Bellavista y Suecia son los sitios más visitados por quienes buscan la adrenalina de participar en una riña.
"Ahí, en cualquier momento puede haber una pelea", dice Jorge, de 17 años, asiduo visitante de esos barrios y participante en ese tipo de situaciones.
No es un problema de los jóvenes, sino de toda la sociedad.
Por eso los expertos piden respuestas integrales.
"La idea es enfrentarse a las bandas enemigas y ganar, para que nos tomen miedo y ser más fuertes...
Dejamos a muchos cabros tirados en la calle por la paliza que les dimos.
No sé si alguno se habrá muerto".
Boris tiene 19 años y "viene de vuelta" en el tema de la violencia juvenil.
A los 16, estuvo 70 días preso: "Yo no quería, pero la ira me dominó.
Le enterré un abrecartas en el cuello y fue suficiente para que muriera".
Su víctima tenía 23 años.
Situaciones como ésta han impactado en los últimos días.
A las muertes de tres jóvenes en Santiago y Reñaca el fin de semana, se suma la agresión a un adolescente de Lo Espejo, que fue apuñalado por un compañero.
¿Cómo explicarse tales niveles de violencia a esta edad? Las causas son múltiples, dicen psiquiatras, sociólogos y educadores.
Y, por lo mismo, la forma de enfrentarla y de prevenirla debe ser multidisciplinaria e ir mucho más allá de dictar normas y prohibiciones.
Aprender a pensar
Recientes estudios han demostrado que los adolescentes no tienen una maduración cerebral que les permita un adecuado control de sus impulsos.
"De ahí la importancia de que no se expongan a situaciones que los lleven a la violencia, como las agresiones intrafamiliares o, por ejemplo, a un inapropiado consumo de alcohol", explica el siquiatra infanto-juvenil Ricardo García.
Esto se suma a que muchos jóvenes no tienen espacios de reflexión sobre su conducta.
"Una actitud reflexiva -que lleva a los valores y a ponerse en el lugar del otro- hace funcionar otras áreas del cerebro que pueden equiparar la parte más impulsiva", agrega el médico.
El aprender a razonar es un importante factor de contención de los impulsos.
De hecho, "muchos de los niños impulsivos desarrollan pocas estrategias para tener pensamientos más complejos", dice el médico.
Y cita un estudio en adolescentes con problemas conductuales del área norte de Santiago: "Se midió su nivel de estructura de pensamiento y se vio que muchos de ellos no llegaban a la abstracción: se quedaban en un pensamiento concreto".
"¿Y quién enseña a pensar a los niños y a los jóvenes, si los papás están ausentes del hogar y el sistema escolar no suele privilegiar los temas valóricos ni de autorreflexión sobre la propia vida"?, se pregunta el especialista.
Cristián Parker, doctor en Sociología de
"Ellos están en plena etapa de autoafirmación y en búsqueda de su identidad.
Y esa exploración, sobre todo en la cultura machista, se hace por la ley del más fuerte: quien pega primero y pega más es el más respetado".
Así lo confirma Jorge (17), asiduo visitante de los barrios Suecia y Bellavista, en Providencia: "Si alguien te mira feo, le pegamos no más.
Pero también las peleas se producen por el copete.
O cuando no hay plata, se la quitamos a otros".
Una justificación que se inserta dentro de lo que Parker llama "la cultura de la violencia", en la que entran algunos grupos juveniles.
Mónica Llaña, investigadora del Departamento de Educación de
"A esta cultura pertenecen jóvenes que se criaron en familias donde la violencia era la forma de resolver los conflictos.
Por lo tanto, ellos no se la cuestionan porque es el único modelo que tienen y lo asumieron de manera inconsciente".
Esa cultura de la violencia, dice Parker, se desarrolla en ambientes como el del "carrete" juvenil.
Y, ahí, se asocia con factores como el alcohol y las drogas, y otro que no deja de sorprender: pelear por diversión.
"No les echo la culpa a mis papás por cómo soy: peleo porque es emocionante y me gusta.
Y a mis amigos, también; por eso, se arman para los carretes", dice Jorge.
Los especialistas coinciden en que, por su complejidad, esta situación se debe abordar de una manera multidisciplinaria.
Tarea de todos
El siquiatra Ricardo García recuerda que a mediados de los 80, cuando residía en Canadá, tuvo la oportunidad de ver cómo ese país abordaba el tema de la violencia juvenil.
"Se formaron comités que analizaron el tema desde los distintos ámbitos.
Y a la luz de ese análisis, se propusieron las leyes para enfrentar el tema".
Mónica Llaña coincide en este planteamiento, el que aplicó en una estrategia de intervención escolar probada en dos liceos de Santiago con buenos resultados.
Trabajaron en talleres con profesores y alumnos, en los cuales reforzaron temas como la identidad, la empatía y la autoestima.
"Se ha visto que los jóvenes violentos tienen una baja autoestima.
Entonces, se les enseña a decir lo que piensan, pero sin ejercer violencia".
A los profesores se les capacitó con estrategias para conocer y entender la cultura juvenil.
Y ellos incluyeron a los padres en la tarea, entregándoles herramientas de crianza y resolución pacífica de conflictos con los hijos.
"El principal problema, para mí, es que los padres no se meten en el mundo de los hijos.
Y aunque saben que uno anda en malos pasos, nunca creen que sea tan grave", dice Joel (16 años), otro que viene de vuelta en el tema y que sabe lo que dice.
En pos de un carrete sin riesgos
Una serie de iniciativas han intentado ponerse en práctica frente a los riesgos del "carrete".
Entre las más conocidas está la de Enrique Evans, "Más temprano, mejor", que pretendía adelantar el horario de la diversión adolescente.
La iniciativa tuvo una amplia acogida entre padres y colegios, llegando a conseguir cerca de 80 mil firmas de apoyo.
La intención era pedir legislación al respecto, pero esto -explica Evans- chocó con los cambios en las leyes laborales, que rigidizaron las jornadas.
Entonces, los dueños de las discotecas eliminaron el turno de las 21:30 y ahora abren de 00:30 hasta las 7:30 horas, acoplándose a la demanda juvenil.
Contra eso no puedes hacer nada".
Nubia Becker, orientadora de
Ella coordinó el programa NocheViva que, hasta el año pasado, entregaba información de autocuidado a los adolescentes que carretean en Bellavista.
La iniciativa terminó por falta de fondos (europeos), pero sirvió para "saber más de las necesidades de los jóvenes".
Retratos hablados
Joel (16 años)
"A veces, hasta una mirada fea puede causar la muerte.
Si le dices algo a un loco y él cree que le estás faltando el respeto, es pelea segura.
Los cabros con plata se preocupan más de la ropa, pero yo he notado que todos quieren ser choros, como que te da respeto ser más valiente.
Te hace sentir mejor".
Boris (19 años)
"Uno con el tiempo es reconocido por pertenecer a un grupo, y la gente que no lo sabe es la que saca la peor parte, porque al enfrentarte a un miembro de la banda te metes con todos".
Jorge (17 años)
"Yo he apuñalado a tres cabros, pero no han muerto, han terminado en el hospital no más.
A mí nunca me han herido, pero igual he tenido que correr cuando me han agarrado a balazos".
Ernesto Lizana, director del colegio "
"La comunicación al interior de la familia casi no existe; los padres se dedican a trabajar y no hacen un esfuerzo por conversar con sus hijos.
Hay padres a los que llamamos coadictos, porque encubren a sus hijos y los protegen a pesar de los problemas que provocan".
Golpes
El 71,2% de los niños y jóvenes que son víctimas de agresión no familiar dicen que quien los golpea es uno de sus pares.
Estudio de Victimización Infantil, Fundación Paz Ciudadana.