La obesidad no sólo es una enfermedad sino también un problema para las aerolíneas.
Que los norteamericanos cada día pesen más les supone un gasto de 213 millones de euros en combustible
El 64% de los norteamericanos tiene exceso de peso.
MADRID. La obesidad ya no sólo es un problema para los que la sufren, ni tan siquiera para los sistemas públicos de salud que cargan con las consecuencias en forma de otras enfermedades a tratar; los norteamericanos han ido más lejos y la han personificado en las compañías aéreas.
Al incremento del gasto en combustible por el encarecimiento del barril de petróleo le ha salido un competidor, como es el sobrepeso en el pasaje, aunque aún no haya repercutido en el precio de los billetes.
Desde hace pocos meses, las aerolíneas han incrementando el peso medio de cada pasajero para calcular la carga que pueden llevar los aviones.
Lo han hecho añadiendo cinco kilos, los mismos que se ha elevado el peso medio de los norteamericanos en los últimos diez años.
E incluso han dado una cifra a los costes que supone la obesidad a las compañías, 213 millones de euros, según investigadores de los centros para el control y prevención de enfermedades de Estados Unidos.
La razón por la que las compañías han modificado los criterios para calcular la carga -uno de los principios de seguridad fundamentales en la aeronaútica- fue un accidente de aviación que ocurrió en Carolina del Norte.
Una investigación determinó que el origen del problema se debió a un problema de peso y distribución de la carga, lo que provocó esta respuesta de la Administración Federal de Aviación.
La gran pregunta, ahora, es si la decisión de las aerolíneas estadounidenses tendrá reflejo en las demás.
Y la respuesta parece ser positiva, a tenor de las cifras en el mundo.
La obesidad es tal epidemia en Estados Unidos que sus institutos de salud han recomendado que la cirugía bariátrica sea incluida como tratamiento regular en las pólizas de los seguros médicos.
Según los investigadores, de los 285 millones de habitantes en Estados Unidos, un 64 por ciento tiene exceso de peso.
El crecimiento de las tasas de obesidad parece no tener freno ya que, por ejemplo, los niños norteamericanos están engordando en estos momentos al doble de velocidad de como lo hacían sus padres hace tan sólo tres décadas.
La Administración estadounidense reconsideró el pasado mes de marzo la obesidad, al calificarla como «enfermedad» y abriendo, por lo tanto, nuevas líneas de tratamientos gratuitos.
Un problema mundial
Pero no sólo el problema del sobrepeso radica en Estados Unidos o Europa.
Un encuentro internacional sobre la obesidad celebrado recientemente en Suráfrica concluyó con una afirmación: «La epidemia global» de la obesidad está completamente fuera de control, sobre todo en países en vías de desarrollo.
Más de 300 millones de adultos tienen sobrepeso en todo el mundo y la mayoría padece enfermedades relacionadas, como problemas cardiovasculares, trastornos del sueño y diabetes, entre una larga lista.
Arne Astrup, presidenta de la Asociación internacional para el estudio de la obesidad, aseguró que «en África la obesidad es un gran problema, en la línea del VIH y la malnutrición.
Y está bastante claro -añadió- que la malnutrición y la obesidad pueden coexistir a la vez y en el mismo país».
En Suráfrica uno de cada tres hombres y más de una de cada dos mujeres adultas tienen sobrepeso o son obesos, niveles muy similares a los de Estados Unidos.
En Marruecos, el 40 por ciento de la población presenta exceso de peso, mientras que en países como Kenia o Nigeria la obesidad ya representa entre un 12 y un 8 por ciento.
Tradicionalmente, el continente asiático había escapado de la epidemia de la obesidad, debido a sus hábitos nutricionales.
Sin embargo, según datos expuestos en Suráfrica, una cuarta parte de la población de Oriente Próximo es obesa o presenta sobrepeso.
En países del Extremo Oriente, como Japón, las cifras de obesidad se han duplicado desde 1982.
De esta situación mundial tampoco escapa Europa, donde la obesidad está llevando a los niños a presentar cuadros precoces de enfermedades.
Para Phillip James, jefe de un grupo de trabajo internacional sobre obesidad, el único modo de controlar este mal es involucrar a los gobiernos.
Para el especialista, tanto si se trata del VIH como de la obesidad, si sólo se piensan soluciones que pasan por el tratamiento del problema final no se podrá acabar con la epidemia.
«Tenemos que asumir esa lección y ver cómo podemos cambiar el modo en que permitimos que las ciudades se desarrollen», explicó James, refiriéndose a las dificultades que hay en algunas urbes para hacer ejercicio físico y a lo fácil que es encontrar comida rápida.