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Cualquiera puede ser un torturador

L. A. GÁMEZ/La Verdad Digital

Cualquiera puede ser un torturador si se dan las circunstancias, según un estudio
La tensión, las expectativas de los superiores y la presión de los compañeros son algunos de los factores que favorecen la violencia


Todos llevamos dentro una Lynndie England a la espera de la oportunidad para liberar a un monstruo.

«¿Podría cualquier mayor de dieciocho años haber torturado a esos prisioneros?», se pregunta Susan Fiske, de la Universidad de Princeton, respecto a los abusos a los que los soldados sometieron a reclusos iraquíes de Abu Ghraib.

La respuesta de la psicóloga da miedo: «Sí, desgraciadamente, cualquiera podría haberlo hecho».

Es la conclusión a la que han llegado después de analizar los resultados de 25.000 experimentos sobre el comportamiento humano en 8 millones de personas.


La revelación de las torturas en la cárcel bagdadí hizo que mucha gente se preguntara qué clase de monstruos eran aquellos militares.

Ese tipo de actos se ven favorecidos, según las psicólogas, por las expectativas de los superiores, la presión de los compañeros, la visión que tiene el maltratador del colectivo del que forma parte la víctima y la psicología del torturador.

Las autoras destacan que esto no implica que los acusados sean inocentes, sino que las responsabilidades se extienden a colegas y mandos.


Escenario límite


«La situación de la 800 Brigada de Policía Militar que vigilaba a los prisioneros de Abu Ghraib cumple los requisitos conocidos para favorecer las agresiones: los soldados estaban irritados y estresados, en un escenario de guerra, en peligro constante, eran insultados y hostigados por personas a las que se les había mandado salvar, y sus camaradas morían a diario».


Las autoras indican que conocer las claves que llevan a cualquiera a convertirse en un torturador es el primer paso para introducir elementos correctores en el Ejército y las empresas.

«Los directivos son responsables de la atmósfera de sus compañías», dice Fiske, para quien los altos y medianos ejecutivos son el equivalente de los mandos militares, porque controlan el contexto social que favorece o frena las conductas violentas.