen trastornos alimentarios.
Cuáles son las causas.
Cuesta pensar que un varón pueda rechazar la invitación a un cumpleaños para no tentarse con la comida.
Cuesta creer que un joven se encierre en un baño para vomitar la pizza que minutos antes tragó con voracidad.
Cuesta imaginarlas, pero estas situaciones existen: la bulimia y la anorexia no son sólo enfermedades "femeninas".
Los hombres también las padecen.
Cada vez más.
Argentina tiene, después de Japón, la mayor incidencia de anorexia y bulimia en el planeta, enfermedades que afectan a siete millones de mujeres y a un millón de hombres en todo el mundo.
Además, se estima que en Argentina el porcentaje de quienes padecen estos problemas es tres veces mayor que en los Estados Unidos.
Las cifras son de la Red Interhospitalaria de Trastornos de la Alimentación de la Ciudad de Buenos Aires (R.I.H.T.A.): una red de doce hospitales públicos donde actualmente se atienden 400 pacientes y sus respectivos familiares.
"La incidencia aumenta año tras año y se ha extendido cada vez más entre los varones", aseguran en la Red.
La Asociación de Lucha Contra la Bulimia y la Anorexia (Aluba) existe desde 1985 y ya trató más de 20.000 casos.
Sus estadísticas dicen que de los 2.000 pacientes que atienden ahora en las sedes de todo el país, el 10% son hombres.
Y que la tendencia va en aumento: "Del 2002 al 2003 se registró un incremento del 13,8% en las consultas masculinas", dicen en la institución.
Y dan más datos: descendió la edad promedio de las consultas de los varones.
En el 2002 era de 22,5 años y ahora es de 17,7.
Cada año, Aluba hace encuestas en distintos colegios de todo el país.
La última dice que de 90.000 chicos de 12 a 16 años, el 2% de los varones sufre bulimia o anorexia, y el 12% tiene algún desorden alimentario.
Ser flaco y tener un físico escultural pasó a ser un paradigma de éxito social.
Y muchos persiguen este ideal sin medir los riesgos: todo empieza con una dieta que se vuelve crónica y que puede desembocar en anorexia o bulimia.
El anoréxico tiene terror a engordar: se somete a dietas severas, cuenta las calorías de todo y usa laxantes o diuréticos para "purgar" el cuerpo.
¿Cuál es el precio? Vive pálido, muerto de frío, pierde mucho peso, se siente débil y sufre mareos.
Las conductas del bulímico, en cambio, pasan por los atracones, su forma de comer compulsiva y a escondidas, los vómitos autoprovocados, y también el abuso de laxantes y diuréticos.
Esto le provoca fatiga, dolores musculares, bruscos cambios de peso y hasta pérdida de dientes.
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), estas enfermedades llegaron a niveles "epidémicos" en algunos países occidentales, que tienen una tasa de mortalidad del 20%.
El exterior y el interior
¿Es posible que el anhelo de la delgadez extrema lleve a arriesgar la vida? No hay dudas de que la presión social para tener una figura perfecta contribuye a estas patologías.
Pero ese ideal de perfección, aseguran los especialistas, no es la causa sino la expresión de problemas personales más profundos y complejos.
"Está muy instalado que para lograr ciertas cosas hay que tener un físico perfecto.
Y eso incluye a los hombres.
Por eso cada vez hay más productos de belleza masculinos.
El problema es que en un ser débil o predispuesto, este mensaje dispara conductas patológicas", explica Marcelo Bregua, psicólogo de Aluba.
Gabriel Franco, nutricionista de la Asociación para los Trastornos de la Alimentación, asegura que cuanto más se difunden estas enfermedades (sus síntomas, sus conductas y sus consecuencias) aumentan las consultas, incluso en los hombres.
De todas maneras, aclara Franco, es difícil que un hombre reconozca que puede ser anoréxico o bulímico.
"La mujer lo tiene más asumido.
Al varón le cuesta pensar que tiene algún trastorno en la alimentación.
Además, hay bulímicos que en vez de vomitar o tomar laxantes queman las calorías de los atracones en el gimnasio de manera compulsiva.
Y se convierten en vigoréxicos" (ver "El mal de los gimnasios").
"La bulimia y la anorexia en la mujer están muy pegadas al tema de la imagen.
En el hombre, en cambio, acompañan más bien un proceso de depresión.
En chicos y adolescentes son llamados de atención a otros: estoy flaco, mirá cómo sufro.
O un gran miedo a crecer", explica Mariana Davidovich, psicóloga de Bulimia, Anorexia y Obesidad del Centro Dos.
Allí atienden 112 pacientes: 20 son varones.
"En los adultos es una manera de expresar la angustia.
La imagen para el hombre no depende tanto del espejo sino de conquistas fálicas: tener una mujer maravillosa, un buen trabajo, un gran sueldo.
Su imagen pasa por sus éxitos, y si siente que no los alcanza se angustia.
No tiene ganas de comer porque no tiene ganas de vivir", agrega Davidovich.
Para Bregua, estas enfermedades muestran conductas autodestructivas: "Son señales.
En general, las familias sienten culpa, pero la culpa paraliza.
Y lo que estos pacientes necesitan es apoyo, guía".
Marcela Coretti, médica de Aluba, coincide: "Hoy las familias son disfuncionales.
Los padres están todo el día trabajando fuera de la casa y a los chicos les falta contención".