Es un estado de ánimo más o menos negativo que depende de la satisfacción que se obtiene del trabajo
Por muy atractiva que sea nuestra ocupación, tras once meses de duro trabajo necesitamos unas vacaciones.
Si el día a día es duro, con falta de tiempo para el ocio y el desarrollo de aficiones, la vuelta a la realidad tras un periodo de descanso puede aparejar lo que se ha dado en llamar una "depresión post-vacacional", un estado de ánimo pasajero que afecta a una de cada tres personas, pero que si persiste durante más de una semana -como le sucede a un 7% de los trabajadores- puede ser el anuncio de que algo no va bien.
Quienes más riesgo tienen de padecerla son quienes se encuentran en un ambiente laboral deteriorado.
Para prevenirla y afrontarla, lo más importante es mantener una actitud positiva y ser realistas.
La llamada depresión post-vacacional no es una enfermedad, sino un proceso emocional normal, más o menos negativo en cuanto que se relaciona con la satisfacción personal que cada uno obtenemos del trabajo.
Hay personas muy afectadas por el estrés laboral crónico y progresivo que soportan la situación por su carácter poco vulnerable, mientras que otras no son tan fuertes.
"Las vacaciones no son milagro absolutamente de nada", asegura el catedrático de Ciencias de la Conducta del Departamento de Medicina de la Universidad de Oviedo, José Antonio Flórez.
El trabajo seguirá siendo aburrido a la vuelta, como le ocurre al 50% de los trabajadores de la Unión Europea, según la Organización Internacional del Trabajo (OIT).
Si al desencanto relacionado con el regreso al trabajo se unen otros factores, como encontrarse en la primera fase del síndrome de Burnout (los afectados muestran insidiosos cambios de carácter, de personalidad, cinismo, irritabilidad, inestabilidad emocional, distanciamiento social...) o ser víctimas del mobbing, estas personas pueden llegar a padecer una depresión, "no por volver de vacaciones, sino por su incorporación a un medio hostil, agresivo, no solidario ni satisfactorio".
Mientras algunos profesionales de la psicología como José Gil Martínez, profesor del Departamento de Personalidad Evolutiva y Tratamiento Psicológico de la Universidad de Valencia, mantienen que el síndrome depresivo post-vacacional lo llegan a sufrir entre un 35% y un 40% de los trabajadores, hay otros especialistas, como el jefe del Servicio de Psiquiatría del Hospital Ramón y Cajal de Madrid, Jerónimo Saiz, para los que simplemente "no existe, porque no tiene entidad clínica".
Para el doctor Saiz la vuelta al trabajo después de las vacaciones es simplemente una dificultad más de la vida en la que debemos adaptarnos a una realidad que no siempre concuerda con nuestras expectativas.
"Si la depresión se asocia al regreso de las vacaciones es puramente una coincidencia; aquéllos que la sufren estaban enfermos previamente".
Otro psiquiatra, el doctor Enrique Rojas, sí cree que puede hablarse de "una cierta depresión.
El cuadro clínico que se observa es menor, en el sentido de que tiene una vida pasajera.
Se experimenta un empeoramiento del estado de ánimo como consecuencia de la vuelta a la realidad tras unos días de descanso sin mirar el reloj".
Para este especialista, la apatía, el cansancio, la tristeza y la melancolía acompañan a este periodo de adaptación que puede durar hasta 15 días y que acusan más las personas que tiene un trabajo en el cual "la relación interpersonal es nula, fría, seca, tensa o distante".
Según el psicólogo José Gil Martínez, un 7% de los empleados que vuelven a su trabajo tras vacaciones experimentan la depresión post-vacacional.
Pero esta dolencia sólo es preocupante si después de una semana siguen mostrando síntomas como agotamiento físico, ansiedad, hostilidad, irritabilidad, cambios de humor, insomnio, jaquecas y diarrea.
"Aprender a descansar es un arte y el ocio retrata la personalidad de cada uno", afirma el doctor Rojas.
Las vacaciones requieren una nueva estructura del tiempo y, de la misma forma, según Alfredo Muñoz, hay personas que no saben qué hacer con el ocio, posiblemente porque el trabajo no les ha dejado desarrollar hobbies: "la primera semana se lo pasan muy bien, pero a partir de ahí literalmente se aburren y sienten la misma insatisfacción que otros cuando vuelven al trabajo".
Para que la vuelta de las vacaciones no suponga un trauma hemos de procurar:
* No considerar las vacaciones como la solución a los problemas.
* No buscar denodadamente la felicidad durante ese periodo.
Se trata de una lucha continua.
* Gozar del tiempo improductivo y aprovecharlo para alimentar nuestro espíritu de energía mental.
* Descansar lo suficiente, pero no estar todo el día durmiendo.
* Cultivar aficiones que están soterradas que tengamos abandonadas.
* Dedicar un tiempo mejorar y profundizar en las relaciones con la familia y amigos.
* Planificar el ocio para disfrutarlo al máximo sin renunciar a detenernos ante un paisaje.
* Dedicar un tiempo a desarrollarnos como personas.
La lectura es una de las recomendaciones.
* Tomar las cosas con naturalidad, sea en vacaciones o fuera de ellas.
* Mentalizarse de que también podemos ser felices tras la vuelta al trabajo.
No tratar de incorporarnos a la vorágine a un ritmo muy acelerado.
Es mejor aumentar el trabajo de forma paulatina.
El psicólogo José Gil Martínez de la Universidad de Valencia propone una serie de estrategias concretas que pueden amortiguar el riesgo de depresión derivado de la presión laboral después de las vacaciones:
* Siempre que sea posible, anticipar progresivamente durante varios días el inicio de la actividad.
* Pensar que la angustia del regreso es un problema pasajero y hasta cierto punto normal, pero que debemos afrontar adecuadamente.
* Intentar hacer explícitos nuestros objetivos y que éstos sean reales y realizables, para dirigir nuestras actuaciones hacia ellos.
* Admitir las deficiencias propias, especialmente en habilidades de comunicación y manejo de emociones, y superarlas.
* Pedir apoyo a los demás: resulta muy sano tener a alguien para desahogarse emocionalmente.
* Reducir la ansiedad mediante relajación, paseos, deporte, yoga, meditación, etc.
Dedicarse unos minutos al día a uno mismo puede servir para aumentar la resistencia personal al estrés.
* Liberar tensión con actividades gratificantes fuera del entorno laboral.
* Facilitar, con la actitud y el comportamiento, una cultura de equipo.
* Admitir los límites personales y profesionales: no nos exijamos poder "con todo".
* Utilizar el acuerdo y la negociación, en contraposición a la imposición, como forma de resolver conflictos.
* Dentro del equipo de trabajo, facilitar un clima positivo y dar apoyo para ser reforzado y apoyado.
* Compartir la toma de decisiones.
Jerónimo Saiz, el jefe del Servicio de Psiquiatría del Hospital Ramón y Cajal de Madrid, es tajante: como no existe la depresión post-vacacional no tiene tratamiento, ni psiquiátrico ni psicológico.
Este psiquiatra tiene otra "receta" para quienes tras las vacaciones regresen al trabajo con la moral por los suelos: "que piensen en todos los que no han podido tomar vacaciones porque no tienen un puesto de trabajo al que reincorporarse".
Para el doctor Flórez Lozano, catedrático de la Facultad de Medicina de la Universidad de Oviedo, "un buen tratamiento psicoterapéutico individualizado es suficiente, oportuno y eficaz" cuando la incorporación al mundo laboral desencadena una depresión.
"Sería suficiente con reforzar la estructura mental y cognitiva sin excluir la terapia de pareja o de grupo.
No sería necesario acudir a psicofármacos, salvo en casos en los que se produzca inhibición, lentitud psicomotriz y angustia".