Otto Kernberg, ex Presidente de la Asociación Psicoanalítica Internacional -heredera natural de aquella fundada por Sigmund Freud en los albores del psicoanálisis- tuvo su formación académica en Chile, desde sus estudios primarios en el colegio, hasta su formación como psicoanalista en la Asociación Psicoanalítica Chilena.
Posteriormente emigró a los Estados Unidos de Norteamérica.En una entrevista que se le hizo a Kernberg y que se encuentra editada en este libro se le preguntó por las culpas que surgen al abandonar el país donde uno se formó.
A esto respondió:"después de completar mi beca volví a Chile, estuve aquí por un año enseñando intensamente en la Cátedra de Psiquiatría y en la Escuela de Psicología de la Universidad Católica, comunicando todo lo que había aprendido, esto me alivió un poco la culpa y además vengo cada 2 años y trato de enseñar todo lo que puedo".
La verdad es que no son sólo palabras.
A lo largo de las últimas décadas, Otto Kernberg ha visitado nuestro país en numerosas ocasiones.
Antes también lo hizo, presentando sus trabajos en la Asociación Psicoanalítica Chilena.
Pero desde comienzos de los ochenta, comenzó a venir de manera sistemática, ampliando sus enseñanzas tanto a los círculos psicoanalíticos como a la comunidad entera de los profesionales de la salud mental.
No podré olvidar la primera conversación que tuve con él, ya que ella simbolizó el posterior desarrollo de las ideas que iban a ponerse en práctica en el Hospital Psiquiátrico de Santiago de Chile y de todas las enseñanzas que luego se concretízaron en sus cursos y seminarios.
Fue en la sede de la Asociación Psicoanalítica Chilena -mientras yo era Director del Hospital Psiquiátrico, ex Manicomio Nacional y actual Instituto Dr.
José Horwitz Barak-, en una época en que un grupo numeroso de profesionales de orientación dinámica se había hecho cargo de la administración de esa lnstitución, hecho que ocurría por primera vez en la historia del Hospital.
Se vivían tiempos muy difíciles en lo administrativo.
Los aspectos políticos contingentes rellenaban los espacios y la labor técnica muchas veces pasaba a un segundo plano.
Era la época en que los médicos separaban tajantemente el oro de la profesión médica del cobre de lo administrativo y esto provocaba en mí, que estaba descubriendo ya la plata de lo administrativo, muchas dificultades.
Kernberg ofreció desinteresadamente enseñarnos administración ya que tenía, en esa época, una larga experiencia en el tema como Director del Hospital Psiquiátrico de la Universidad de Comell.
Se estableció de esa manera un contacto continuo que nos enriqueció permanentemente en cada una de las visitas que nos hizo desde esa primera conversación.Las enseñanzas de las cuales nos proveyó en el campo de la administración están plasmadas en el Capítulo de Psiquiatría Administrativa del presente libro.
También lo están en la práctica de una dirección, que duró varios años y en la cual tuve una participación directa.
Las enseñanzas, sobre todo cuando vienen de una autoridad, de saber establecer los límites frente a los cuales uno puede actuar y de la soledad de la dirección por los dinamismos que inevitablemente se establecen, fueron fuente de reflexión permanente y sirvieron para llevar a término una labor que muchas veces estuvimos a punto de dejar en el camino.
La discusión que se plantea al final del capítulo de Administración, bien puede ser aplicable hoy en día a Hospitales Psiquiátricos de muchas partes del mundo y los conceptos allí vertidos pueden servir a muchos de los lectores del presente libro en su labor diaria como clínicos y como administrativos.
Cada vez que Kernberg visitó nuestro país, se organizaron cursos, seminarios y congresos que aglutinaron a la mayor parte de los profesionales de la salud mental.
Pensé que el riquísimo material que nos dejó no podía desperdiciarse y así surgió la idea de esta publicación, que contiene la mayor parte de las conferencias dictadas por él en sus distintas visitas.
Es así como tuve que traspasar el lenguaje de las conferencias a uno de un libro escrito, insertar títulos y subtítulos en toda la obra, omitir las repeticiones que son necesarias en conferencias, las cuales a veces tienen un intervalo de algunos años una de otra, aglutinando a veces una conferencia con otra o los seminarios con las conferencias.
Traté de colocar las notas al pie que me parecieron necesarias para que esta obra fuera asequible incluso a públicos no especializados y sobre todo a estudiantes iniciales de psicología y psiquiatría.
Kernberg hizo dos seminarios en Chile.
Uno sobre entrevista y otro acerca de tratamiento.
Están integrados en el texto en los capítulos correspondientes.
La entrevista permite ver en acción su forma de trabajo y se complementa con la discusión que siguió a la realización de ella.
El seminario sobre tratamiento está integrado en las conferencias que dictó acerca del tema.
La conferencia acerca del Holocausto que Kernberg dictó en la B"nei Brith de Santiago de Chile probablemente representará una novedad para el público lector que no asistió a ella y constituye una primicia que he tratado de rescatar en todos sus detalles ya que no se encuentra publicada en otro lugar.
Creo que el Capítulo de Trastornos de Personalidad, tema en el cual Kernberg es uno de los autores más destacados, es un resumen de sus ideas que difícilmente el lector podrá encontrar en otra parte.El libro entero busca ser una introducción a la obra de Kernberg que permita al lector acercarse a sus libros y artículos con algún conocimiento previo que haga más accesible su lectura.
Estaría satisfecho si esto fuera logrado.
La bibliografía ha sido elaborada en forma tal que, sin ser exhaustiva, contempla la más citada por Kernberg en los temas abordados en el presente volumen.Debo advertir que Kernberg no ha tenido ninguna participación en esta publicación.
Estoy, desde luego, refiriéndome a que no me entregó ningún manuscrito ni revisó el material contenido en el libro; por esta razón, toda responsabilidad acerca de las fallas contenidas o de la falta de comprensión del material de las conferencias es del editor.Sólo me resta agradecer a Otto Kernberg toda la dedicación y cariño que puso para que sus conocimientos fueran aprovechados por quíenes nos acompañaron siempre en las actividades que programamos con él, y ahora, por quienes lean este libro.
L.
Gomberoff
Editor