
A nadie escapa que el juego es una afición que puede convertirse en una adicción peligrosa tanto para la mente como para el bolsillo.
Se han publicado muchos artículos científicos sobre la ludopatía, su prevalencia ?que establecen los investigadores entre el 1 y el 2% de la población adulta-, su tratamiento, o sobre su asociación con el consumo de sustancias de abuso, alcohol o tabaco.
En relación con este último, se ha encontrado, por ejemplo ?según un trabajo publicado en la revista Addiction-, que dos tercios de las personas que acuden a centros para recibir tratamiento de su adicción al juego son fumadores, y que el consumo de cigarrillos se asocia con una ludopatía más grave y con síntomas psiquiátricos más pronunciados.
Asimismo, otro artículo aparecido en European Psychiatry encontró una alta prevalencia de cleptomanía entre los jugadores patológicos.
Por todo lo dicho, resulta chocante encontrar un artículo que hable bien del juego y lo asocie con beneficios para la salud.
¿Puede ser bueno para el organismo echar unas partiditas de dominó de tanto en tanto? Pues sí, a tenor de lo que concluye el psiquiatra Rani A.
Desai y colegas de la elitista Universidad de Yale.
Para empezar, debe aclararse que su trabajo no habla de ludopatía, sino de "juego recreativo", es decir, como pasatiempo, y que su estudio consistió en entrevistar por teléfono a 2.417 adultos estadounidenses e interrogarlos acerca de su salud y de sus hábitos de juego, además de tomar datos acerca de su consumo de alcohol y de sustancias de abuso, y su utilización de medicación psiquiátrica.
Pues bien, este trabajo, publicado en septiembre en el American Journal de Psychiatry, muestra que, entre los mayores de 65 años, la mitad había jugado durante el último año, y que estos "jugadores" tenían el doble de probabilidades de calificar su salud general como "buena" o "excelente" que los no "jugadores".
Es también curioso observar que esta relación entre juego y salud, estadísticamente significativa según los autores, sólo se observó entre las personas de edad avanzada y no en el grupo de edad inferior a los 65 años.
Los firmantes del artículo mencionan un estudio anterior en el que se comprobó que el juego como pasatiempo se ha convertido en una actividad de lo más popular entre las personas mayores.
Citan, por ejemplo, que es la principal actividad social entre aquellos que están en residencias de la tercera edad y que una cuarta parte juega al bingo al menos cuatro veces al mes.
Para los autores, las razones que explican los resultados de su estudio son bastante misteriosas, aunque creen que las personas mayores pueden beneficiarse de la actividad, socialización y estimulación cognitiva asociadas al juego.
En definitiva, parece que unos cartones al año no hacen daño, más bien al contrario.
Aunque también es verdad que aquellas personas con un mal estado de salud ni siquiera se planteen acercarse al bingo o al bar de la esquina a echar unas manos de mus, lo cual también sirve para explicar parcialmente los resultados de este estudio.