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El lado oculto de la violencia juvenil

Carmen Rodríguez Fías. El Mercurio

Salud mental: Detrás de muchos actos vandálicos y reñidos con la ley hay problemas de salud mental, que, a juicio de los siquiatras, no se están detectando adecuadamente.

Ellos proponen que la nueva legislación sobre responsabilidad penal enmiende esta situación.


 






Médicos advierten que trastornos siquiátricos explicarían muchas conductas fuera de la ley en adolescentes.


 


 


Rafael, de 15 años, era un adolescente tímido al que le costaba integrarse con sus compañeros.

Pero nunca tuvo un problema con alguien.

Por eso nadie, ni en las peores pesadillas, imaginó que la mañana del 28 de septiembre iba a llegar a su escuela con un revólver de 9 milímetros, matando a tres compañeros e hiriendo a otros seis.


 


Esto ocurrió en la ciudad argentina Carmen de Patagones.

Y en esos mismos días, en Santiago y en Reñaca, se enterraban los cuerpos de jóvenes ultimados por sus propios pares durante carretes de fin de semana.

Después de eso, las noticias de violencia adolescente en distintos puntos del país no han cesado.


 


El problema del joven argentino correspondía al de una patología encubierta de la que nadie se percató.

Y muchos de los casos chilenos, dicen los siquiatras, a veces responden a lo mismo.

Los trastornos mentales pueden explicar muchas de las conductas violentas en los adolescentes.

Y, por lo tanto, con una intervención oportuna éstas pueden prevenirse o enfrentarse de la manera correcta.


 


Subdiagnóstico


 


Sin embargo, afirman especialistas en salud mental, a este factor no se le ha dado la suficiente importancia y estos males no se están detectando ni diagnosticando de manera adecuada.


 


"Estudios extranjeros indican que la prevalencia de trastornos siquiátricos en la población que cae en actos reñidos con la ley es el doble que la de la población normal.

Es decir, estaríamos hablando de que al menos el 40% de los jóvenes infractores de ley deberían requerir de atención siquiátrica", afirma el doctor Ricardo García, de la Sociedad de Psiquiatría y Neurología de la Infancia y la Adolescencia.


 


A su juicio, las políticas en este sentido han puesto el acento en los factores psicosociales, postergando los neurobiológicos.

"Muchas veces, la determinación de discernimiento de un joven la hace un sicólogo o, incluso, un asistente social.

Pero hacer eso requiere de mucha experiencia clínica.

Por eso, creemos que los siquiatras deben tener más presencia en este ámbito".


 


Carmen Andrade, encargada del Departamento de Derecho y Responsabilidad Penal Juvenil del Sename, cuenta que a los jóvenes infractores de la ley, un sicólogo les hace un diagnóstico psicosocial.

"Y, frente a la sospecha de una patología siquiátrica vamos al sistema de salud en busca de atención especializada".


 


A juicio del siquiatra Ricardo García, esto es insuficiente.

"Los sistemas de salud en estas áreas están con enormes listas de espera.

Y muchas de estas patologías requieren de tratamientos muy estructurados y prolongados".


 


El futuro de un adolescente que ha caído en actos violentos, subraya el médico, puede cambiar diametralmente si es abordado en la forma correcta.

Un ejemplo de esto es la reciente historia de un escolar santiaguino, de conducta ejemplar y buenas notas, que el día menos pensado fue detenido tras un acto de agresión en contra de su colegio.

El director no quiso expulsarlo: "Primero había que ver qué gatilló en él ese acto de locura".


 


Tras examinar la historia personal del adolescente, dice el director, "me di cuenta de que éste era un llamado de alerta, un grito enorme que había dado para que se preocuparan de él".

Y así fue, cuenta.

Consiguió la ayuda de buenos especialistas y hoy el joven está en tratamiento.

"Está feliz, integrado como nunca con sus compañeros y con las actividades del colegio.

Y es que toda la comunidad escolar tuvo gestos para reintegrarlo", afirma.


 


A juicio de la Sociedad de Psiquiatría y Neurología de la Infancia y la Adolescencia, la nueva ley de responsabilidad penal debería contemplar de manera específica la participación de siquiatras en el diagnóstico y en la rehabilitación de los jóvenes.


 


El senador Mariano Ruiz-Esquide, quien invitó a estos profesionales a analizar el proyecto de ley, presentó una indicación al respecto, la que deberá ser analizada por la Comisión de Constitución, Legislación y Justicia del Senado la próxima semana.


 


Carmen Andrade, del Sename, admite que la atención pública en salud mental, en general, es insuficiente.

"Y lo que ocurre con los jóvenes es parte de eso".

Para mejorar esta situación, agrega, se está trabajando en un programa conjunto con el Ministerio de Salud para entregar tratamientos especializados a los jóvenes infractores de ley que lo necesiten.


 


Pero para abordar esto, agrega, "hay que hacer un diagnóstico profundo y ver cuáles son los trastornos más comunes".

Cuenta que un diagnóstico preliminar entre mil adolescentes del Sename arrojó que no más de 20 mostraban patologías graves.

Esta cifra no estaría reflejando la realidad, a la luz de los estudios de prevalencia extranjeros, afirma el doctor García.

Por eso, reitera, el problema debe abordarse con equipos interdisciplinarios y estudiarse a fondo.


 


Posibles patologías


 


Los problemas mentales que suelen ocultarse en conductas violentas o reñidas con la ley por parte de los jóvenes suelen ser, primero, los llamados "trastornos de conducta disocial", que si se mantienen y no se tratan a tiempo pueden llevar a personalidades psicopáticas o sociopáticas, explica el siquiatra Ricardo García.


 


Además de los trastornos de desarrollo de la personalidad, están los problemas severos de aprendizaje que pueden impedir una suficiente formación en lo moral.

También son considerados trastornos siquiátricos las adicciones al alcohol y a las drogas, que pueden llevar a conductas muy agresivas.


 


Los casos más raros son los trastornos psicóticos y los de desarrollo generalizado.

Entre estos últimos están los llamados "niños Asperger", que son inteligentes, pero no logran captar ciertas claves sociales, lo que les impide una adecuada integración con sus pares.

Y es esta segregación o burla constante por parte de los compañeros la que puede llevar a que un niño aparentemente tranquilo pueda cometer un acto violento en un inesperado día de furia.