El matrimonio formado por Doug Okun y Eric Ethington posa con sus dos hijas en San Francisco (Estados Unidos)
Los expertos citados al Senado por PP y PSOE discrepan sobre las secuelas de los menores criados por parejas del mismo sexo
Una autoestima mermada y ausencia de referentes son las consecuencias de crecer en el seno de una familia gay para algunos especialistas.
Otros expertos en salud mental aseguran que los estudios muestran que su desarrollo será similar al de cualquier otro niño.
Madrid- La posibilidad de que las parejas homosexuales puedan adoptar niños es ya casi una realidad que llega acompañada de polémica.
El próximo sábado se ha convocado una manifestación de protesta bajo el lema «Por el derecho a un padre y una madre».
Dos días después, la víspera de que el Pleno vote la ley de matrimonio entre personas del mismo sexo, catorce expertos comparecerán en el Senado para aportar sus conocimientos sobre la conveniencia o no de que los niños puedan tener dos papás o dos mamás.
El Partido Popular, que apuesta por las uniones de hecho frente al matrimonio de personas del mismo sexo, se muestra contrario al derecho a la adopción por parte del colectivo gay basándose en los informes de destacados especialistas en Psiquiatría que aseguran que los pequeños que crezcan en el seno de una pareja del mismo sexo tendrá problemas de autoestima, falta de referentes sociales y hasta un 60 por ciento más de posibilidades de ser homosexual.
El PSOE, por su parte, concibe la adopción como un derecho más de los homosexuales y varios psiquiatras y psicólogos expondrán informes que equiparan el desarrollo de los niños criados en parejas hetero y homosexuales.
Distintos argumentos.
Los especialistas tendrán la palabra en la Cámara Alta, pero LA RAZÓN ha querido adelantarse y conocer sus argumentos respecto a este asunto.
Toda ciencia debe ofrecer principios y leyes generales, sin embargo, los distintos fundamentos e investigaciones no coinciden a la hora de calibrar las repercusiones de la nueva ley.
El catedrático de Psiquiatría de la Universidad Complutense, Enrique Rojas, que comparecerá citado por el PP, señala que adoptar menores por parte de homosexuales es una situación forzada: «El niño, al ser tan pequeño, no puede dar su consentimiento y en consecuencia se le somete a un cierto experimento psicológico.
Al no tener todas las variables cogidas, puede ocurrir con él cualquier tipo de circunstancia en su conducta».
Un núcleo familiar con dos padres o dos madres es, a su juicio, claramente perjudicial para el desarrollo personal del menor: «Puede dar lugar a que crezcan niños con poca autoestima, con una personalidad endeble y con la ausencia de dos patrones de referencia fundamentales».
Por ello, Rojas incide en que «es imposible» una educación completa en un ambiente homosexual ya que es «antinatural condenar al niño a una educación privada de padre o madre».
Además de quedar «coja» la identidad del niño, el psiquiatra afirma que éste corre el «riesgo» de convertirse en homosexual: «Los estudios de Noruega, Holanda y Suecia, donde son legales estas adopciones, confirman que estos menores tienen un 60 por ciento más de posibilidades de ser homosexuales».
A las mismas conclusiones llega Patricia Martínez, profesora de Psicología de la Universidad San Pablo CEU y coautora del reciente «Informe sobre el desarrollo infantil en parejas del mismo sexo», elaborado por la plataforma HazteOir.org en colaboración con el Foro Español de la Familia y el Instituto de Política Familiar.
En él, asegura Martínez, se recopilan 200 estudios relativos a la adopción por parejas homosexuales que demuestran que la reforma del Gobierno no tiene base científica.
«La conclusión científica es que los niños criados por estas parejas tienen un desarrollo muy distinto de los que crecen en familias naturales y, en muchos aspectos, perjudicial para ellos».
Como Rojas, también la psicóloga destaca que la identidad sexual del niño se altera: «El ambiente te reafirma o te degenera esta conducta.
La sexualidad no es igual en una pareja que tiene conductas promiscuas o que es sadomasoquista, pederasta o homosexual, siendo éstos distintos tipos de desórdenes sexuales, que en una pareja que tiene los dos sexos representados».
Nuevas estructuras familiares.
La convivencia de diferentes estructuras familiares es ya una realidad social, una situación en la que, según la psicóloga de la Universidad de Valencia Dolores Frías ya no hay vuelta atrás: «Las familias de niños con padres del mismo sexo son una realidad del mismo modo que lo son las familias de niños que viven con sus abuelos.
En ambos casos hay que investigar si estos menores reciben una educación diferente o si tienen otro tipo de adaptación al mundo escolar».
Coautora del estudio «Hijos de padres homosexuales.
¿Qué les diferencia?», realizado en 2004 por la Facultad de Psicología de Valencia, Frías, que comparecerá en el Senado a petición del PSOE, sostiene que los estudios realizados hasta hoy «no hallan diferencias estadísticamente significativas» entre los niños criados por padres homosexuales y los educados por padres convencionales.
«Las investigaciones ?añade? afirman que las variables que explican una parentalidad buena no tienen nada que ver con la tendencia sexual sino con el tipo de estilo educativo, el funcionamiento entre la pareja, el temperamento del niño y las variables de apoyo social.
Tampoco se han encontrado diferencias en el desarrollo personal, en la inteligencia y trastornos psicológicos entre estos niños y los otros».
Un desarrollo similar.
El presidente de la sección de Psiquiatría Infantil de la Asociación Española de Pediatría, José Luis Pedreira, reafirma que son muchos los estudios que aportan resultados favorables de cara a este tipo de adopción.
«He revisado 76 trabajos y todos coinciden en que el desarrollo psicosocial de los niños adoptados por familias homoparentales adquieren niveles cognitivos, de habilidades y competencias sociales, de relación con otros chicos y adultos, y de identidad sexual, que son totalmente equiparables con los de los niños que se educan en familias de corte heterosexual».
Pedreira subraya además que la American Pedriatic Society emitió un comunicado oficial en 2002 diciendo que «no existían evidencias científicas en contra de la homoparentalidad» y al que se sumaron la Asociación Americana de Psicología, la de Psiquiatría y la de Psicoanálisis.
El experto califica la situación monoparental de «hipocresía social»: «Si uno adopta individualmente y está viviendo con otra persona de su mismo sexo puede incluso ser fraude de ley.
Así es como pueden haber perversiones en el desarrollo del niño porque las cosas no están claras».
Todos los estudios, tanto si son favorables a la adopción de menores por parte de parejas del mismo sexo o no, presuponen que se tenga que hacer una valoración de qué es la homosexualidad, si responde científicamente a una conducta «natural» o «antinatural».
La psicóloga y el psiquiatra Dolores Frías y José Luis Pedreira se inclinan por la primera: «Desde 1970 la propia asociación americana retiró la homosexualidad de todos los trastornos mentales y fue la primera en definirla como una vivencia específica».
Frente a ésta, el doctor Rojas y la psicóloga Patricia Martínez defienden que esta definición se quitó «por que jurídicamente hubo códigos favorables a este tipo de uniones», algo que, a su juicio, no cambia las cosas.
«Hay todo un mercado y un negocio en torno a la homosexualidad y parece bochornoso volver atrás, pero la realidad, que sigue siendo una patología, sigue siendo la misma».
Enrique Rojas
Catedrático de Psiquiatría U.
Complut.
>«Pueden dar lugar a niños con personalidades endebles y baja autoestima.
Además, corre el riesgo de convertirse en homosexual»
Patricia Martínez
Profesora de Psicología San Pablo CEU >«El desarrollo del pequeño es muy distinto al del que crece en una familia natural.
En muchos aspectos es perjudicial»
José Luis Pedreira
Psiquiatra.
Asoc.
Española de Pediatría >«Los niveles cognitivos, las habilidades sociales y de relación y la identidad sexual son similares a los de hijos de heterosexuales»