Más de la mitad de los españoles que reciben tratamiento farmacológico a causa de la esquizofrenia, que padecen 400.000 personas, consume olanzapina (Zyprexa) o risperidona (Risperdal).
El primero, comercializado por Lilly, ha tenido que incluir en su prospecto una mención que advierte de una mayor incidencia de trastornos del metabolismo de la glucosa, como la diabetes, entre quienes lo toman.
Janssen Cilag, que vende en España a su principal competidor, risperidona, ha reconocido que tendrá que hacerlo en breve.
Pero además, el envase de este último incluirá próximamente información acerca de otro efecto adverso: un mayor riesgo de infarto cerebral entre los pacientes mayores que lo usan, habitualmente enfermos de Alzheimer con trastornos del comportamiento.
Los especialistas que administran esta medicación hacen un seguimiento analítico de sus pacientes para detectar cualquier alteración metabólica.
Sin embargo, advierten que estas complicaciones son infrecuentes y destacan la importancia de que los enfermos no abandonen el tratamiento.
«No se está cuestionando su vigencia.
El riesgo de dejar la terapia es superior al de los posibles efectos secundarios», afirma Miguel Bernardo, responsable del Programa de Esquizofrenia del Hospital Clínic de Barcelona.
Juan Carlos Gómez, director médico de Lilly en España, explica que su compañía lleva registrando datos en este sentido desde que el fármaco empezó a venderse en 1996.
«Lo han consumido más de 11 millones de pacientes en el mundo y la frecuencia de este trastorno es de uno de cada 10.000 tratados», apostilla.
Tampoco se libra otro antiesquizofrénico, clozapina, comercializado como Leponex por Novartis, que se emplea en aquellos pacientes que no responden a los fármacos anteriores.
Su envase incluye también una mención en este sentido.
Pero, además, su uso debe ser monitorizado estrechamente mediante análisis de sangre, ya que se relaciona con un riesgo de descenso de los leucocitos.
A pesar de los mensajes de advertencia, la relación causal entre el consumo de los nuevos antipsicóticos atípicos (familia a la que pertenecen los fármacos citados) y la incidencia de hiperglucemia y diabetes no está clara.
De hecho, tras cuatro años de investigación al respecto, la agencia del medicamento de EEUU, la FDA, no acaba de tomar una decisión sobre la necesidad de incluir este tipo de información en los prospectos.
Europa, por el contrario, ha optado por tomar la delantera.
«No hay una evidencia clara.
Sí se ha visto que aumentan los niveles de glucosa, pero no se ha determinado si es a causa del fármaco, ya que, en general, los pacientes presentan tasas de azúcar en sangre superiores a las de la población sana, que podrían deberse a una alteración de los hábitos de vida [son más sedentarios y comen peor]», señala Bernardo.
También se ha comprobado que los que usan esta medicación suelen engordar de dos a tres kilos en los primeros meses y, en ocasiones, más, y se sabe que el aumento de peso influye sobre el metabolismo de la glucosa.
Olanzapina y risperidona están indicados para tratar los síntomas psicóticos de la esquizofrenia: ideas delirantes, alucinaciones y trastornos del comportamiento.
Nuevas advertencias sobre la seguridad de dos antipsicóticos
ISABEL PERANCHO