Inicio

Déficit de atención e hiperactividad

El Heraldo.com.Colombia

Una mirada al otro mundo de los niños


 


De un 18 a un 23% de los niños que padecen transtorno por déficit de atención e hiperactividad desarrollarán una personalidad antisocial en la edad adulta, con graves repercusiones para la comunidad.


Todos los sentidos están volcados al exterior y permanecen cautivos por el medio ambiente.

Los sonidos, las imágenes, los olores y otras sensaciones pasan por su mente en forma desordenada, siendo incapaces de fijar la atención en un solo estímulo por mucho tiempo.


 


Cualquier rutina los aburre y pasan de una actividad a otra sin llegar a concluir ninguna, por lo cual son improductivos a pesar de su movimiento constante.

Al mismo tiempo, despliegan una gran energía y sienten una necesidad imperiosa por saltar, correr o realizar cualquier tipo de esfuerzo físico, pero es raro encontrarlos en reposo.

Cada una de estas sensaciones, sentimientos y actitudes son parte de un niño o adolescente con Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad, un trastorno que los lleva a vivir en un mundo aislado, del resto del mundo.


 


No es raro verlos al final del salón entre los niños rebeldes y de mala conducta.

Casi siempre, e injustamente, les ponen el rótulo de tontos o loquitos cuando en realidad su problema, merece una comprensión y un tratamiento especial debido a que tiene bases biológicas y genéticas.


 


No resulta extraño que los adultos y otros niños de su misma edad manifiesten desesperación al ver que nunca prestan atención ni se están quietos.

Sin embargo, deben comprender que padecen un trastorno mental muy particular del cual no son conscientes, y que sufren con el rechazo, el maltrato y más aún cuando descubren que sus logros académicos son inferiores al promedio de su curso.


 


CAUSAS


Existe un fuerte componente biológico y genético que explica casi en 80% el origen de la enfermedad.

Por eso, es común observar el mismo problema en varios miembros de una familia, sobre todo en los hijos de un individuo afectado.

El ambiente psicosocial inadecuado (privación psicoafectiva, situaciones de estrés), junto con algunas complicaciones que ocurren en la infancia temprana, interviene en una proporción pequeña de apenas 20%.


 


Existen creencias infundadas sobre las causas de esta condición médica.

Por ejemplo, no es cierto que sea producida por ver demasiada televisión o consumir azúcar en exceso.

Tampoco es debido a un mal ambiente escolar o problemas con los padres.

Por lo tanto, las dietas estrictas o el cambio frecuente de colegio no suele mejorar en gran medida la conducta hiperactiva.


 


SIGNOS Y SINTOMAS


Durante la etapa preescolar y el comienzo de la escolar (es decir, entre los 3 y 7 años) suelen aparecer las primeras manifestaciones.

Aunque comienza en la infancia, la evolución tiende a ser crónica y hasta un 50% de los pequeños continúan en tratamiento después de la adolescencia.

Así mismo, una proporción importante, todavía exhibe un comportamiento inadecuado cuando son adultos.

En el espectro clínico existen tres categorías principales de síntomas, a saber: déficit de atención, hiperactividad e impulsividad.


 


Las fallas de atención están representadas de diferentes maneras: son distraídos por naturaleza, no parecen escuchar y es necesario repetir varias veces las órdenes antes que sean obedecidas.

Olvidan con facilidad y suelen perder los objetos.


 


Se muestran descuidados en sus acciones, inconstantes en las tareas y cometen múltiples errores por no prestar importancia a los detalles.

Hablan en exceso pero les cuesta trabajo seguir el hilo de la conversación, pasando de un tema a otro en completo desorden.


 


 


El espectro de hiperactividad también tiene diversas manifestaciones.

Por lo general son los chicos más ruidosos de la clase y tienen dificultades al participar en actividades silenciosas como leer o dibujar.

Entran y salen del salón sin motivo aparente y es común verlos trepando, corriendo o saltando en circunstancias inapropiadas, cuando deberían mantener la calma.

Si están sentados hacen ruido con el lápiz, mueven los pies, juegan con las manos o realizan contorsiones hasta que finalmente se ponen de pie.


 


La impulsividad está reflejada de varias maneras: interfiere con las actividades de los demás, participa en conversaciones ajenas y obtiene conclusiones apresuradas.

No respeta las reglas de convivencia y es caprichoso en los juegos ya que no reconoce normas ni acuerdos.

Es típico que actúe antes de pensar y corre riesgos innecesarios por su incapacidad para prevenir los peligros.


Las complicaciones a largo plazo son innumerables si no son tomadas medidas oportunas.

Es común el fracaso escolar y los logros intelectuales son inferiores a los parámetros normales de su edad.

Esto ocasiona una gran frustración en el pequeño, que puede manifestarla de diversas maneras.

Por ejemplo, siente molestias corporales como dolor de cabeza o estómago cuando tiene que asistir al colegio, se torna irritable o temeroso, o bien, exhibe conductas agresivas o destructivas.

También disminuye la autoestima y aparecen cuadros depresivos, pues es consciente de las dificultades académicas y su incapacidad para conservar los amigos.

Además, no entiende por qué sus padres y maestros son tan severos, mientras que los compañeros de curso lo consideran desagradable, tonto o anormal.


 


"Los criterios para diagnosticarle a un paciente el Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad deben presentarse por lo menos durante seis meses en al menos dos ámbitos de su vida y tener seis de los nueve síntomas tanto de inatención como de hiperactividad, según sea el caso" explicó el Dr.

Harvey Parker, psicólogo clínico y co-fundador de la Asociación de Niños y Adultos con Déficit de Atención e Hiperactividad de los Estados Unidos (CHADD, por sus siglas en inglés).


 


EN COLOMBIA SE ABRE UNA NUEVA VENTANA


A pesar de la controversia que existe y la oposición de muchos padres, las investigaciones efectuadas en los últimos años han demostrado que los medicamentos son la mejor forma de tratamiento disponible para el déficit de atención e hiperactividad.

Es importante entender que son ayudas necesarias como serían los anteojos para una persona que no puede ver bien.


 


Algunos padres temen que tales productos generen adicción en los niños.

Esto es falso, la prescripción cuidadosa por un médico evita ese tipo de riesgos.

Incluso, las posibilidades de convertirse en adicto son mayores entre los individuos que no reciben tratamiento.

La estabilidad general -emocional, familiar, conyugal, laboral, incluso económica- de las personas que reciben tratamiento oportuno, es mucho mayor a la que se da en los individuos que no lo reciben.


 


Lejos de lo que se cree comúnmente, los tratamientos farmacológicos para el TDAH, protegen al niño contra el desarrollo de adicciones a otras sustancias, e incluso al alcohol.

Contar con un tratamiento más seguro y cómodo para los familiares y los educadores -quienes ciertamente tienen un papel muy importante en el tratamiento de estos niños- es vital.


 


UNA AYUDA MAS


 


El papel del docente va más allá de estar pendiente de que el niño se tome un medicamento.

Para que se pueda asegurar el buen tratamiento del niño, se espera que los padres y los docentes entiendan la naturaleza del problema.


 


Deben entender que el trastorno por déficit de atención, como cualquier otro, no es algo que el niño pueda eliminar por su voluntad.

Los responsables de su formación deben hacer muchas cosas tanto por el mismo paciente, como por los padres y los mismos maestros.


 


Los padres, por ejemplo, tienen una labor fundamental en el manejo de la disciplina, la autoridad y los problemas que se dan en casa.

En la escuela el maestro debe entender en qué consiste este problema, y saber qué puede hacer para que el desempeño del niño sea mejor.


 


Es muy común que a estos niños los pongan al fondo del salón de clases o los aíslen pues como son tan inquietos y molestan a sus compañeros o interrumpen la clase, los aíslan para que eviten problemas.

Ésta es una medida que lejos de solucionar el problema lo agrava, porque mientras más distractores tenga el niño peor será su desempeño.