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Preparan a docentes porteños para frenar abusos sexuales

Alejandra Toronchik. atoronchik@clarin.com

Les piden que escuchen a los chicos y les crean, pero que no los fuercen a hablar y menos a repetir varias veces su testimonio.

La escuela debe enseñarles a saber cuándo un contacto físico es afecto y cuándo no.


Ser chico no siempre es fácil: en las últimas semanas, una serie de casos relacionados con el abuso sexual a menores demostraron que el tema es tan frecuente como poco comprendido.

Y pusieron sobre el tapete la discusión sobre cuál debe ser el papel de las escuelas y los docentes ante estos hechos.

Por ejemplo: en General Roca, Río Negro, fue gracias a una clase de educación sexual escolar que una nena logró comprender (y denunciar) los abusos a los que la sometía su papá.

Mientras tanto, en el porteño barrio de Almagro, la escuela Ramos Mejía se vio sobrepasada cuando la denuncia de un chico de 4º grado (que dijo haber sido violado por unos compañeros) llegó a los medios sin que el resto de los padres estuviera al tanto del problema.

Y son conocidas la violencia suscitada en dos escuelas religiosas marplatenses.


Pese a estas contradicciones, hoy se espera de las instituciones educativas un creciente compromiso en la prevención, detección y denuncia del abuso sexual a menores, que muestra cifras para el infarto, como que 8 de cada 10 abusadores son padres, cuidadores o allegados a la víctima, y que por cada caso denunciado hay 10 que son silenciados.


"El abuso a menores es una problemática de vieja data ?-, pero hoy la escuela debe afrontarla de manera sistemática.

Por eso, desde el Gobierno de la Ciudad estamos empezamos a capacitar a docentes y directivos, no para que ellos traten el tema (para eso hay especialistas) sino para que sepan cómo detectarlo y a quién recurrir, tal y como lo ordena la ley porteña", afirma Flavia Terigi, subsecretaria de Educación de la Ciudad.


Desde el Centro de Pedagogías de Anticipación (CEPA) de la Dirección de Educación y el Consejo de los Derechos de niños, niñas y adolescentes brindan por tercer año consecutivo un curso específico sobre abuso y maltrato.

Además, la Secretaría de Educación está dando las últimas puntadas a un programa de capacitación destinado a unos 400 directivos escolares.


Por otra parte, hoy las escuelas cuentan con equipos especializados donde recurrir, al igual que el público en general.

"Al contrario de lo que sucedía en otros tiempos, cuando se premiaba el silencio, nosotros respaldamos a las escuelas, profesionales y familias que ayuden a desenmascarar y terminar con situaciones de abuso y maltrato a menores", agrega Terigi.


Con ella coincide María Elena Naddeo, directora del Consejo por los Derechos de niños, niñas y adolescentes, que sólo durante 2003 recibió más de 200 denuncias de niños y adolescentes por abuso sexual.

De Naddeo dependen las defensorías de menores que hoy funcionan en todos los CGP porteños.

"Ya sea que el abuso suceda dentro del colegio o en el ámbito familiar, la escuela es un ámbito privilegiado para prevenir, detectar y socorrer a los chicos abusados", asegura.


"Las escuelas están en deuda con los chicos, por ejemplo, cuando se niegan a enseñarles educación sexual.

Porque no podemos esperar que sean exclusivamente los familiares sobre quienes recaiga la educación y prevención, cuando muchas veces son ellos mismos los abusadores", advierte el doctor Norberto Garrote, jefe de la Unidad de Violencia Familiar del Hospital Elizalde.

Allí, el 60 % de las consultas recibidas son, precisamente, por abuso sexual a menores.


En el caso de que un chico se atreva a romper ese pacto de silencio y temor que lo ata al abusador, de los docentes y directivos se pide que sepan escuchar y, en primera instancia, que den crédito a lo que dicen los chicos.

"Creerle y no obligarlo a repetir varias veces el testimonio, porque eso es victimizarlo nuevamente causándole un nuevo trauma", asegura la jueza Lucila Larrandart, vicedirectora del Departamento de Derecho Penal de la Facultad de Derecho de la UBA.

Además, en los casos en que el presunto abusador haya sido otro menor de edad, Larrandart sugiere tener en cuenta que la mayoría de los abusadores han sido, a su vez, niños abusados.

"En vez de perseguirlo, hay que ayudarles con profesionales para que pueda cambiar su destino y no quedar estigmatizado en ese rol".


Para erradicar los abusos sexuales, los especialistas buscan, además, que los propios chicos sean, a su vez, plenamente conscientes de sus derechos.

"La escuela debe enseñarle a conocerse, a entender su cuerpo y a saber cuándo un contacto físico es afecto y cuándo no ?pide el doctor Garrote?.

Y a sentirse lo suficientemente respaldados como para pedir ayuda o decir que no a aquellas prácticas que les hagan mal o no les gusten".


Deberes de los colegios


Según Haydée Caffarena, directora de Educación de la Ciudad, "las escuelas tienen obligación de actuar (se hayan enterado directa o indirectamente), dando aviso a su equipo interdisciplinario para sondear primero y con mucha delicadeza la situación.

También se puede recurrir a los servicios especializados de la Secretaría de Salud o al Consejo de los derechos de niños, niñas y adolescentes, a través de las defensorías barriales (o a través de la guardia de 24 horas, a la línea 102)".


Los docentes no deben forzar a hablar a los chicos ni, por el contrario, intentar ocultar lo que pasa.

Lo mismo si se supone que el abuso sucedió en la escuela (por un profesor u otro niño).

"Lo primero es proteger al niño abusado y a la familia.

Pero en caso de que se haya corrido un rumor la escuela debe tomarlo y trabajarlo, poniendo a trabajar a los equipos de la defensoría, los Equipos de salud y los equipos interdisciplinarios de Educación, a disposición de chicos, padres y docentes".


En el caso de que a raíz de esto se produzcan reuniones entre directivos y padres, se debe escribir un acta o un registro de lo charlado entre padres y autoridades.

"Y los padres tienen derecho a tener una copia de ese acta de lo hablado".


 EDUCACION: CAMBIOS DE CONDUCTA


Las señales de alarma que se ven en los chicos


Los síntomas van desde el retraimiento hasta dificultades en el aprendizaje.


Hablamos de abuso cuando uno de los que participan de una experiencia sexual no está siendo plenamente libre.

Cuando un chico es obligado o convencido (a través de violencia, amenazas o seducción) por alguien que es mayor y por lo tanto más poderoso.

O por un chico de la misma edad, que está teniendo una conducta sexual que aprendió, a su vez, de un adulto abusador", dice el jefe de la Unidad de Violencia Familiar del Hospital Elizalde.


Obviamente cualquier tipo de abuso para Norberto Garrote debe distinguirse de las manifestaciones sexuales normales y sanas "que son muchas a lo largo de su crecimiento y pertenecen al área de su intimidad".


En el abuso sexual infantil existe una traición, ya que la persona que debería cuidar a ese menor es la que lo daña.

Y la traición se ve multiplicada porque según estadísticas recientes ocho de cada diez abusos son cometidos por padres, cuidadores o allegados a la víctima.


El abuso se da a través del contacto físico (tocar, besar, penetrar, masturbar) o no (observarlo, acosar verbalmente, mostrar genitales, exhibirle material pornográfico, obligarlo a cualquier práctica sexual).


El abusador generalmente pertenece a la familia o al ámbito más cercano y por ello el 30 por ciento de las víctimas no lo denuncia.


Pero la ley 173 de la Ciudad de Buenos Aires dispone que se capacite a los docentes en la detección de este tema.

Para ello, hay que tener en cuenta los siguientes síntomas.


En los más chicos (menos de 3 años y preescolar) aparecen conductas llamativamente eróticas o retraimiento, agresividad, regresiones y temores inexplicables, pesadillas, masturbación compulsiva, introducción de elementos en orificios anales o vaginales.


En los chicos en edad escolar los mismos indicios además de: dificultades en el aprendizaje, intento de obligar a otros chicos a tener algún tipo de práctica sexual, fugas del hogar, aislamiento, hostilidad o pseudomadurez, robos, mentiras reiteradas, sentimientos de tristeza, conductas riesgosas, violentas o autoagresivas.

También se encuentran dolores abdominales recurrentes, dolores de cabeza sin causa orgánica, trastornos de alimentación, regresiones, hacerse pis o caca encima, infecciones urinarias.


Signos físicos: lesiones, sangrado, infecciones inexplicables, presencia de otros signos de violencia, embarazo.