
Es un drama silencioso, pero no son pocas las personas que con los años pierden el control de su ingesta alcohólica.
El Año Nuevo recién pasado fue un estrés para Francisca López (35).
Le bastó invitar a su tía a alojar ese fin de semana para ver que la realidad de esta mujer de 75 años, desde que perdió a su marido hace un año, ha ido de mal en peor.
"Se tomó dos botellas de vino en un día y medio.
Le escondí la segunda, hasta que la encontró.
Siempre bebió, pero ahora es más desmedido, se toma el vino como si fuera jugo, sólo se abstiene cuando le toca control médico para que no le salgan los niveles de azúcar muy altos".
Paradójico, pero las cifras nacionales de consumo de alcohol sólo consideran a personas de hasta 64 años y sin desagregar del resto de los adultos.
Se asume que muchos alcohólicos no alcanzan a llegar a la tercera edad, pero de esta forma se deja en el olvido a quienes han pasado de una ingesta social a una excesiva, llegada cierta edad.
Y ojo que no son pocos.
"Estudios norteamericanos muestran que entre un tercio y la mitad de los alcohólicos adultos mayores comenzaron después de los 60 años", explica el jefe de la Unidad de Geriatría de la Clínica Alemana, doctor Eric Blake.
En Chile, el panorama debiera ser similar.
Viudez, soledad, enfermedades, aburrimiento, depresión.
En esta etapa de la vida no son pocos los factores que podrían convertir una ingesta regular en dependencia; la bebida alcohólica pasa a ser, entonces, el sustituto de hipnóticos o antidepresivos, y busca reducir la angustia y el dolor.
Las personas alcohólicas tienden a negar su problema, pero en la adultez mayor esta adicción puede ser aún más silenciosa.
A veces responde a que viven solos, pero también a que a esa edad "es menos probable que se topen con complicaciones sociales, legales y laborales asociadas a los trastornos por consumo", afirma una revisión del instituto irlandés para el estudio del envejecimiento, Mercer, publicada en el British Medical Journal.
Por lo demás, los profesionales de la salud no siempre son dados a indagar durante los controles de rutina.
En el mismo artículo se habla de otro estudio en que se encontró un 10% de pacientes mayores con evidencia de alcoholismo, aunque de éstos, menos de la mitad tenía registros al respecto en sus fichas médicas.
De lo que el adulto mayor bebedor no puede escapar es de los efectos nocivos para su salud.
Un alto costo
"Los sistemas biológicos por el envejecimiento ya son más disfuncionales, por lo que el alcohol exacerba ese daño", explica el doctor Mauricio Troncoso, jefe del Departamento de Dependencias del Hospital Barros Luco.
Causa trastornos en el lenguaje, sueño, memoria, orientación y agrava otras condiciones que pueden estar alteradas (como problemas de marcha).
También, agrega Blake, se dan carencias alimentarias, pues el alcohol inhibe el apetito y eso se traduce en una menor ingesta de alimentos, como vitaminas, lo que empeora los problemas neurológicos.
Los mayores reducen su masa magra, por lo que la distribución del alcohol es distinta.
"Si alguien tomaba x cantidad de joven, ahora (a igual dosis) tendrá niveles de alcohol más altos en la sangre", dice el geriatra.
Es más, "los adultos mayores dependientes no necesitan consumir demasiado si lo hacen de forma muy regular.
De lo contrario, aparecen síntomas de privación", aclara Troncoso.
Éstos se presentan con mucha irritabilidad, confusión y semejando un trastorno confabulatorio.
"Te dicen, "ayer tomamos juntos, por qué hoy no me das"; a veces la familia cree que es demencia senil", opina Troncoso.
El Instituto Nacional de Alcoholismo y Abuso de Alcohol de Estados Unidos sugiere no tomar más de una bebida alcohólica diaria a partir de los 65 años.
El doctor de la Unidad de Adicciones de la Universidad Católica, doctor Claudio Valeria, es de la idea de evaluar caso a caso.
"Para muchos, sus patologías contraindican el alcohol.
Ahora, con un aceptable estado de salud, controles médicos al día, redes de apoyo social, se podría eventualmente beber con moderación en un contexto social.
Lo esencial es que se den las condiciones para que no se dañe en exceso ni use esa copa como automedicación".
A tiempo de tratar
Un buen acercamiento puede ser proponerle a la persona un chequeo con su médico general o geriatra, con quien habría idealmente que hablar antes para que aborde el tema con el paciente, y si la situación lo amerita, derivar a un especialista, sugiere el siquiatra Claudio Valeria.
Según el doctor Eric Blake, la mayoría hace caso cuando se le informa de los efectos y de la importancia de reducir las cantidades.
Por supuesto, también hay que explorar en las causas que motivan esa ingesta, pues es muy probable que exista un cuadro depresivo que debiera ser tratado.
"Prevenir también es escuchar a la tercera edad, respetar lo que piensa, hacerle la vida más grata", agrega el siquiatra Mauricio Troncoso.
Si el problema se agrava, no es descartable un tratamiento para la adicción.
"Se ofenden cuando les tocan el tema", dice el doctor Valeria.
"Pero he visto que entienden muy bien cuando se les habla con franqueza y se les muestra que habrá un beneficio en su calidad de vida".
"No hay que llegar a la dependencia para inquietarse.
Si el consumo daña la actividad física, síquica o social ya se considera patológico".
DR.
ERIC BLAKE
Médico geriatra.