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La exclusión laboral de los enfermos mentales

Elena Lorente, Barcelona. ElPaís.Es

Miles de personas que sufrían enfermedades mentales graves salieron de las instituciones psiquiátricas en los años setenta.

Aquellos terribles muros fueron derribados por la reforma psiquiátrica, pero 30 años después otros muros, invisibles, sociales y del propio enfermo, continúan estigmatizando a los afectados.

La inserción laboral sigue pendiente.


Los proyectos de inserción mejoran la calidad de vida de los pacientes, pero todavía son escasos.


La integración social es la gran asignatura pendiente para las personas que sufren trastornos mentales severos, denominación que engloba diagnósticos no siempre de fronteras precisas, como son las psicosis estabilizadas en general, la esquizofrenia paranoide, los trastornos bipolares y esquizoafectivos, y los trastornos límites de personalidad.

Se considera, según cifras de la OMS, que el 1% de la población mundial padece enfermedades psíquicas, porcentaje que está en crecimiento en todo el planeta.


Estas patologías son muy a menudo crónicas o cíclicas.

Provocan un gran sufrimiento en fases agudas.

Su tratamiento médico ha logrado la compensación, pero graves carencias sociales y, sobre todo, la intolerancia dan lugar a un fenómeno general de exclusión.


"No hay nada peor que la línea plana emocional cuando te sientes muerto en vida.

Necesitamos buscar ilusiones, trabajar, estar ocupados, sentirnos personas".

Así definía su situación uno de los propios afectados recientemente en Barcelona durante la celebración de 20º aniversario de la Asociación Joia, formada por profesionales de la salud mental.


Dolors también afectada por un trastorno mental, definía así su sentimiento de exclusión:" Es verdad que nos automarginamos y que necesitamos ayuda para romper las barreras.

Que la gente deje de vernos como algo extraño y potencialmente peligroso".


Múltiples experiencias de integración reclaman un espacio en el mundo para estos ciudadanos.

Entre otras, las de Cabra, en Andalucía, y las de Palafolls, San boi de Llobregat, Joia y La Fageda, en Cataluña.

La intervención psicosocial, además de la psiquiátrica es el camino.

También los cambios y la apertura en el concepto mismo del trabajo, en el que deben incluirse, junto a la rentabilidad, ideas más flexibles, como las de ocupación, trabajo socialmente útil y trabajo con soporte.


Las teorías contra la exclusión parten de la idea de combatir, primero, el mito de la incapacidad y desenmascarar así la estigmatización como un atentado contra derechos fundamentales.

Así lo asegura Gloria Wihelmi, asesora de programas de igualdad de oportunidades del Área de Promoción Económica de la Diputación de Barcelona.

Su tarea se orienta a dar soporte, a través de múltiples iniciativas, a los afectados por trastornos mentales severos, tanto en centros de trabajo especiales como en el mercado ordinario, para conseguir la inserción real de la persona.


Uno de estos programas ha impulsado desde 1995 el trabajo con soporte para este colectivo, en colaboración con la Comunidad Terapéutica de Malgrat y el Ayuntamiento de Palafolls.

Los resultados conseguidos en El Moli d?en Puigvert, un bello espacio municipal, son espectaculares.

Allí se desarrollan interesantes proyectos de trabajo, desde una tienda de ropa hasta un equipo de limpieza industrial, envasado de productos agrícolas, carpintería, jardinería y asesoramiento prelaboral.


La desmitificación, la utilidad y el acercamiento de lo diferente son, para Ignasi Pons, profesor de Sociología de la Salud Mental de Barcelona, un método de análisis ineludible ya que los muros invisibles existen y el olvido o la sobreprotección hacen que la marginación social y los prejuicios morales puedan llegar a superar las secuelas mismas de las enfermedades mentales.


Enrique Arqués, psicólogo y director de la Asociación Joia, cree que el auténtico reto es la generalización de los servicios de integración en la comunidad y la conquista de la ciudadanía." Aunque se supere el delirio, la calidad de vida de la persona en su casa y excluida, es bajísima.

El remedio no puede ser peor que la enfermedad.

El sufrimiento mental existe, pero a veces puede ser peor la persona medicada pero sin rol".

El mismo empeño y la consolidación de un buen equipo de formadores laborales y la búsqueda de la continuidad en el trabajo es la clave del éxito, según explica Miquel Isanta, gerente del centro especial de trabajo El Mollí d?en Puigvert.


Pero lo esencial, según Arquer es la idea de ocupación.

"La inserción laboral es un proceso que se inicia por la orientación laboral.

Después viene un periodo de preparación que incluye la formación, la búsqueda de empleo y el apoyo a la persona, para finalizar en la inserción".

Los resultados de esta actuación en la empresa social son claros, pero el estigma aparece de nuevo cuando la persona afectada por un trastorno mental severo va a la empresa ordinaria.

"El estigma es tan grave que los enfermos son borrados de inmediato de las listas si se les identifica".


Un ejemplo paradigmático se produjo recientemente cuando un copistero que llevaba dos o tres años trabajando en una empresa social de Joia quiso acceder a un puesto de trabajo exterior.

"En la primera empresa identificamos su diagnóstico y no superó el periodo de prueba ya que sus propios compañeros le excluyeron.

En la segunda oferta de trabajo, no le identificamos.

Acabó de responsable de la copistería.

Y allí sigue".