Estas variaciones genéticas son específicas de la población nacional
Se trata de dos trozos de ADN que cuando están presentes simultáneamente explican el 90% de los casos de déficit atencional.
Esto permite hacer un diagnóstico exacto de la condición, sin correr el riesgo de medicar a niños que no padecen el trastorno y sólo son inquietos.
UN EXAMEN GENETICO permite hacer por $8.000 un diagnóstico exacto de déficit atencional, con lo cual se evita tratar con medicamentos a niños que sólo son inquietos.
Una condición evolutiva
Según el doctor Francisco Aboitiz, el déficit atencional representa una manera distinta de explorar el mundo y de distribuir el tiempo que se dedica a las cosas.
Los niños que lo sufren tienen problemas en mantener la atención en algo sin recibir refuerzos positivos, como sucede en la tradicional clase expositiva de la escuela.
Sin embargo, pueden mantenerse atentos cuando reciben refuerzos, como cuando juegan Nintendo.
"Estos niños son malos en tareas de atención sostenida, pero son mejores que los demás en trabajos de atención dividida, donde hay que estar atento a dos estímulos al mismo tiempo", asegura Aboitiz.
Visión periférica
Este científico ha estudiado la atención periférica de estos niños: los menores debían contar las veces que aparecía un rostro de mujer en el centro de la pantalla de un computador, donde se alternaba con un rostro de hombre.
Al mismo tiempo, alrededor de ese centro aparecían rostros masculinos y femeninos como flashes periféricos.
"El niño común realiza sin problemas la tarea, pero el menor con déficit registra lo que sucede en el centro de la pantalla y también lo que sucede en la periferia", revela el académico.
La combinación de dos genes explica el 90% de los casos de déficit atencional en Santiago.
Así concluye un estudio hecho en 28 familias que dieron su consentimiento para que a sus niños se les hiciera un detallado estudio genético.
Los estudios internacionales demuestran que son al menos cinco los genes que intervienen en esta condición, que se manifiesta desde los seis años y tiende a desaparecer en el 50% de los casos después de los 24.
Variación de dos genes
El estudio hecho por científicos chilenos descubrió que sólo dos genes, el DRD4.7 (receptor de dopamina) y DAT1.10 (transportador de dopamina) son los responsables de que los menores se distraigan, molesten a sus compañeros y saquen de quicio a sus profesores.
Su presencia conjunta es la más determinante, aunque cada uno por separado tiene una leve incidencia en esta condición.
El trabajo fue presentado para su publicación en el American Journal of Medical Genetics y sus autores postulan a fondos para extenderlo al resto del país.
Adicción y aventuras
"Hace dos años comenzamos a trabajar y sabíamos que hay asociación entre este trastorno y ciertos genes", explica el director del Programa de Genética de la Facultad de Medicina de la U.
de Chile, doctor Francisco Rothhammer.
En estos niños existe poca dopamina en el circuito nervioso llamado mesolímbico, lo que produce la impulsividad y facilidad para distraerse.
Además, esta deficiencia de dopamina hace que estos niños, al crecer, sean fácil presa de adicciones.
"Se ha visto asociación de este déficit con alcoholismo, tabaquismo, marihuana y cocaína, entre otras sustancias", advierte el doctor Rothhammer.
Es por ello que los adultos que sufren esta condición son conocidos como los novelty seekers o buscadores de sensaciones nuevas, ya que se hacen adictos al impacto de la adrenalina.
Nuevas poblaciones
La ampliación del trabajo busca estudiar otras poblaciones: "La pascuense presenta mayor incidencia de déficit, quizás porque cuando sus primeros habitantes se embarcaron en balsa para llegar a la isla necesitaban la impulsividad que caracteriza esta condición para lanzarse a la aventura", dice Francisco Aboitiz, neurobiólogo de la U.
Católica, quien participó en el proyecto junto con la neuróloga infantil Ximena Carrasco y a la sicóloga clínica Paula Rothhammer.
También estudiarán a los aimaras del norte que presentan menos déficit que el promedio de la población, así como los mapuches en el sur.
Detección y tratamiento
Al tener un mapa genético de la condición es posible precisar el diagnóstico evitando que cualquier menor inquieto reciba medicamentos sin necesidad.
Un perfil genético que detecte las variaciones que causan el déficit tendría un costo, dicen los investigadores, de $ 8.000.
A esto se suma que no todos los menores requieren drogas: pueden realizar meditación o yoga para controlar impulsos y focalizarse en sus tareas.
En EE.UU.
ahora se les enseña una técnica llamada neurofeedback para concentrarse en lo que hacen.