Para comprender los procesos de separación es necesario comprender primero algunos aspectos que influyen en la unión de la parejas, y luego en la separación. Dentro de la conformación de la parejas intentaré explicarlas a partir de las dinámicas internas considerando a tres autores Willi con las colusiones, Mc Dougall con los teatros internos y a Otto Kernberg con los objetos y las representaciones de objeto.
La elección de pareja sin duda no es fortuita y la perspectiva psicoanalítica considera los aspectos conscientes e inconscientes.
Los aspectos conscientes son los que la persona verbaliza, los que la persona puede describir cuando se le pregunta.
Se relaciona con lo que percibe conscientemente que le atrae del otro, con tener conocimiento con los aspectos físicos deseados y con ciertos aspectos más psicológicos como seguridad en si mismo, fortaleza, desplante, inteligencia, ánimo, etc.
Lo inconsciente, en cambio, es inaccesible y no tenemos este acceso desde nuestros pensamientos.
Es oculto, pero influye en nuestras acciones.
Por lo tanto, está presente en la elección de pareja.
Desde la perspectiva psicodinámica es necesario preguntarse qué representa el otro (la otra persona, la pareja) en nuestro escenario interno o a quien reemplaza o con quien lucha.
Es decir, quien es el otro para mi, qué satisface, qué frustra, qué roles repite de personajes que han actuado anteriormente en nuestras vidas, etc.
La pareja no es sólo la persona concreta, sino que hay que preguntarse qué representa para mi.
Hace muchos años Willi, habló acerca de los tipos de personalidad que se emparejan con otros tipos con el fin de completarse y complementarse.
A este enganche inconsciente lo llamó colusión.
Así los aspectos narcisistas de un miembro de la pareja se "colusionan" con los aspectos sumisos en el otro, por ejemplo.
Describió psicopatológicamente el porqué las parejas están unidas, entendiendo que hay una ganancia secundaria e inconsciente en toda relación.
Pero más allá de poder entender desde la psicopatología las colusiones que existen deseo centrarme en la dinámica que hay a la base del interjuego inconsciente que une a las parejas.
Para entender este concepto creo que es importante poder recurrir a la autora Joyce Mc Dougall que plantea el concepto de teatros internos. En ellos existen personajes, dinámicas, escenario, director, obras, etc.
Toma el teatro como una metáfora de la realidad psíquica, reconociendo que cada persona tiene en su universo interno un determinado número de personajes que también son partes de nosotros mismos.
A menudo actúan en contradicción unos con otros generándose conflictos y "dolor mental" para nuestro self consciente.
Por esta condición desconocemos los intérpretes ocultos y los papeles que representan, además no depende de nuestra conciencia el interpretar o no cierta comedia o tragedia.
Dentro de nuestro teatro interno están los padres estrictos de la infancia, o los dolores sin nombre del tiempo que no había habla, o el hermano mayor que hostilizaba constantemente, la madre agresiva, el padre silencioso, etc. Todos tenemos nuestro teatro interno plagado de los personajes que fueron significativos en nuestra primera infancia.
Este teatro guía internamente nuestras acciones llevándonos a repetir una y otra vez los conflictos del pasado.
Bajo la dinámica anteriormente descrita se pueden entender las elecciones de amigos, de pareja, de profesiones, etc.
Y también, cómo cada uno de ellos tiene roles asignado en nuestro teatro interno.
Mc Dougall se pregunta entonces acerca del origen de estas representaciones.
Entonces en estos teatros internos ¿quien es el director de la obra?, ¿quien escribe los guiones?, ¿de qué tratan los argumentos?, ¿dónde se representan?
La respuesta es que el dramaturgo se llama "yo".
Este es un yo que se remonta a la infancia.
Los dramas fueron escritos años atrás por un yo ingenuo e infantil que luchaba por sobrevivir en el mundo adulto, cuyas reglas del drama eran muy distintas a las del niño.
Mc Dougall plantea que estas obras pueden representarse en el teatro de nuestra propia mente (conflictos internos), en nuestro cuerpo (somatizaciones), o en el mundo externo con conflictos con personas y/o instituciones sociales.
Además somos capaces de trasladar nuestros dramas psíquicos de un escenario a otro, ya que el yo es un personaje polifacético.
Por lo tanto, la elección de pareja se relaciona con la representación interna del otro en el teatro de la mente del sujeto.
Si examinamos detenidamente podremos pensar que las parejas que nos han rodeado han cumplido diferentes roles en nuestro teatro interno, como también nosotros somos partes de los teatros de quienes nos rodean.
Así se complejiza entender las elecciones de pareja.
Lo que si podemos intuir es que los equilibrios en las parejas son frágiles y que están dependiendo no sólo de los factores externos que en un comienzo atrajeron la relación, sino que depende de las dinámicas internas de las personas.
No sólo importa quien es el otro sino quien representa en mi .
Para ello es necesario recurrir al concepto de relación de objeto.
Los objetos internos son todas aquellas experiencias con los objetos que se asocian con un afecto y con una dinámica determinada.
Entonces mi pareja es algo más allá de lo que conscientemente se puede ver, representa algo para mi donde yo he adjudicado ciertas características y donde permanecen características inherentes al objeto.
En la psique de las personas las experiencias y las percepciones de los objetos o personas del mundo real se han condensado con los afectos, y se conforman como representaciones de objeto.
Tal como su nombre lo menciona, esto significa que en la psique se reorganiza la experiencia con la realidad, tomando un aspecto propio e irrepetible.
En este proceso influye la experiencia que se tenga, la historia de la persona, sus figuras significativas, los mecanismos de defensa predominantes, las necesidades no satisfechas, las características de personalidad, etc.
Considerando la dinámica anterior es claro que quien tengo al frente no es quien está en mi mente.
La representación de objeto ha modificado al objeto real, entonces nunca podemos ver objetos reales, ni ser totalmente objetivos con las personas.
Este concepto es esencial para poder entender como un mismo hecho es vivenciado por las personas de diferente manera.
Esta es una demanda constante entre las parejas donde la queja se relaciona con que la pareja no percibe las necesidades del otro.
La verdad es que nunca se logra "ver" realmente al otro, sino que se ve lo que es accesible a la conciencia.
Cada persona con las representaciones de objeto interacciona, exaltan los aspectos positivos, borra los negativos, pelea, se angustia, etc.
Poco a poco las parejas se van conformando y haciéndose una imagen interna de quien es la otra persona, actuando en la realidad con el otro, pero también con la imagen interna que se ha creado, es decir, con la representación de objeto.
Las parejas en un comienzo idealizan al otro, "aumentando" los aspectos positivos o deseables y negando o escindiendo los aspectos negativos.
Este proceso tan obvio no lo es cuando es uno quien está involucrado afectivamente con una pareja.
Ocurre permanentemente e inconscientemente, por lo tanto, quien tenemos en nuestra mente no es quien es en la realidad.
Esta es una fase de las parejas descrita ampliamente en la literatura como el enamoramiento.
Las personas se energizan, y en la experiencia con la pareja hay un predominio de los aspectos idealizados amorosos y una separación de los aspectos agresivos o rabiosos.
Aunque esta fase pase, y pase mucho tiempo, es importante consignar que siempre nos relacionaremos con las representaciones de los objetos y no con los mismos objetivamente.
En la relación con las representaciones de objetos pueden predominar los aspectos amorosos o los rabiosos.
Cada persona inconscientemente junta y separa afectos, y según esto vivimos nuestra vida.
La personalidad, las experiencias tempranas, la necesidades actuales, entre otros aspectos van a determinar si van a predominar mecanismos de defensa que operen en pos de la integración o de la división.
Entendamos esto a través de un ejemplo.
Supongamos que una mujer que se enoja porque su pareja instantemente se olvida de aspectos que para ella son importantes, como llamarla durante el día, o recordar lo que le había contado anteriormente.
Si esto es fruto de una pelea constante cada vez más los afectos amorosos se irán relegando y apareciendo la agresión.
Para él es "obvio" que sea olvidadizo, pues siempre se ha podido concentrar en una cosa a la vez.
Si en esta pareja predominan los aspectos rabiosos no se soluciona nada, y lo que sucede es que en la psique, el dolor emocional es tramitado de manera tal de que conscientemente aparece el otro como culpable
Si nos detenemos a pensar en el caso expuesto anteriormente y revisamos las historias es probable que podamos ver que la angustia y dependencia de la mujer se relacionan con su enojo.
Es decir, en su psique el otro se transforma en ese padre distante y poco afectivo en que ella sólo podía saber acerca de su ánimo si él verbalizaba lo que quería.
El problema es que como hablaba poco, ella se angustiaba constantemente con no saber si la quería o no, si era aceptada o no, etc.
Entonces el actual problema con la pareja, en la mente de la mujer se ha transformado en una relación que incluye su historia y la relación actual.
Los afectos están condensados y potenciados.
La constante pelea con la pareja actual en su cabeza se repite, repitiendo y dañando en los mismos puntos en que sintió dolor cuando era niña.
Entonces tal como dice Mc Dougall, el escenario es el mismo y los personajes se vuelven a encontrar para repetir el drama una y otra vez.
Desde él, la experiencia no es diferente.
Probablemente en su historia de relaciones encontraremos vínculos en los que hay daño y dolor frente a la integración de la realidad.
Así habría tendido a operar desintegrando y a calmar su angustia psíquica con los mecanismos de defensa donde predomine la escisión.
Para él puede ser "obvio" concentrarse en una cosa a la vez, y pudo haber sentido "natural" su tendencia a olvidar.
Pero, inconscientemente nos podemos encontrar con una historia donde una madre o un padre ambiguo en sus afectos, donde lo agresivo y lo amoroso se encontraban tan mezclados que era imposible obtener una cosa sin la otra.
La solución infantil frente al caos y la angustia pudo haber sido mantenerse concentrado en un aspecto y "desconectado" de los otros.
Logrando así filtrar y diferenciar lo bueno de lo malo, el costo es la dificultad permanente en integrar.
Este sería el drama que repite con los personajes actuales, por ejemplo con su mujer.
Esto se ve cuando se concentra en el trabajo y desaparecen de su mente su familia, sus necesidades, sus compromisos.
Es poder funcionar desde un aspecto para poder defenderse de esta angustia infantil.
Ninguno de los aspectos antes mencionados para la pareja es conciente, por lo tanto, no es posible actuar sobre estos aspectos ni sanarse ni entenderlos.
Cada uno queda repitiendo sus dramas particulares y sintiéndose heridos por sus daños antiguos y los actuales.
La resolución de estos conflictos parece ser imposible.
Sin embargo, las parejas siempre han podido solucionar algunos problemas y mantenerse como tales frente a las crisis.
Lo que sucede al plantearse la separación es que estas soluciones artesanales dejan de funcionar y predominan los aspectos rabiosos por sobre los amorosos.
El otro que en un momento fue idealizado, ahora es desvalorizado, agredido, destruido.
La agresión que durante la idealización estuvo escindida, ahora aparece, desplazándola de su lugar.
Los aspectos amorosos son ahora los que se escinden.
Entonces aparecen quejas como "tu nunca me has entendido...siempre me has hecho daño...tu no ves lo que yo necesito, etc"
Bajo esta dinámica, la representación del objeto cambia y el personaje interno con el que me relaciono es aquel que merece mi desprecio, mi odio y mi agresión. Predominan nuevamente los mecanismos disociativos, aquellos que permiten dejar al objeto lo suficientemente malo como para desatar mi ira.
Cada integrante de la pareja tendrá su propia versión, pero la ligazón que un día sirvió, ya no satisface más las necesidades internas.
Probablemente, dentro de la pareja, todos vamos cambiando los roles que representamos en el teatro interno del otro, en la mente del otro. Pese a esto las experiencias de la primera infancia son marcadoras, específicamente las relaciones con los padres.|
¿Porqué el cambio? Por que probablemente nunca uno representa sólo un rol en la mente del otro, representa varios, algunos al mismo tiempo, otros en forma sucesiva, porque además interviene la realidad con su dureza que nos demanda actuaciones diferentes, más desafiantes, porque vamos creciendo y madurando y las necesidades y expectativas cambian.
Además cambiamos porque maduramos, porque estamos más o menos dispuestos a ceder, o a que el otro siga representando el mismo rol, o que haya cambiado cuando uno no lo ha hecho.
Lo que si es definitivo es que cada uno de nosotros tiene cambios deseables para el desarrollo producto de la maduración.
Para el Dr.
Otto Kernberg, las relaciones amorosas maduras se caracterizan por la integración de los aspectos amorosos y agresivos dentro de la relación y esto significa que pese a las dificultades no se "borran" de la mente los buenos momentos, los afectos positivos, etc.
Entonces la pelea ya no es "tu nunca me has querido" sino que cambia en el hecho de poder especificar cuándo no se siente considerado (a) o querido (a).
Esto es, discriminar los tiempos, las personas, las situaciones, etc.
Se espera que el amor más maduro sea capaz de tolerar más las frustraciones producto de la relación, que sea más paciente, que logre integrar que uno puede estar muy enojado y fantasear con destruir al pero y sin embargo, que bajo el predominio de los afectos de amor, aún se logre reconstruir la relación.
Desde otra perspectiva implica tolerar la culpa por dañar a quien amamos y estar dispuestos a reparar.
De esta manera se consolidan los vínculos fortaleciéndolos para enfrentar los conflictos.
Sin embargo, por diferentes razones no todas las parejas logran madurar, o crecer juntos, por lo tanto, la convivencia se alivia a través de la separación.
Este tema se tratará en el siguiente artículo.