Muchos niños a diario son blanco de burlas de sus compañeros, lo que no es nada nuevo, porque cada uno de nosotros puede recordar algún tipo de escenas si pensamos en la época escolar.
La percepción de que los niños son crueles no es nueva tampoco, pero estas dinámicas a veces se hacen intolerables para profesores, padres y los niños.
Pensar que hay niños buenos y malos, no soluciona el problema, más bien los estigmatiza como posiciones irreconciliables.
Por otro lado, desde la racionalidad todos sabemos, y los niños también, qué es lo que molesta y lo que duele, y en la mayoría de los casos las actitudes persisten aún sabiendo que esto hiere al otro.
Es decir, al molestar se conocen los efectos que esto tiene en el otro.
Que un niño sea blanco de burlas, es porque los demás perciben algo en él que es frágil, y por lo tanto, por ahí entra la agresión.
Todos tenemos aspectos frágiles, pero qué hacer cuando más encima los demás lo perciben y se hacen cargo de enrostrárselo constantemente.
Como Psikis, pensamos que este es un problema que en este nivel debe ser tratado por un especialista que ayude al niño como a su familia a tratar este tema.
Muchos padres ante la angustia de ver a sus hijos agredidos, piden que se culpabilice a los demás.
Es cierto que la sanción al agresor siempre es una buena medida, pero esto no debe empañar otra realidad.
Esto es ¿qué pasa con mi hijo que permite esta agresión?, ¿qué pasa con sus propias habilidades para defenderse entre los pares?, ¿qué pasa con su autoestima que en vez de reaccionar, se victimiza buscando el refugio de un adulto?
Reflexionar en una situación de psicoterapia con un especialista puede ayudar a entender sobre otros procesos que puedan estar desarrollándose inadecuadamente en el niño.
Si nos quedamos con una visión simplista pensando que el otro es el malo, y que mi hijo es la víctima buena, no nos ayuda a salir del problema.
La mirada también debe ser para quien agrede, porque hay que pensar qué pasa con él que desplaza su fragilidad al otro y de esta manera la desconecta de sí.
La inseguridad y el terror de ser blanco de burlas, puede causar una conducta reactiva, siendo él el líder.
Todas las características de los niños responden a procesos psicológicos internos.
Las conductas son reflejo de los conflictos, angustias y temores que nos aquejan.
Una mirada conductual, no permite que haya un cambio de actitudes ni un cambio en las dinámicas internas que se están intentando resolver.
Instamos a pensar a dar espacio a la reflexión, ya sea en la reunión particular con la profesora, en los consejos de curso, o en las reuniones de apoderados.
La caza de bruja de los culpables y su señalamiento, no sirve para un cambio interno.
Es importante que el padre o madre de un hijo que es molestado, piense en si mismo, en lo que habrá pasado en su propia experiencia escolar, en el grado de autonomía que permite en su hijo, en el grado de confianza, y sobre todo, en la posibilidad de que este hijo tenga permitida la expresión de la rabia.
Así como enseñamos a amar a los niños, también es importante permitir la adecuada expresión de la rabia.
No es que sea bueno o malo expresarla, lo que sucede es que es un sentimiento inherente a los seres humanos que necesita su canalización.
Su omisión y su represión pueden estar causando la fragilidad en los niños y, que los otros perciben.
Pensemos que es como andar en una guerra sin defensa alguna donde el sentimiento del vulnerabilidad que nos invadiría sería enorme y angustiante a tal punto que probablemente no daríamos la lucha y nos dejaríamos vencer.
La expresión de la rabia es buena, y entre los pares es esencial para poder resolver los conflictos.
Pero por sobre todo es una parte humana.