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Los juguetes violentos canalizan la agresividad infantil

OndaSalud.com

De cara a la Navidad, los niños sueñan con juguetes nuevos y los padres se enfrentan, confundidos por la publicidad y aturdidos por la abrumadora oferta, al dilema de cuál será el mejor regalo para sus hijos.

Inmaculada Azcorra, jefe de Sección de Psiquiatría del Hospital infantil Niño Jesús, en Madrid, dice que lo primero es definir el término "juego", en su opinión, "una vía importantísima de expresión del niño, especialmente de su capacidad simbólica".


 


Elena Llamazares



Según esta experta, una de sus utilidades es servir de "vía de acceso a las fantasías inconscientes permitiendo, incluso, recrear situaciones traumáticas mediante objetos alejados del conflicto y facilitando que el pequeño supere experiencias que le resultan difíciles de afrontar".


 


Al hilo de esta argumentación, Azcorra considera que los juguetes que reproducen pistolas y espadas -oportunamente demonizados por algunos de sus colegas-, jugar a hacer chocar cochecitos, incluso los juegos con reglas tales como competiciones, carreras y las artes marciales "permiten canalizar una agresividad natural del niño, que no es destructiva, sino que tiene un matiz de lucha personal por lo que uno quiere".

Azcorra apunta que es "necesario darle a los niños la posibilidad de hablar, protestar y expresar su rabia".


 


La opinión de esta experta la secunda Prudencio Rodríguez, jefe de la sección de psiquiatría infanto-juvenil de los Servicios de Salud Mental de Tetuán, en Madrid, que afirma que este tipo de juguetes, tachados por algunos de violentos, "ha existido toda la vida, dado que la agresividad forma parte del ser humano y es necesario canalizarla".

Sin embargo, no está a favor de cualquier juguete que se preste a ello y hace una salvedad especial con los videojuegos, "que no permiten que el niño organice la fantasía agresiva, sino que le viene impuesto un mundo en el que, además, se banaliza el acto de agredir".


 


Videojuegos para autosuficientes


 


Antonio López, portavoz de la Confederación Española de Consumidores y Usuarios (CECU) se suma a esta crítica a los videojuegos alertando de que "muchos tienen contenidos violentos, sexistas y xenófobos, en ocasiones incitan a consumir barbitúricos ?como cuando al protagonista se le ofrece una pastilla para afinar su puntería- y algunos emiten destellos estresantes especialmente perjudiciales para personas epilépticas".


 


Con frecuencia los padres desconocen estos detalles sobre el videojuego, así como la edad recomendada para cada uno, debido a la desinformación aportada por el fabricante en el envoltorio.


 


Según la doctora Azcorra, el principal peligro que ofrecen tanto los videojuegos como los ordenadores es que "fomentan el aislamiento y el individualismo, de modo que el niño ve cumplidos sus deseos cuándo y cómo quiere, sin topar con la oposición de los padres o compañeros de juego; sin aprender, por tanto, la tolerancia a la frustración, que es lo que le permite darse cuenta de que vive en el mundo con más gente".


 


Para el niño y la niña


 


Otra cuestión referente a los juguetes con la que se ha polemizado mucho es la del sexismo.

En este punto, la opinión de los psicológos y pedagogos coincide acerca de que "niños y niñas gozan de los mismos derechos y han de ser educados de la misma forma, sin imponerles perfiles de comportamiento que constituyan un granito de arena para la aparición de desigualdades futuras", en palabras de Maite Romero, psicóloga y pedagoga del Departamento de Pedagogía del Instituto Tecnológico del Juguete, en Ibi (Alicante).

"La sociedad es sexista y los fabricantes de juguetes se hacen eco de esta afirmación diseñando juguetes específicamente para uno de los dos sexos", añade Romero.

La actitud recomendada a los padres es la de no diferenciar entre sexos y fomentar el que jueguen juntos niños y niñas, siempre que ésta sea su voluntad.

Margarita Revenga, doctora en Psicología y miembro del Departamento de Psicología Evolutiva y de la Educación de la Universidad Complutense, en Madrid, considera que "los padres no deberían asociar automáticamente el hecho de que sus hijos varones jueguen eventualmente con muñecas, a la adopción futura de un rol erróneo, porque este temor es infundado".


 


¿Juguete lúdico o educativo?


 


Maite Romero, del Instituto Tecnológico del Juguete, piensa que hay que "luchar un poco contra la idea de juguete educativo, pues todos los juguetes educan en distintas facetas de la personalidad humana", no sólo actúan en el plano cognitivo, que ya desarrollan los niños en los centros educativos, sino que también pueden fomentar el desarrollo motor, las habilidades sociales, la afectividad, la capacidad lingüística y también la de imaginar, muy importante y a veces mermada por la sofisticación de algunos juguetes, que convierten al niño en espectador en vez de en protagonista del juego.

El juguete, ante todo, ha de ser lúdico.


 


Romero enumera una serie de criterios básicos que han de tener en cuenta los padres a la hora de comprar un juguete: no dejarse engañar por la publicidad y elegir uno que sea seguro, que dure, que sea manejable, que tenga unas instrucciones de uso claras, que goce de una concepción lúdico-pedagógica adecuada y que resulte apropiado para la edad del niño.


 


Antonio López, portavoz de la CECU, alerta especialmente acerca de los juguetes eléctricos, vigilar que los cables estén en buen estado y que no presenten un voltaje excesivo; también se producen situaciones de riesgo con los juguetes con componentes minúsculos, que el niño puede tragar, y aquellos con los que se juega en el agua.


 


En edades tempranas, los niños tienen necesidad de hacer ruido, mancharse, etc., lo que suele desencadenar una actitud censuradora de los padres poco recomendada por los psicólogos infantiles.

Por otra parte, los juegos constructivos, que estimulan la imaginación y el orden mental, son muy recomendables hasta los doce años, edad a partir de la cual se empiezan a preferir juegos con reglas y las actividades deportivas.


 


Lo que el niño necesita


 


La doctora Azcorra recomienda a los padres evitar intentar deslumbrar a sus hijos regalándoles una elevada cantidad de juguetes, ya que no necesitan tantos y, además, esta actitud tiene el efecto negativo de que los niños no aprenden a valorar las cosas, ya que no les interesa especialmente ninguno.

"Pero los niños necesitan sobre todo a sus padres, a los que no puede sustituir ningún juguete; es bueno que los padres introduzcan al niño en el juego e incluso que jueguen con él, aunque también conviene dejar que juegue sólo, para no crear una dependencia", dice Azcorra.


 


Por último, en esta sociedad de "usar y tirar", una cualidad importante que ha de tener el juguete es la de ser reparable, pues esto equivale a "vivir la pena o hacer las paces con otra persona", opina Azcorra.

Según Juan García, jefe del Departamento de Psicopedagogía de la Universidad Alfonso X el Sabio, en Madrid, "actualmente se atribuye un valor desmedido a los juguetes altamente sofisticados que, cuando se rompen, son difíciles de reparar, lo que enfrenta al niño con el padre".

García, con una larga experiencia profesional, cree que los juguetes sencillos son preferibles a aquellos tan perfeccionados en los que se centra la publicidad televisiva y que "han perdido su finalidad de integrarse en el desarrollo del niño"; en su opinión, "los mayores hemos de tener la habilidad de cambiar el centro de interés de los niños".