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¡Qué susto!... Crisis de pánico se convierte en enfermedad frecuente

Paulina Salcedo G. Doctor Pedro Retamal. La Segunda

 


"Siento el ruido del mar y me vienen las taquicardias.

La gente se ríe de mí, pero es un miedo terrible a morir", cuenta una ingeniera comercial.


"Comenzaba a oscurecer y se me doblaban las piernas, creyendo que moriría", era el padecimiento de Diego López.


Ataca entre los 20 y 30 años de edad, tres veces más a las mujeres que a los varones.


Diego López sufrió su primer ataque en el Estadio Nacional.



La gira de estudios a Brasil prometía ser fantástica.


El curso de Beatriz, del colegio Divina Pastora, había trabajado duro para juntar los fondos y sólo faltaba subirse al avión.


Ahí comenzó su tortura.

Una tortura que no duró sólo las cinco horas de ese vuelo, sino que se prolonga hasta hoy.


El miedo se apoderó de la joven y, en breves instantes, su cuerpo empezó a temblar, sintió taquicardias y un frío sudor la empapó por completo.

Su rostro empalideció bruscamente.


Por desgracia, la pesadilla volvería a repetirse cada vez Beatriz pisara la escalerilla de un avión.

Con el agravante de que cada día sería peor.


"Poco tiempo después, regresando del norte, el avión tenía que hacer escala en Antofagasta.

Al descender, comenzaron las turbulencias y me puse histérica porque pensé que me ocultaban algo y que la nave se estrellaría.

Gritaba, lloraba y me quería bajar.

Creí que moría", recuerda.


Beatriz, ahora ingeniera comercial de 26 años, es una de los 400 mil chilenos que sufren de trastorno de pánico, una enfermedad que ha ido aumentando progresivamente en Chile y el mundo, de la mano con otras enfermedades mentales.


Según un estudio de la Universidad de Concepción, esta patología representa al 25% de todas las enfermedades siquiátricas.


No hay estadísticas específicas, pero los especialistas coinciden en que cada vez son más frecuentes los casos que deben atender en sus consultas.


"Las estadísticas mundiales de la Organización Mundial de la Salud muestran que todas las enfermedades mentales han aumentado.

Tanto así que, si en la década de los "90 la depresión era la cuarta causa de enfermedad que provocaba discapacidad, las expectativas para 2020 es que pase a segundo lugar", indica el doctor Pedro Retamal, del departamento de Siquiatría Oriente de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile y el Hospital del Salvador.


Y ahí también caen los trastornos de pánico.


Este mal, que afecta más a mujeres que a hombres -en una proporción de 3:1-, se gatilla por diversas causas.


Se sabe que aumentan las probabilidades de padecerlo en hasta 6 veces si algún familiar cercano lo sufrió.

También tienen peso las situaciones ambientales -como el consumo excesivo de alcohol, café, té-, y hechos de la vida laboral, social o familiar con alto contenido de estrés.


Las razones biológicas todavía no están claras.

Sin embargo, hay estudios científicos que indican que los ataques de pánico serían causados por anormalidades en el cerebro.

Específicamente, por disminuciones drásticas de un receptor de serotonina (llamado 5-HT1A) en tres áreas cerebrales.


Ni se atreven a salir a la calle


Los 20 años o los 30.

Esos son los momentos peak en que habitualmente aparecen las crisis de pánico.

"Las personas experimentan, por lapsos cortos y de manera súbita, un miedo enorme, taquicardias, sudoración, una sensación de peligro inminente.

Creen que se volverán locos, que se están infartando.

Es una tremenda sensación que impacta en lo físico y lo sicológico", explica el doctor Retamal.


La complicación más frecuente, y que se da en un tercio de los pacientes, es la aparición de la agorafobia: "la fobia a permanecer en un lugar presuntamente peligroso, del que no podrán escapar o donde no recibirán ayuda si sufren una crisis.

Por ejemplo, un túnel, el estadio, el cine, un bus o un avión".


El sufrimiento llega a tal punto, que las personas se inmovilizan.

En casos extremos, no se atreven a salir a la calle ni siquiera a los trámites más básicos.

Incluso, hasta pierden su trabajo.


"Tengo miedo de morir en un tsunami"


Beatriz supo que estaba enferma al navegar en Internet.

"Yo pensaba que lo que me pasaba eran tonteras mías pero después, investigando, me di cuenta de que esto era una enfermedad", comenta.


El drama es que los ataques de pánico de Beatriz no se han limitado a sus viajes aéreos.

Ahora el mar se ha transformado en una letal amenaza para ella.


Su familia tiene casa en El Quisco y su gran terror es que haya un maremoto y muera trágicamente.


-Cuando voy a la playa no duermo tranquila.

Siento el ruido del mar y me vienen las taquicardias, transpiro, me falta el aire.

Me pasa todas las noches, me desvelo y doy vueltas.

Hasta tengo pensada mi ruta de escape en caso de que haya un tsunami.

La gente se ríe de mí, pero es un miedo terrible a morir.


A tanto llega su pánico, que una tarde se disparó la alarma de una casa y ella creyó que era una alerta de tsunami.


"En mi desesperación, aunque mi mamá me decía que era la alarma de una casa, salí a la calle para ver si la gente corría...

Ahora, en todo caso, estoy un poco más tranquila porque tengo un amigo que trabaja en seguridad municipal y me prometió que me avisará de inmediato si hay amenaza de maremoto", comenta resignada.


No tiene cura definitiva


Sólo con medicamentos -entre otros, con el famoso Ravotril, uno de los ansiolíticos más consumidos en el país- y sicoterapia se puede tratar este trastorno.


Junto con el tratamiento farmacológico, se le deben enseñar destrezas al paciente para que maneje su enfemedad.

Sin embargo, éste es un trastorno que tiende a reaparecer.

Pareciera que no se consigue la curación completa, pero sí se logra el control.


Diego López, ejecutivo bancario y entusiasta hincha de la "U", nunca pensó que una visita al Estadio Nacional para ver al equipo de sus amores sería el inicio de sus padecimientos.


Bueno para los asados, las fiestas y el trasnoche, Diego estaba disfrutando del partido cuando, súbitamente, comenzó con taquicardias, abundante sudoración y ahogos.

Fueron tres minutos de mucha angustia.


Ese episodio después se replicó en el cine y la playa.


-Cuando estaba en la costa, sentía un enorme temor de morir.

Me angustiaba pensar que no había un hospital donde atender mis taquicardias, que sufriría un infarto y moriría.


Fue entonces cuando comenzó a deambular de doctor en doctor.

Los electrocardiogramas salieron buenos y todos le hablaron de estrés.

Pero él seguía sufriendo.


-Después tenía miedo de que llegara la noche.

Comenzaba a oscurecer y me empezaban las taquicardias y se me doblaban las piernas.

Me despertaba a las 3 de la madrugada, con ahogos, transpirando, creyendo que moriría.

Así estuve dos semanas hasta que una noche, después de una fiesta, fui a la posta porque me sentía muy mal.

Ahí me dijeron que lo mío eran crisis de pánico.


El ejecutivo fue al siquiatra y se sometió a un tratamiento con medicamentos y terapia donde le enseñaron a manejar sus crisis.


"Me explicaron que no me iba a morir, que yo podía hacer que los ataques pasaran más rápido.

Sé que me pueden venir en cualquier momento pero, si sé manejarlos, no tengo de qué preocuparme", comenta.


A veces, cuenta, le vienen algunos ataques "pero son pequeños.

Siento que me falta el aire y trato de controlarme.

Uno empieza a vivir con esto, pero con la idea de ir dominándolo".


La vida de Diego, después del tratamiento, cambió notablemente: "Recuperé lo que había perdido y la unión familiar es ahora mayor.

Mi señora nunca me cuestionó que yo me sintiera mal y estuvo siempre conmigo.

El apoyo de la familia es fundamental".


Qué las dispara


Varios factores pueden estimular la ocurrencia de una crisis de pánico:


Consumo de cocaína y marihuana.


Consumo excesivo de alcohol y cafeína (café y bebidas cola).


Consumo de pastillas para adelgazar y tabaco.


Trasnochar en exceso.


Ejercicio físico extenuante.


Patologías a la tiroides, bajas bruscas de presión o la glicemia, asma bronquial y trastornos del ritmo cardíaco.


Situaciones de vida muy estresantes.


¿Cómo ayudar?


Si alguien cae presa del pánico, lo primero que se debe hacer es tener una conducta acogedora y serena con el afectado, sin contagiarse con la urgencia de la situación.

Se debe entender que la persona está realmente asustada, pero hay que señalarle que la crisis no es peligrosa ni involucra riesgo de vida.


Si se trata de un familiar, uno debe informarse sobre los trastornos de pánico con especialistas y aceptar que se trata de una enfermedad, que requiere de tratamiento especializado y conductas de autocuidado.


En una etapa posterior a la terapia, y en acuerdo con el especialista, estimular el enfrentamiento de los miedos y temores según el ritmo de cada persona, reforzando los avances aunque sean pequeños.


Cuestionario: ¿Sufre Ud.

de pánico?


Una autoencuesta que sirve de orientación para saber si se sufre de tratorno de pánico es el siguiente:


1.

¿Experimenta ud.

alguna de las siguientes manifestaciones acompañadas de una intensa sensación de miedo: palpitaciones/aumento de la frecuencia cardíaca, sudoración, temblores, dificultad para respirar, sensación de ahogo, dolor en el pecho, náuseas, sensación de mareo o inestabilidad, miedo a perder el control o volverse loco (a), sensación de muerte, escalofríos, sensación de entumecimiento u hormigueo?


2.

¿Ha tenido por lo menos 4 de estos síntomas a la vez?


3.

¿Alcanzan estos síntomas su máxima expresión en menos de 10 minutos?


Si su respuesta es afirmativa a las 3 preguntas, entonces es posible que haya tenido un ataque de pánico.