Cuando las noches se hacen interminables
A pacientes graves se les realiza una polisomnografía, examen que permite detectar qué ocasiona el insomnio.
Entre el 10% y el 14 % de la población sufre de insomnio crónico, que de no tratarse puede afectar seriamente la vida.
Hace 10 años que Jaime Encina padece de insomnio, situación que ha trastornado su vida.
"Me cuesta mucho quedarme dormido y cuando lo hago, duermo muy poco: máximo como cuatro horas.
Esto me provoca dolor de cabeza y me pongo irritable.
Lo peor es que me he quedado dormido en el trabajo, mientras miraba la pantalla del computador.
Llevar una vida normal así es muy difícil", dice este ingeniero en computación de 28 años.
En Chile no hay cifras fehacientes que revelen la magnitud de los trastornos del sueño, pero se estima -según estudios internacionales- que seis de cada diez personas padecen algún tipo de problema, como sonambulismo, terrores nocturnos o narcolepsia, entre otros, siendo el insomnio uno de los más comunes.
Múltiples causas
El insomnio puede ser agudo o crónico.
En el primer caso la persona tiene dificultades para conciliar el sueño, debido a una causa específica y generalmente psicogénica (ansiedad, tensión, estrés).
Lo normal es que dure un par de días y termine cuando el problema se haya solucionado.
El insomnio crónico -a diferencia del anterior- se caracteriza por su larga duración (desde tres semanas a meses y años), y las personas que lo padecen tienen serias dificultades para iniciar y mantener el sueño, viendo deteriorada su calidad de vida.
"Andas todo el día cansado y cuando quieres dormir, se te quita el sueño.
Es una tortura", dice Marcelo Carvajal (59), director de un colegio en Quilpué, quien hace 3 años padece el mal.
La neuróloga a cargo de la Unidad de Medicina del Sueño del Hospital Clínico de la Universidad de Chile, Ledda Aguilera -también apoyada en estudios extranjeros-, estima que el insomnio crónico afectaría " a entre el 10 y el 14% de los adultos chilenos, cifra que aumentaría en la tercera edad".
Las causas que lo producen son múltiples y dependen exclusivamente de la historia clínica del paciente.
La coordinadora del Centro Médico del Sueño de la Universidad Católica, doctora Julia Santín, remarca que no es una enfermedad propiamente tal, sino que puede ser el síntoma de un mal mayor, y que no en todos los casos se soluciona con pastillas inductoras del sueño.
"Hay personas que hacen una consulta médica por insomnio crónico, y mientras se las trata se descubre que lo que les provoca el trastorno es una depresión.
Las crisis de pánico, estrés o una insuficiencia cardíaca, entre otros males, también lo causan", explica la profesional.
Buscando el origen
También es posible que el insomne padezca del síndrome de piernas inquietas -necesidad compulsiva de mover las extremidades inferiores, que no los deja dormir- y cuya causa específica se desconoce, aunque se ha notado que afecta a embarazadas y a personas con insuficiencia de fierro.
La incapacidad de dormir las horas necesarias -de 7 a 10 horas, dependiendo de la persona- impide la reparación física y mental del cuerpo.
Por esta razón cuanto antes se trate se evita que la falta de sueño cause estragos en la vida cotidiana.
Incluso hay insomnes crónicos que han llegado a quedarse dormidos mientras manejan.
"Cuando el paciente busca ayuda médica quiere una cura inmediata.
Lo primero, entonces, es explicarle que la solución no es tan sencilla, porque primero hay que buscar el origen del problema", expresa Santín.
Aunque a veces, agrega, simples cambios de hábitos alimentarios son suficientes.
"Hay pacientes que toman 3 litros de bebida o nueve tazas de café en un día, sin olvidar a los que fuman o utilizan drogas, y no entienden por qué duermen tan mal".
Cuando esto no da resultados, puede ser de utilidad realizar una polisomnografìa.
Este es un estudio -cubierto por las Isapres y Fonasa- que permite leer la calidad y cantidad de sueño mediante el uso de sensores eléctricos que se ponen en partes claves del cuerpo.
Y cuyas señales, mientras la persona duerme o intenta hacerlo, quedan registradas en un programa computacional.
"Los sensores analizan la actividad muscular y cardíaca, el flujo aéreo, el esfuerzo respiratorio torácico y los ronquidos.
Es decir, mide diferentes variables que puedan perjudicar el sueño", dice Aguilera.
La polisomnografía, además, permite descartar presunciones que perjudican el tratamiento del insomnio crónico.
"Hay personas que aseguran no dormir nada.
Pero al someterlos a este examen, se comprueba que sí duermen.
Con eso, sabemos que su real problema es que tienen una mala percepción del sueño y no insomnio", dice Aguilera.
Ya con los resultados, y según la causa del insomnio, se decidirá si al paciente se lo somete a una higiene de sueño (ver infografía), suministración de medicamentos, tratamiento sicológico (si es que sufre algún trastorno del ánimo) o a terapias de relajación.
"Encontrar una cura es factible en un alto porcentaje de los casos.
Depende de la voluntad del paciente buscar ayuda médica y después someterse a un tratamiento", puntualiza Aguilera.
Los peligros de automedicarse
"Todos los medicamentos son susceptibles de provocar efectos secundarios, que pueden ir de una simple alergia a causar una dependencia no muy sana", dice Julia Santín.
Por ello, es muy importante que el paciente consulte a un médico antes de automedicarse.
"Hay inductores del sueño que tienen una vida media muy prolongada, y es muy probable que quienes lo usan amanezcan sedados, lo que podría traducirse en accidentes de tránsito y un bajo rendimiento en el trabajo", explica la especialista.
El otro error de los insomnes es cambiar de un fármaco a otro indiscriminadamente.
O lo suspendan violentamente, lo que los condiciona a sufrir un insomnio de rebote que recrudece sus problemas.