El dolor abdominal constante en menores en edad escolar, la mayoría de las veces, no tiene que ver con bacterias o virus.
Cuando Hannah Scott (12) entró a quinto básico el año pasado, estaba tan nerviosa que no sólo sentía nudos en el estómago, sino un terrible dolor.
"Empezó en la mañana cuando salí de mi casa", recuerda esta niña delgada y pecosa.
"Y cuando llegué al colegio fue peor.
Terminé yendo a la enfermería día por medio y me mandaban a la casa".
Como los dolores de estómago continuaron durante meses, los padres de Hannah la llevaron a un gastroenterólogo pediatra, quien ordenó varios exámenes -radiografías, una colonoscopía y una endoscopía- para descartar algún problema grave.
Al no aparecer nada, se le diagnosticó síndrome de colon irritable, un desorden gastrointestinal sin ninguna causa orgánica y para el cual tampoco existe un tratamiento probado en niños.
Según el médico, no había nada que hacer.
Con el tiempo, Hannah empeoró tanto que sus padres la sacaron del colegio.
Del 10 al 20 por ciento de los niños en edad escolar sufre de dolor abdominal recurrente severo.
Pero muchos de ellos padecen esta dolencia por más de un año y medio antes de ser tratados correctamente.
Incluso, algunos nunca reciben tratamiento.
En ciertos casos, el dolor debilita tanto a los niños que faltan al colegio, a las actividades deportivas y sociales, y se arriesgan a quedarse atrás académica, física y socialmente, como también en su desarrollo.
Conexión neuronal
Según los expertos, las causas orgánicas como úlceras, inflamación y bloqueos intestinales son las culpables del dolor en una pequeña minoría de niños: entre el 5 y el 10%.
La mayoría sufre, en cambio, desórdenes gastrointestinales funcionales.
Los más comunes son el dolor abdominal funcional, en el que éste es el único síntoma; el síndrome de colon irritable, el cual produce dolor junto con diarrea o estitiquez, y la dispepsia funcional, en que al dolor se suman náuseas o sensación de saciedad.
Generalmente, a los niños que tienen dolor de estómago recurrente se los somete a una serie de exámenes invasivos.
Los hacen seguir dietas restrictivas y les dan grandes dosis de medicamentos que contienen ácidos o drogas contra la diarrea, las que pueden aliviar los síntomas, pero no hacen nada contra el dolor en sí.
A muchos les dicen que su enfermedad está "en su cabeza" o que la están inventando.
En opinión de especialistas gastrointestinales, muchos médicos no saben cómo tratar el dolor estomacal en los niños.
"Deambulan de médico en médico, se tienen que hacer más exámenes, hasta que las cosas mejoran o encuentran a un especialista que sabe cómo tratarlos", explica el doctor Carlo Di Lorenzo, jefe de gastroenterología pediátrica del Hospital de Niños de Columbus, Ohio.
En realidad, hay criterios claros para diagnosticar los desórdenes que causan el dolor abdominal recurrente, y para una mayoría de niños, el diagnóstico se puede hacer sin exámenes invasivos.
Los nuevos enfoques para tratar esta dolencia -terapia conductual cognitiva, técnicas de relajación, masajes y antidepresivos- ya se están utilizando en adultos, pero no existen suficientes estudios que apoyen su uso en niños.
En los últimos años, no obstante, expertos han empezado a entender más las conexiones entre el cerebro y el intestino, una relación que se refleja en las expresiones populares como "tener mariposas en el estómago".
El tracto gastrointestinal está inundado de células nerviosas y neurotransmisores.
Por ejemplo, alrededor del 95% del neurotransmisor serotonina se encuentra en el tracto intestinal.
La tensión, el nerviosismo, el miedo y otras emociones muchas veces despliegan su propio drama en los intestinos.
En los niños con dolor de estómago, el tracto intestinal se vuelve hipersensible a ciertos estímulos -por ejemplo, una leve cantidad de gas-, enviando una gran cantidad de señales de dolor al cerebro.
Caminos de tratamiento
El problema parece ser un desajuste en el envío de señales entre el cerebro y los intestinos, explica la doctora Lonnie Zeltzer, directora del Programa Pediátrico para el Dolor en la Escuela de Medicina David Geffen de la Universidad de California, Los Angeles: "Si existe un malestar progresivo se pueden desarrollar vías anormales de dolor, por lo que el volumen de las señales sube".
Todavía no se entiende bien qué causa esta hipersensibilidad, pero se cree que generalmente la desencadena un virus o una infección estomacal.
Expertos no saben por qué algunos niños y adolescentes desarrollan este problema y otros no.
Una pista puede ser que aquellos con dolor abdominal tienden a ser inusualmente preocupados y ansiosos.
A su vez, el dolor puede causar una mayor preocupación, conduciendo a un círculo vicioso.
Muchos expertos cuestionan que, en casos como éste, los médicos realicen una infinidad de exámenes para descartar enfermedades graves.
Esto porque el cáncer y otros problemas importantes no son comunes en niños y, habitualmente, van acompañados de otros síntomas como baja de peso, vómitos, fiebre, sangre en las deposiciones o, también, sarpullido.
Generalmente se les recetan medicamentos, pero existe alrededor de un 40% de pacientes en los que predomina el dolor y las drogas no logran mejorarlos.
A la luz del mayor conocimiento de los médicos sobre la conexión cerebro-intestinos, algunos centros han empezado a utilizar técnicas como la terapia conductual cognitiva, relajación, masajes y otros enfoques alternativos como una primera línea de tratamiento.
Estas técnicas intentan ayudar a los niños a relajarse con respecto al dolor: si no se preocupan de él, éste desaparece.
Pero el problema de estos enfoques es que tienen varios obstáculos por delante.
Algunos padres no quieren consultar a un sicólogo o siquiatra por temor a estigmatizar a sus hijos.
Y, por otra parte, los seguros de salud no cubren terapias alternativas.
Ayuda paterna
Para aquellos padres que tratan de ayudar a sus hijos ante dolores de estómago recurrentes, es clave comprender que no tiene que haber una razón orgánica para el dolor, explica la doctora Lonnie Zeltzer.
La especialista recomienda a los padres evitar los exámenes innecesarios, porque éstos mismos causan tensión.
Lo mejor, dicen, es que ayuden a sus hijos a aprender técnicas de relajación, como métodos de respiración o relajación para que los usen cuando estén tensos.
Los niños con dolor estomacal recurrente, advierten los expertos, deben seguir asistiendo al colegio y realizando actividades extraprogramáticas.
Estas distracciones ayudan a no estar centrados en el dolor, lo mismo que los buenos hábitos de sueño y el ejercicio.