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Los nazis gobiernan EE.UU. en la nueva novela de Philip Roth

Andy Robinson. LA VANGUARDIA Y CLARIN

CULTURA: REPERCUSIONES DE "EL COMPLOT CONTRA AMERICA"


El estado de guerra contra el terrorismo parece haber influenciado al escritor.

"Uno pasa las páginas con asombro y miedo", afirma una crítica de The New York Times.



La nueva novela del escritor estadounidense Philip Roth, The plot against America (El complot contra América) ?que acaba de salir en su país y que Sudamericana publicará en la Argentina el año que viene?, plantea una pregunta que resulta inquietante para muchos estadounidenses: qué habría pasado si Charles Lindbergh (1902-1974) hubiese derrotado a Franklin D.

Roosevelt (que en realidad ganó su tercer mandato al republicano Wendell Wilkie) en las elecciones presidenciales de 1940.

La respuesta, según el autor de Yo me casé con un comunista, es que habría pasado algo muy parecido a lo que ocurrió en las calles de Dresde y de Berlín.

Escuadrones de la muerte nazis merodeando, en busca de judíos, por las calles de Newark (Nueva Jersey), donde residen los protagonistas de la novela.

Afectado quizá por el ambiente de guerra contra el terror en EE.UU., Roth ha abandonado sus temas habituales ?represión, sexo e hipocresía de las clases ilustradas de Nueva York y Boston? para indagar en la historia política.



La idea de que EE.UU.

pudiera haberse sometido, como ocurrió en Europa, a un régimen filonazi, resulta explosiva para muchos norteamericanos e impacta de lleno en la ideología del aislacionismo americano.

"Roth parece estar provocándonos con la pregunta: ¿crees que las esvásticas son únicamente para otros países? Uno pasa las páginas con asombro y miedo", escribe el escritor Paul Berman en una larga critica en The New York Times.

Berman compara la novela con El talón de hierro (1908), de Jack London, en la que fantasea sobre una dictadura totalitaria en EE.UU., y con No puede pasar aquí, escrita por el Premio Nobel Sinclair Lewis en 1935, cuya visión del nazismo americano quizás ayudó a que jamás ocurriese la pesadilla.



En la nueva novela de Roth, todo lo que ocurre antes de la convención republicana de junio de 1940 es ?en la medida que la memoria de Roth lo permite? historia verídica.

La familia residente en un barrio judío de Newark se llama Roth.

El padre es vendedor de seguros de Met Life, al igual que el padre del autor.

Hasta el número de la calle es el mismo que el de la casa de los Roth.

Son ciertas también las simpatías pronazis de Lindbergh, héroe americano, adorado por el pueblo no sólo porque fue el primero en sobrevolar sin escalas el Atlántico, sino también por su digno comportamiento cuando su hijo, de 19 meses, fue secuestrado y asesinado.

Lindbergh visitó en 1938 la Alemania nazi, calificó a Hitler como un "gran hombre" y fue condecorado por Hermann Göring.

Tras vivir unos años en Londres regresó a EE.UU.

en 1939, mientras la guerra estallaba en Europa, y defendió una política de no intervención, cuestionando los motivos de "otros pueblos" favorables a que Estados Unidos entrara en una guerra que "pretende llevar a nuestro país a la destrucción".

Una referencia no demasiado camuflada a los judíos.

En un momento en el que las protestas y advertencias tremendistas contra los supuestos rebrotes de antisemitismo en Europa vuelven a nutrir el excepcionalismo norteamericano, la novela de Roth es un buen antídoto.

Pero, como escribe Joan Acocella en The New Yorker, la relevancia del libro "puede que no sea sólo la cuestión judía" sino algo más amplio.

"El estado de guerra permanente contra el terror puede haber figurado con el mismo peso que la Segunda Guerra Mundial en la gestación de la novela de Roth", sostiene.