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La tecnología ha enfriado la relación con el paciente

María R. Lagoa. La Coruña. DiarioMedico.com

Prestigio y altruismo son los dos ejes sobre los que el jefe de Psiquiatría de Juan Canalejo, Luis Ferrer i Balsebre, analiza los cambios en la relación médico-paciente y la valoración que hace la sociedad del profesional.


 


Las dificultades que presenta la relación con el paciente son hoy motivo de preocupación entre los médicos.

Esta inquietud coincide con un momento en que el prestigio de la profesión ha alcanzado cotas bajas dentro de la sociedad.

Luis Ferrer i Balsebre, jefe de Psiquiatría del Juan Canalejo y miembro de la Real Academia de Medicina de Galicia, ha reflexionado en voz alta sobre esta realidad haciendo un recorrido histórico que parte de Grecia y llega a la posmodernidad.

Pese a que su voluntad ha sido ensayar ideas y no presentar certezas, lo cierto es que sus conclusiones sitúan el debate y recuerdan al médico los beneficios que puede aportar la humanización de la medicina: "Una buena relación con el paciente cura".


El suicidio de Asklepios: claves mitológicas de la relación médico-enfermo es el título de la conferencia que Ferrer i Balsebre ha ofrecido en la sede de la Real Academia de la Medicina en La Coruña, recurriendo a la mitología, concretamente al mito de Asklepios o Esculapio, como lo llamaron los latinos, para construir una disertación con la que ha invitado a sus colegas a meditar sobre las causas de esa falta de valoración social tan mentada últimamente por los propios profesionales.

Ferrer quiso que Asklepios le ayudase a reflexionar porque, como él mismo dijo, los mitos han servido siempre al hombre para entender el mundo y para adoctrinarlo acerca de los límites y peligros.


Asklepios, primer internista, cirujano y psicoterapeuta conocido del mundo grecorromano, devolvió la vida al virtuoso Hipólito, hijo de Teseo.

Esta acción irritó profundamente a Zeus porque estimó que Asklepios se tomó atribuciones de dios y lo mató, aunque después permitió su entrada en el Olimpo y su conversión en el dios-sanador.


Luis Ferrer i Balsebre, jefe de Psiquiatría de Juan Canalejos.


¿Decidió Asklepio resucitar a Hipólito arriesgándose a morir porque antepuso su deber médico o para conseguir la gloria del Olimpo? Las distintas lecturas que se pueden hacer de esta fábula entroncan con las lecturas que la sociedad ha hecho a lo largo de la historia de la figura del facultativo y con el ejercicio de autoanálisis que Ferrer i Balsebre propuso: ¿Es el médico un ser altruista que sólo busca el bienestar y la salud del enfermo o es un ser egoísta que persigue su gloria y reconocimiento?


Ciclos
Un repaso a la historia demuestra que se han venido repitiendo los ciclos y que la figura del médico ha oscilado entre periodos de reconocimiento y de desprestigio.

"A medida que aumenta el prestigio, el poder social y la capacidad de curación del profesional empeora la comunicación con el enfermo", sostiene el responsable de Psiquiatría.

Llega un momento en que la influencia social está en el pico máximo, y la humanización de la relación con el paciente, en el mínimo.

En los siguientes peldaños de la escalera circular la situación comienza a invertirse: "La sociedad dice basta y le corta la cabeza al médico, cae el prestigio y el facultativo se acerca al paciente".

El momento actual es amargo para el galeno: "El prestigio está cayendo en picado y el médico ha comenzado a dar más importancia a la relación con el enfermo".

Además, Ferrer i Balsebre pone de manifiesto un elemento que, en su opinión, ha distorsionado aún más esa relación: la tecnología.

"Para la sociedad, la máquina está ocupando el lugar simbólico de curación y diagnóstico que ocupaba el médico".


Es evidente que el progreso científico y tecnológico ha abierto sustancialmente el abanico de posibilidades que ofrece la medicina.

Pero al mismo tiempo se ha producido un crecimiento innegable de la paramedicina.

Ferrer i Balsebre tiene claro cuáles son las razones de esta paradoja: "El curandero cuida la relación con el enfermo, es decir, le ofrece lo que la supermedicina no le da".

A su juicio, la conclusión es innegable: "Hay que mimar la comunicación y la relación con el paciente porque también cura".

Para ello, la Administración debe hacer su trabajo: "Tiene que fomentar una relación más humana y proporcionar las condiciones adecuadas, ya que la sobreasistencia no favorece este objetivo".