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Describen distintos perfiles de las personas trabajólicas

Debora Gutiérrez. La Tercera

 


Bulímico, incansable, con déficit atencional o apasionado son los cuatro estilos de quienes son adictos al trabajo


 





E n Chile existe una suerte de orgullo a la hora de ser calificado como un adicto a las actividades de oficina y las horas extras.

De alguna forma, gran parte de la población laboral encaja en este perfil pues no en vano el país ostenta el octavo lugar del mundo entre aquellos con más horas trabajadas al año, con un promedio de 2.195 horas por cada empleado.


No obstante, la condición de trabajólico tiene connotaciones negativas que en otros países sí son reconocidas.

Por ejemplo, en Japón se asocia a un síndrome llamado karochi o muerte por exceso de trabajo.

Y en Holanda las personas ya manifiestan una condición llamada "enfermedad del tiempo libre", descrita como malestar físico (cefaleas, dolor muscular y náuseas, entre otros) en los fines de semanas o días en que no se trabaja.


El doctor estadounidense Bryan Robinson, autor del libro "Encadenado al escritorio", es severo en su percepción de los trabajólicos.

Para el experto es una obsesión o desorden compulsivo, ya que estas personas "no sienten que deben estar en el trabajo, sino que necesitan estar ahí.

Eso no es lo mismo que trabajar duro", acota.


A nivel chileno, estas personas buscan fundamentalmente competir y ganarle al resto de sus compañeros.

Esta es la percepción del sicólogo laboral Sergio Landaeta -coordinador del Area Organizacional de la Escuela de Sicología de la U. del Desarrollo-, quien agrega que los trabajólicos nacionales pretenden mejorar su imagen personal y su estatus.


"Esto no es patológico, pero sí produce varias alteraciones en la vida social y familiar de estas personas, porque su prioridad no son sus relaciones de pareja o sus hijos, sino que es el éxito laboral", agrega.

En general los trabajólicos se destacan por lograr cargos ejecutivos, carecen de relaciones privadas intensas, tienen pocos amigos y hobbies,lo que no implica una labor eficiente.

Según el doctor Robinson, en este mundo de obsesionados por el trabajo se pueden distinguir cuatro perfiles que a veces llegan a presentarse en la misma persona en distintas etapas de su vida laboral.


Trabajólico bulímico


"Esta persona siente que si el trabajo no está hecho a la perfección, es mejor no hacerlo" asegura Robinson.

Al igual que las personas con trastornos alimenticios, quienes alternan períodos donde restringen severamente su alimentación con fuertes atracones de comida, el trabajólico bulímico pasa por ciclos durante los cuales trabaja sin respiro y otros donde colapsa por un cansancio extremo.

Por eso suele no completar un proyecto aun cuando trabaja frenéticamente en él, termina agotado y disconforme con el resultado.


Trabajólico incansable


"Tenía que estar terminado ayer", es el lema que caracteriza a esta clase de obsesivos.

Adicto a la adrenalina e impulsivo, gusta de las labores con plazos de entrega apremiantes y, a menudo, asume más trabajo del que puede manejar.

Por lo tanto, siempre funciona a un ritmo que le impide prestar atención a los detalles de los proyectos que realiza.

Aunque su desempeño no es óptimo, tiene una imagen personal distorsionada: se autodefine como alguien con habilidades únicas y vital para su compañía.


Con déficit atencional


Entusiasta a la hora de presentar o aceptar varios proyectos nuevos en las reuniones de trabajo, suele comenzar su gestión en forma brillante.

Sin embargo, dice Robinson, a medida que las iniciativas avanzan se aburre fácilmente con los detalles, se muestra descuidado y no logra terminar sus labores.

Suele vivir con emoción los nuevos desafíos, por eso gusta de trabajos que implican alto riesgo.


Trabajólico apasionado


Metódico y muy escrupuloso.

Tiene problemas para dejar de lado el trabajo porque disfruta y se siente realizado en términos laborales.

De cierta manera "saborea un proyecto de la misma forma que un alcohólico puede disfrutar de un trago de vino".

Casi sin darse cuenta, genera carga laboral extra y le cuesta asumir que una labor ya está terminada.